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guía de perplejos

El retorno de las brujas
Miles, las confunden con sabiduría

José Luis Durán King

A través de las centurias, con el nacimiento de la ciencia, la imagen de la bruja declinó ostensible y gradualmente. A principios del siglo xx la hechicera atemorizante quedó reducida a una figura grotesca de Halloween o, lo que es peor, a sinónimo de suripanta. Pese a todo, en lo que es un fenómeno sorprendente, la bruja y sus antiguas artes han experimentado un dramático renacimiento en este fin de siglo.

Se estima que alrededor de 200 mil hombres y mujeres de Estados Unidos y Europa actualmente practican y estudian de algún modo la brujería. La pregunta salta de inmediato: ¿por qué, en países con una amplia y oscura tradición de acosamiento a la brujería, los individuos deciden transitar por un camino alguna vez considerado ominoso? Según Marie Guerrero, suprema sacerdotisa del Templo de los Nueve Velos, con sede en Los Angeles, la brujería se ha ido desprendiendo de "interpretaciones erróneas; por ejemplo, los rostros verdes y los sombreros de pico; la voladora nocturna; el concubinato con el diablo. Existen demasiadas connotaciones negativas y mitos sobre las brujas, aunque yo les aseguró que no son ciertas".

Pero, seguramente, los lectores quedaron en las mismas. Así que la pregunta continúa: ¿qué estimuló el renacimiento moderno de la brujería? Los investigadores han localizado ese renacimiento en la obra sorprendente de una joven arqueóloga británica llamada Margaret Murray. En su libro no exento de controversia, The Witch Cult in Western Europe (1921), Murray presentó una teoría novedosa: en la historia de Europa la brujería no fue simplemente un culto oscuro sino una fuerza religiosa dominante. Argumentó que las brujas perseguidas durante los siglos xv, xvi y xvii practicaban una religión pagana de amplia aceptación en el viejo continente.

La visión romántica de Murray, de un culto poderoso de brujas, pronto fue desechada por la mayoría de los historiadores. No obstante, el libro de la arqueóloga reactivó la fascinación por la brujería. Para mediados del presente siglo la brujería moderna se convirtió en un sendero espiritual para miles de creyentes, quienes denominaron a su nueva religión "Wicca", término derivado de una antigua palabra anglosajona que significa "arte de la sabiduría". Inspiradas por sus orígenes remotos, las brujas modernas basan sus conocimientos en los elementos rituales más simples -velas, hierbas, incienso y cristales-, los cuales, según los creyentes, están imbuidos de propiedades mágicas. La forma como funcionan dichos poderes se reduce a controlar las fuerzas de la naturaleza.

De todos los rituales de la brujería contemporánea, el Sabbath es quizá el más importante. Hay que apuntar que el moderno Sabbath no tiene ninguna relación con el ritual llevado a cabo en la época en que la quema de brujas alumbró los horizontes culturales tanto de Europa como de Estados Unidos. Es decir, los pactos con el diablo han quedado en el olvido. Las raíces del Sabbath contemporáneo se adhieren a tradiciones mucho más antiguas y de índole animista: los rituales paganos que marcaban el cambio de estaciones.

El Sabbath actual se realiza a mediados de verano, en la noche más corta del año. Brujas y brujos se reúnen en las colinas y juntos celebran la estación. Para las brujas de este fin de siglo, igual que para las que esculpieron la leyenda, lo divino no está separado del mundo. Todo lo contrario, el mundo es el plano de lo sacro. No hay ningún lugar a dónde ir, simplemente el cambio es continuo y eterno, siempre de manera circular.

Por supuesto, a estas alturas el lector se habrá percatado que la brujería de nuestro tiempo no se ha mantenido al margen de la moda light. Atrás quedaron las épocas en que un simple testimonio oral, proviniera de donde proviniera, incluso de un cocinero preso en algún reclusorio, era más que suficiente para convertir en aceite a la hechicera más recalcitrante. Hoy, las amantes de la noche utilizan sus poderes para redactar libros de recetas afrodisiacas, horóscopos, cursos de aromaterapia, fabricación de velas multicolores y de vez en cuando para hacer unas cuantas limpias. ¿Por qué? Simplemente porque las brujas modernas se adhieren a su código ético, de "Haz lo que tienes que hacer, pero sin lastimar a nadie", tal y como lo señala Janet Farrar, autora del libro The Witches´ Way: "Cuando te conviertes en una bruja, lo primero que tienes que aprender es acerca del poder natural del universo, que está alrededor de todos nosotros y que utilizamos todo el tiempo. Puedes quemarte los dedos con él. Por eso lo debes utilizar sabiamente, en un sentido siempre positivo".

Carole Fontaine, profesora de Viejo Testamento en la Andover Newton Theological School, es un poco más explícita en el tema: "Creo que la gente de hoy, por lo menos la de este siglo, no cree en la brujería, puesto que vive en un mundo mecanizado. La materia está muerta para nosotros. Es algo que debe ser explotado. No está imbuida con poderes mágicos. Considero, sin embargo, que debemos empezar por remover el viejo universo newtoniano, que debemos movernos a través de un universo de posibilidades infinitas planteado por Einstein, dentro de un mundo postmoderno, donde comprendamos poderosamente el efecto de los eventos al azar y el efecto de la observación".

Lo cierto es que el siglo que agoniza se ha distinguido por la convivencia -no siempre libre de querellas- de viejas y nuevas creencias, así como de renacimientos, en el que la bruja ha regresado una vez más a reclamar su antigua herencia, la misma que, por generaciones, ha sido etiquetada como maligna, pero quea partir de las investigaciones de Margaret Murray han tomado un renovado sesgo, inclinándose a rescatar, aunque sea parcialmente, un legado de sabiduría tradicional y natural. Y algo han obtenido las brujas en esta época de escepticismo e indiferencia: que la Wicca, el sendero espiritual de las voladoras nocturnas, actualmente tenga la categoría de religión y que, al igual que otras religiones, descanse en sus propios dogmas, que en este caso son la fe en los poderes divinos y el respeto profundo en las fuerzas de la naturaleza.

José Luis Durán King es autor del libro de cuentos Tabula Rasa.

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