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el revés de la trama Obsesión por la silla
Edgardo Bermejo Mora
Habrá que ser muy pacientes para soportar el proceso de sucesión presidencial más largo en la historia contemporánea del país. Si contabilizamos desde el inicio de 1999 hasta el próximo compromiso electoral de julio del 2000, habrán pasado 18 largos meses en los que, todos los días, a toda hora, venimos oyendo santo y seña de precandidaturas, candidaturas, alianzas, partidos, campañas, tapados y destapados en un aquelarre incesante para el que las televisoras no han puesto límites. Es ya casi un elemento más del paisaje cotidiano prender el aparato y recibir el reporte de las actividades de los precandidatos y sus partidos, en un río desbordado de frases, spots, promesas, ataques o defensas que, según creo, a la larga terminará por engrosar las filas de la abstencion y la indolencia ciudadanas. El humor político puede ser una forma de atemperar y hacer más amable este alud informativo, pero mucho me temo que no hay por ahora espacios lo suficientemente ingeniosos y cuidados como para oxigenar la atmósfera sobrepolitizada en la que nos estamos asfixiando. 1. Televisión Azteca fue pionera reciente en la apertura de espacios fijos para el humor político. La novedad de los llamados "peluches" reeditó para México una experiencia exitosa en Francia y en Inglaterra, pero la iniciativa mostró al poco tiempo las limitaciones de sus guionistas que renunciaron a la posibilidad de hacer humor paródico en el más amplio sentido del género, es decir, apostando por la agudeza herética y la ironía cáustica sin concesiones ni consignas preestablecidas. Los "Peluches" de TV Azteca, bajo la escuela anquilosada de Marco Antonio Flota -el gran veterano del "humor" televisivo- se limitaron a la cárcel de los estereotipos, donde los personajes elegidos son presa del escarnio gratuito e insulso, que por lo mismo no incide en la lectura aguda y desenfadada de los fenómenos públicos. El humor de Marco Antonio Flota y sus secuaces revela con frecuencia sus compromisos institucionales y sus simpatías y fobias políticas. Establece con toda claridad sus límites en las fronteras del poder presidencial y suelen utilizarlo para emprender campañas de descalificación personal que nada tienen que ver con el humor, y sí con los pactos políticos tras bambalinas. La forma, por ejemplo, como abordan el asunto de Chiapas es plana, sin contrastes ni matices, y de una hostilidad rabiosa hacia los zapatistas o hacia el obispo Samuel Ruiz. No parece un trabajo hecho por humoristas, sino por asesores torvos de alguna oficina de contrainsurgencia. Con frecuencia vemos a sus personajes hablando no de asuntos que le competen a la persona presuntamente caricaturizada, sino sobre toda clase de temas que incluye albures y chistes compadriles muy alejados de su función original. No llevan la realidad pública al plano grotesco del humor satírico, tan sólo la toman como un pretexto para contar chistes malos y juegos de palabras las más de las veces fallidos y sin brillo. En todo caso se montan en la política para justificar sus gracejadas, pero están muy lejos de lograr un discurso humorístico eficaz. 2. La falta de ingenio para construir un lenguaje de humor político propio para la televisión, llevó a los directivos de TV Azteca a contratar el cartón dominical que Francisco Calderón publica en el periódico Reforma. El talento de Calderón es innegable. Entre otras virtudes, tiene la gracia de atreverse a hacer humor de "derecha", siendo éste un viejo monopolio de la izquierda antigobiernista y antisistémica hasta la ceguera. El suyo es un humor herético y delicioso por políticamente incorrecto. Sin embargo, se limita a exportar su cartón a la pantalla chica, y este solo hecho le resta efectividad a un mensaje como el suyo que se basa en la reflexión y no sólo en el chispazo efectista de un chiste fugaz. El hecho de que narre el cartón con su propia voz le resta también fuerza a su propuesta, pues ciertamente Calderón es un buen cartonista pero no es un histrión profesional. 3. El humor político de burlesque, al estilo de los guiones de Marco Antonio Flota, halla su consagración más siniestra en un nuevo programa de TV Azteca cuyo título ya nos advierte de la renuncia de sus creadores al ingenio y la creatividad: La polaca, vieja y manida forma de referirse a esta actividad pública en su sentido más degradante y mendaz. Su principal conductor ya había demostrado falta de talento como reportero del ridículo para el noticiero nocturno de Canal 7, sin embargo fue premiado con un programa propio. Nuevamante vemos la misma deformación que en los "Peluches" pero esta vez elevada al cubo: usan la política, la toman como pretexto, pero no la subvierten con ironía y agudeza, no la reinterpretan o le otorgan un nuevo estatuto de comicidad, simplemente se aprovechan de los políticos y los tiempos preelectorales para hacer escarnio y burla que de tan grotesca resulta escatológica y vulgar. Son el equivalente en su capacidad para hacer humor cutre de alcantarilla al desaparecido programa del "Burro" Van Rankin y Esteban Arce, El Calabozo. Viven, además, completamente esclavizados al tótem del poder en México: la sucesión presidencial. Su humor no puede ver más allá de esta obviedad del calendario político. Giran y dan vueltas hasta la náusea alrededor del mismo tema: los precandidatos, los tapados, sus partidos, los diputados y todo aquello que resulte "gracioso" de la sucesión presidencial. Ellos mismos son, acaso sin darse cuenta, víctimas de la opacidad centralizadora de nuestro viejo sistema presidencialista. Más allá de burlarse de los precandidatos, no son capaces de tejer el menor discurso cáustico. Se fusilan personajes y gags con singular generosidad. Hay plagios obvios como el del cocinero sucio que tomaron prestado de El mundo de Beackman, un programa de la barra infantil de Canal 11; pero se plagiaron también al doctor Chunga de Andrés Bustamante; o al tipo de humor de Eugenio Derbez que juega con las definiciones del diccionario. De su propuesta, sólo se salva por su versatilidad, por lo demás no explotada a plenitud, Rocío Boliver, la única del grupo que tiene formación actoral y experiencia en el género fársico. En la próxima entrega nos ocuparemos de los programas de Televisa. Edgardo Bermejo Mora es escritor y periodista. Correo: edbeme@prodigy.net.mx |
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