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El informe
La despedida y el destape pendiente

Leonardo Curzio

El jefe de gobierno de la capital tuvo formalmente dos informes. Uno a los ciudadanos, en el cual presentó sus logros en 13 materias. Otro fue el mensaje político pronunciado ante la Asamblea. No fue muy pródigo en entonar autocrítica en ninguno de los dos. Usó en ambos la idea de que su gobierno es un parte-aguas en la historia de la ciudad, lo cual posiblemente tenga un componente verdadero si nos atenemos al título de legitimidad para gobernar. Después de todo el de Cárdenas ha sido, en efecto, el primer gobierno democrático de la postrevolución en la capital. Desde una óptica administrativa sería arduo suponer que se trata de un verdadero parteaguas.

El principal logro de la administración Cárdenas es haber detenido la percepción de caída libre que tenía la ciudad bajo la administración anterior, pero de allí a pretender que es un corte histórico hay o toneladas de retórica o quintales de buena voluntad. Se trata de una administración errática en sus grandes líneas, especialmente en lo que respecta a la seguridad pública. Nadie faltaría a la verdad si la señala como una administración anticlimática en lo que toca al supuesto combate a la corrupción. El gobierno "justiciero" no pudo probar ninguna de sus acusaciones en contra de los supuestos aviadores del espinosismo; y las acusaciones en contra de empresas, como las que manufacturaban las licencias se volvieron un mortífero bumerang en contra de los acusadores. No se desterró la corrupción en las delegaciones y en los servicios al ciudadano: todo lo relacionado con trámites vehiculares, por ejemplo, debe aceitarse todavía con la tradicional mordida. Tampoco fue un gobierno inmaculado en el otorgamiento de licencias de construcción y uso del suelo; en la Delegación Alvaro Obregón, por citar un caso, los vecinos están muy molestos por las múltiples irregularidades que tuvieron lugar en esa demarcación. En definitiva, no temo errar si digo que este gobierno no pasará a la historia por su administración.

Pero detrás del Informe formal, me pareció ver tres asuntos de mayor importancia que un mensaje político dominado por la palabra responsabilidad, que según Reforma (18/IX/99) utilizó en 71 ocasiones. ¿Cuáles fueron estos asuntos?

El primero y más llamativo, pero injustamente valorado por las crónicas y análisis que glosaron el Informe, fue el formato adoptado. Es digno de crédito que el primer gobierno democrático de la ciudad haya elegido una modalidad en la cual el Ejecutivo escucha a las fracciones opositoras. Me parece que el formato puede ser un precedente útil de lo que serán los informes del Ejecutivo federal en los próximos años.

El segundo es la despedida. Si el Informe para el ciudadano, distribuido gratuitamente por algunos periódicos, parecía un informe parcial de dos tercios de la administración. En la carta de presentación el tono del informe era claro pues se insistía en que "todavía queda mucho por hacer, pero seguimos trabajando" y se despedía repitiendo el gerundio: "Un gobierno que está trabajando". Haciendo un contraste chillón, el mensaje político pronunciado en la Asamblea fue un auténtico "nos vemos". De haber congruencia entre la redacción del texto dirigido al ciudadano y el mensaje presentado a los diputados, el redactor debió usar el antepresente para el verbo trabajar "un gobierno que ha trabajado" y el gerundio para el verbo despedir, esto es, "un gobierno que se está despidiendo". Pero no fue así. Se redactó el Informe como si todo fuera a seguir igual, cuando el ingeniero estaba abandonando el barco más de un año antes de que concluya su encargo.

El mensaje en la Asamblea, pues, fue en realidad una despedida, esperada y tal vez necesaria. Esperada desde el día que fue electo como jefe de gobierno. Necesaria porque ya resultaba indigesto ver que el responsable de la ciudad dedicara su tiempo libre y muchos postes de la ciudad a promover su imagen como abanderado del PT a la Presidencia.

Con todo, el problema más grave está por venir y consiste en despejar la incógnita de quién va a gobernar esta ciudad por 13 largos meses. La actitud ambivalente del jefe de gobierno sobre la conveniencia de renunciar o pedir licencia provoca incertidumbre e inestabilidad. La inestabilidad es interna. Al deshojar la margarita de la licencia o la renuncia, el ingeniero mantiene en un puño a la secretaria de Gobierno, en quien recaería la responsabilidad en caso de pedir licencia. Con la carta de renuncia abre la posibilidad de que otro de los funcionarios del gabinete ascienda. Extraño juego de alguien que no parece haber leído La herencIa, pues el primer consejo en materia sucesoria en regímenes digitales (¿será Cárdenas quien mantenga la figura del tapado?) es evitar el choque entre los aspirantes para evitar fracturas al momento del destape y en el desarrollo posterior. La incertidumbre la tenemos todos los que vivimos en la ciudad, mientras adivinamos quién es el tapado.

De lo que ya no informará Cárdenas es de cómo nos va a ir con el destapado (a). Nuestra suerte la echará Cuauhtémoc y aunque no sea muy popular decirlo, los capitalinos lo eligieron a él para gobernar la ciudad, no a Rosario Robles ni a Porfirio Barbosa ni a César Buenrostro, etcétera, y la legitimidad democrática no tiene la propiedad transitiva. Nos urge, pues, revisar y flexibilizar nuestro calendario electoral, pues con tantas renuncias, licencias, precampañas y campañas seremos gobernados por un nuevo régimen que se podría llamar la democracia interina, pero eso será tema de otro artículo.

Leonardo Curzio es investigador en el Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades de la UNAM.

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