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Organización en los ejidos
La burocracia, cosa de nunca acabar

Rubén Mújica Vélez

Una expresión común en los medios gubernamentales, universitarios y en general intelectuales urbanos, es el relativo a la organización como un aspecto central y en ocasiones casi panacea de todos los males en los ejidos. Esto cobra mayor importancia al aludir a las comunidades indígenas. Sin exageración alguna ha cobrado intermitentemente tal nivel que, a los ojos de un extraño, parecería revelar que comuneros y ejidatarios conforman núcleos humanos que vegetan semisalvajemente en el campo y que es indispensable la presencia y acción puntual del hombre occidentalizado, portador de "la civilización" para que se abra un futuro promisorio para esos grupos humanos.

Esto en la vida real es desmentido. En diversos ámbitos rurales puede palparse esta manifestación de miopía urbana pero que tiene, siempre, consecuencias nefastas para los campesinos e indígenas. Un caso ejemplar se reveló en el Istmo de Tehuantepec, Oaxaca.

-Mire usted, mi amigo -me expresaba Chuy Gómez en esa región-, en todo el Istmo prevalecía y prevalecen las costumbres, la cultura comunal. No es otra la causa histórica de fiestas, bodas, etcétera, en que se mantienen vivas las relaciones sociales de cooperación que se identifican con diversos términos: gozona, chivitú, manovuelta y que alcanzan su punto más alto en la guelaguetza que ahora se ha convertido en una fiesta anual comercializada al máximo. Estos pueblos de ahora eran comunidades; la penetración española y el ahogamiento de los pueblos forzaron la difusión del ejido. Los indígenas aceptaron el cambio formal, pero siguieron y han seguido viviendo como comuneros. Para distribuir el agua de la presa que se construyó, se impuso una organización que más pensó en términos del crédito y no en una auténtica y racional organización. Además se decidió sin consultar a las comunidades y a sus verdaderos líderes. Posteriormente, para fertilizar se organizó otro comité y en un momento también para el uso de las semillas. Es decir, puras formas encaramadas. Los comuneros lucharon para que dentro de esa maraña, la que realmente mandara fuera su organización ancestral. Así, haga de cuenta que llegaban con la noticia que había que formar un comité, ¡otro más! Y la Asamblea aceptaba. Cuando se iban los funcionarios y técnicos con sus actas firmadas y selladas, nos ponían de acuerdo...

-Pero Chuy. Estos comités permitieron canalizar apoyos, recursos...

-¡Y desorden! Súmale que en la comunidad teníamos que formar el Comité Pro-Electrificación; el Comité de la Escuela o escuelas; el de Agua Potable; el del Camino Carretero. Cosa de nunca acabar. ¡Para acabarla de amolar vinieron y promovieron una cooperativa para la captura de peces en la presa! Esta dividió más y estuvimos a punto de llegar a los cabronazos...

-¡Pero Chuy, la cooperativa lo exigía la legislación!

-¡Pero son leyes que no toman en cuenta a los que según dicen son sus beneficiarios! Las cooperativas, al seleccionar a una parte de los ejidatarios discriminan, dividen. Si hubieran permitido que con base en nuestros usos y costumbres nos hubiéramos puesto de acuerdo, todo habría funcionado. Pero...

-¡Y luego ustedes con tantos hogares donde la que trabaja es la mujer!

-Fíjate, mi licenciado, que has tocado un asunto que revela la ignorancia urbana de nuestra vida. Solamente difunden que el istmeño es un flojo...

-¿Y no es cierto?

-Naturalmente que no. ¡Quisiera ver a un capitalino trabajando bajo el sol del Istmo a las 12 de la mañana. Lo que ignoran es que el istmeño tiene que levantarse a la una o dos de la mañana para ir a su parcela y terminar a las nueve o diez! ¡Naturalmente que a mediodía está echado en la hamaca descansando! Hasta allá por las cinco de la tarde aparece en el pueblo. Esto permitió que las mujeres empezaran a aprovechar su tiempo comercializando todo y en toda la región. Hay quienes dicen que les ganaron a los gringos en llegar a la luna; las juchitecas los esperaron con totopos_ Pero volviendo a la organización, ésta debe partir de las comunidades y no de los escritorios. Debe convencer y negociar y no imponerse.

-¿Quiere decir que no necesitarían del gobierno para organizarse?

-Todo lo contrario. La comercialización, sobre todo, es difícil para nuestra gente. Está muy controlada por pocos en cada región y esto reduce los beneficios a las comunidades. Creo que se puede hacer mucho y con poco dinero, pero con honestidad, con limpieza burocrática.

-¿Existen ejemplos al respecto?

-¡Claro, pero han durado poco! En cierta ocasión se inició un programa sencillo de crédito a la palabra. Los primeros 70 millones se entregaron al grupo de mujeres del barrio más bronco de Juchitán. Fue un sistema sencillo; a los cuatro meses se recuperó el 95 del total que habían usado para producir pollos para su comercialización local. Fue un éxito, pero se basó en la honesta sencillez: se entregó el dinero a cada mujer, identificada por la totalidad de ellas. Pero imagínate que en la segunda ocasión vino otro empleado del gobierno del estado; trajo cheques de un banco que no tiene sucursal aquí sino hasta 70 kilómetros y para mujeres, muchas de ellas analfabetas que no cuentan con identificación. ¡Naturalmente, empezaron las broncas, la inconformidad y el enojo porque se hizo difícil lo que era fácil y ágil!

-¿Y en qué paró el asunto?

-En una desorganización, corrupción en favor de dos o tres personas que dieron dinero a los técnicos y que las recuperaciones fueron reduciéndose al grado que se tuvo que cancelar el programa. Es decir, parece que no aprendemos como país. ¡Hacemos algo bien o regular con la mano izquierda y lo echamos a perder con la derecha!

-¿Y ahora cómo van las cosas?

-Con pocos apoyos para los grupos y con esa mentada política económica que todo lo privatiza, ya quieren que las tierras comunales pasen a manos de unos cuantos. ¡Claro, el famoso proyecto de desarrollo del Istmo, desde Salina Cruz, Oaxaca, a Coatzacoalcos, Veracruz, ha despertado unas ambiciones más destructivas que Godzilla!.

Rubén Mújica Vélez fue delegado de la Procuraduría Agraria en varios estados de la República.

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