etcétera el país el mundo dinero columnas
águila y sol gente medios ciberia
ensayos mañana tianguis libros
cultura espectáculos etcétera
el país

la granja
Deliberar
Apantallar
Huelga en la red
Asesinadas

Raúl Trejo Delarbre

memoria
La prueba de Adal Ramones
Pablo Hiriart

 

 

 

 

 

textos

Para entender las encuestas

Ricardo de la Peña

Sobre el debate entre los aspirantes a la candidatura presidencial del PRI se difundieron diversas encuestas de opinión que no resultaron coincidentes en sus resultados, lo que provocó comentarios que descalificaban la herramienta misma o apuntaban las incongruencias entre las mediciones. ¿Qué tan confiables son esas encuestas?

En los casos de Reforma, El Universal y El Economista, el patrocinador y responsable de los sondeos fue el propio medio, aunque en otros casos, como MVS Noticias y La Crónica, la encuesta fue encargada a empresas especializadas (Bimsa e Investigaciones Demoscópicas de México, S.C., respectivamente). No es tan claro quién patrocinó las encuestas difundidas por el Centro de Estudios de Opinión de la Universidad de Guadalajara y por Indermec-Louis Harris.

La mayoría de las encuestas reportan los resultados obtenidos en dos preguntas claves: ¿quién ganó el debate? y ¿por quién votaría usted? Aun y cuando en varias ocasiones se incluyeran otras preguntas, lo relevante para fines periodísticos era la disposición de un dato único que diera cuenta del balance de los ciudadanos, por lo que se destacaba la distribución de opiniones en torno a quién ganó el debate, a pesar de que ello no da cuenta cabal de la riqueza perceptual que pudo tener la audiencia.

El reporte de preferencias por uno u otro precandidato refirió al total de entrevistados, se hubieran o no expuesto al debate y fueran o no probables votantes en la elección del PRI. Este último punto, quiénes serán los votantes el 7 de noviembre, es un problema que afecta la interpretación de los resultados de las encuestas sobre el proceso de elección en general, no solamente en ocasión del debate.

Se dispone así, como resultado de encuestas, de distribuciones de preferencias para el universo total de ciudadanos, a pesar de que es demostrable que no es igual la probabilidad de que vayan a votar quienes son priistas que quienes no lo son, quienes están enterados de la elección que quienes no lo están, quienes tienen una preferencia definida que quienes no la tienen. Esto limita el potencial predictivo de las estimaciones respecto de los resultados que se den en la elección.

La mayoría de las encuestas fueron telefónicas, por lo que sus resultados sólo pueden ser representativos para el segmento del electorado que cuenta con teléfono en casa, que es alrededor de la sexta parte del total de la ciudadanía. Se sabe que las encuestas telefónicas producen muestras sesgadas respecto de la población en
general, con proporciones elevadas de personas con un alto nivel socioeconómico y con distorsiones por género que obligan a ajustes. Además, se ha corroborado que quienes responden por teléfono tienden a ser más complacientes con el entrevistador. A ello se suma que, por lo acotado del tiempo para la recolección de datos,
estas encuestas representan sólo a la población con teléfono presente en su domicilio al momento del operativo.

Menos representativas respecto del conjunto del electorado son las encuestas realizadas a través de Internet, porque es un medio con acceso menos generalizado y arroja resultados sobre la opinión de una muestra autoseleccionada (primero, por quienes visitan en un momento dado el lugar en la red y luego por la decisión del visitante de participar o no en el sondeo). Y si Reforma es claro al presentar sus datos de la consulta en Internet como tales, El Economista presenta una mezcla de entrevistas telefónicas y por la red que simplemente no refleja otra cosa que la opinión de quienes respondieron y la ignorancia de
quienes se encargaron del operativo.

Reforma difundió, además de su encuesta telefónica y por la red mundial, el resultado de diversos ejercicios de medición, todos ellos limitados bien fuera
a poblaciones específicas (dirigencia del PRI, empresarios) o a grupos de invitados a un sitio dado, pudiendo haber sesgo entre este grupo y el conjunto de la ciudadanía residente en una ciudad, tanto por diferencias derivadas de la autoselección de los participantes, como por el hecho de que se exponen en condiciones sui géneris al debate. Por ende, estas mediciones resultan de interés, pero no son representativas de las opiniones de la ciudadanía en general.

Las encuestas, además, pueden presentar diferencias derivadas de su cobertura geográfica. Algunas refieren a la opinión de una muestra de ciudadanos con teléfono radicados en ciudades específicas (La Crónica reporta datos relativos a las tres mayores ciudades; o Indermec-Louis Harris, que conforme a reportes periodísticos, corresponde a un levantamiento en diez ciudades).

Viendo los resultados de las encuestas de La Crónica, Harris, Reforma y Bimsa, pudiera sugerirse que entre mayor fue el alcance de la muestra telefónica para incluir localidades pequeñas, menor fue el margen estimado de ventaja de Madrazo sobre Labastida respecto de la opinión sobre quién ganó el debate.

El caso de El Universal es confuso: no solamente rompe con el comportamiento mencionado, sino que su "vitrina metodológica" resulta contradictoria, toda vez que reporta haber realizado entrevistas en la calle, pero ¡empleando un sistema de muestreo aleatorio con base en prefijos y series! ¿Fue en la calle o telefónica o una mezcla? Quién sabe. Si fue una mezcla, quién sabe qué significan esos números; si fue telefónica, no se tienen elementos para explicar por qué difiere de otras mediciones; y si fue en la calle, sería representativa solamente de la población intersectada, que seguramente difiere del universo de los ciudadanos.

El tamaño de la muestra también impacta en el margen de error de los resultados: a menor número de casos, mayor error estadístico. Encuestas de 400 casos tendrán un margen en torno a cinco puntos, mientras que encuestas de más de mil casos tendrán un margen próximo a tres puntos, en cualquier caso referido a la población observada.

La oportunidad de la información propició que se recurriera a encuestas que recuperan la opinión inmediata del público. Lo reciente del impacto que pudo tener el debate provoca variaciones en las preferencias que son en parte temporales, aunque en otra parte son definitivas. Toda medición inmediata del
giro en preferencias provocado por un evento significativo tiende a sobredimensionar la magnitud efectiva del cambio definitivo que este evento provoca.

Así, para conocer el impacto real del debate en las preferencias ciudadanas para la elección del candidato del PRI a la Presidencia, habrá que esperar a disponer de encuestas nacionales en domicilio, que puedan cotejarse con mediciones anteriores al debate, realizadas con similares procedimientos y alcances.

Ricardo de la Peña es socio director de Investigaciones Demoscópicas de México, S.C.

principal | correo | publicidad | búsqueda | suscripciones | anteriores