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memoria La prueba de Adal Ramones Pablo Hiriart
"Licenciado, suerte que usted no habla mal de otros en ausencia", le dijo Adal Ramones al precandidato presidencial del PARM, Porfirio Muñoz Ledo, mientras ambos se botaban de risa en el programa Otro rollo. Es que Muñoz Ledo se negó a criticar a Cárdenas abiertamente, porque "no acostumbro hablar mal de otros en su ausencia", sin embargo, le soltó una andanada de golpes sin mencionarlo, que hicieron evidente la demagogia de su argumento inicial. Así es como algunos personajes de la política se han exhibido en un programa humorístico que ven muchos jóvenes cuyo interés en la política es prácticamente nulo. A partir de que Roberto Madrazo, Humberto Roque y Manuel Bartlett asistieron al programa de Televisa, se ha desatado una fuerte ola de críticas en contra de este tipo de presentaciones. Políticos y periodistas han coincidido en reprobar que algunos precandidatos accedan a esos programas, y no han dudado en tildarlos de "patiños". Incluso el aspirante presidencial perredista, Cuauhtémoc Cárdenas, rechazó la invitación de Ramones con un seco comentario: "Yo sólo voy a programas serios". Muñoz Ledo contestó a Cárdenas con una frase durísima, aunque no necesariamente cierta. "El que empieza por despreciar a los humoristas, termina por meterlos a la cárcel", dijo luego de reiterar que él sí permitiría la sátira cómica en su contra cuando llegue a la Presidencia. Llama la atención lo iracundo de la crítica que sale del pecho de quienes no están de acuerdo con ese tipo de entrevistas. "Los políticos no se pueden prestar al papel de patiños", se ha escrito en estos días. Eso es cierto. Ningún político debe prestarse a ello. Pero, ¿ir a un programa humorístico es prestarse a ser bufón? Creemos que no. Todo depende de la capacidad para dominar una circunstancia. O se impone con estilo, o lo embarcan en el papel de bufón. Manuel Bartlett dio un buen ejemplo de cómo un aspirante presidencial puede dominar una situación e imponer el talante de la conversión con un humorista. Ramones puso el terreno para que Bartlett eligiera: o se entusiasmaba con el señuelo de presentarse como lo que no es, o asumía su condición de hombre mayor, reposado y con experiencia en cuestiones de la vida. Hizo lo segundo, y creemos que salió ganando. ¿Es bueno o malo que conozcamos el talante de una persona que aspira a la Presidencia; saber si un hombre público se deja o no llevar por un entorno atractivo y apantallante, como es un programa de mucho colorido y visto por millones de jóvenes? La primera impresión es que la prueba vale la pena. Otra cosa fue la entrevista de Eugenio Derbez a Vicente Fox. En realidad no fue entrevista: fue un sketch. El diálogo estaba memorizado, y todo se había preparado para hacer un número cómico. Ahí sí, el político rebajó su papel. Una cosa es ir a un programa humorístico y expresar lo que se quiere decir a ese público, y otra asumir y desempeñar el papel de actor para hacer reír. Eso también sirve para conocer la parte negativa de quienes aspiran a gobernarnos. Esta vez un candidato aceptó seguir el script de un cómico que le garantizaba llegar a millones de personas. ¿Como Presidente, que otro script estarían dispuestos a seguir, con tal de ser bien vistos?. Pablo Hiriart es director general del periódico Crónica. |
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