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El dinosaurio tintero
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Códices viajeros Patricia Arce*
Andanzas y vicisitudes de los códices mexicanos es el tema de la obra breve que presenta María Sten, en Los códices de México -la primera edición de este libro es de 1972-, en donde da cuenta de la ominosa historia de éstos casi tres siglos peregrinando por los sitios más remotos e impensadas circunstancias que van desde equipajes clandestinos, piratería, el acervo cultural de la controvertida familia Borgia, pasando por los estragos de las dos grandes guerras, el exterminio nazi, un cesto de basura en la Biblioteca Nacional de París, y una serie de escenarios remotos en América, Europa y hasta en Hungría. Asimismo cuenta a grandes rasgos las curiosidades y rarezas, historias extraordinarias de cada uno de los personajes, algunos intrascendentes, otros simples curiosos, o "sabios", frailes, estudiosos, antropólogos, coleccionistas y amantes de las culturas precolombinas, casi todos ellos extranjeros, que han insidido en la historia de estos valiosísimos "libros pintados a mano". Muchos de ellos perdidos, otros incendiados por los frailes españoles misioneros de la tortura y el fanatismo por erradicar las creencias idólatras. Y los menos rescatados y puestos a la luz a finales del siglo pasado. De las investigaciones acuciosas de María Sten, recogiendo testimonios y estudios de los códices, sobresale la identificación de símbolos constantes en las páginas de corteza de árbol, su sistema numeral, sus calendarios lunares y su recuento de los años y los tiempos. Así como de la diferencia de los códices mayas, con los aztecas y los mixtecos. En esta descripción ágil de la ruta crítica de nuestros códices destacan las aventuras del Códice Mendozino, manuscrito enviado por el primer virrey de la Nueva España como regalo al rey Carlos V, que nunca llegó a sus manos, pues el galeón donde viajaba fue capturado por franceses, o la del códice Badiano (con las más tempranas ilustraciones de la ciencia médica, el poder de las piedras y los animales); el Dresde (que estuvo a punto de desaparecer en las dos guerras mundiales, suerte que no compartieron sus poseedores), el Becker I, el Nuttall, el Vindobonensis (que perteneció a Carlos V), el Telleriano, el Humboldt, el Boturini, el Laud, el Tro Cortesiano (el más extenso de los códices mayas con 112 páginas). Destaca en todo momento el valor artístico, documental y cultural de los códices mexicanos; muestra la riqueza ceremonial, mágica y ritual de los antiguos mexicanos, su apego a los fenómenos celestiales, a las deidades múltiples que dictan las normas éticas y filosóficas que rigen a la sociedad. Da cuenta de las principales características de estos compendios ancestrales que relatan cómo era la vida en nuestro suelo antes de la colonización. Volúmenes de papel ámatl llenos de colorido mítico, escritos con signos ideográficos, pictográficos y algunos signos fonéticos, párvulos, inacabados cuya evolución es claramente interrumpida por la Conquista. Libros que han dado luz a la reconstrucción de ese importante fragmento de historia rota, que muestran una concepción diferente del mundo y la cosmogonía: testimonio colectivo y selecto, escritos a mano por los tlacuilos mayas, aztecas, mixtecas, etcétera, en los albores del siglo XVI, y algunos de los cuales continúan siendo un enigma, una promesa enmascarada a quienes por siglos han intentado descifrar los enmarañados símbolos y extraños dibujos. Pero más allá de su singular significancia, María Sten rescata su valor artístico y cultural y las veleidades del recorrido a su destino final, importantes bibliotecas y museos de Europa. María Sten, Los códices de México. Historias extraordinarias, México, Joaquín Mortiz, 1999, 133 pp. *Es licenciada en Periodismo por la Escuela Carlos Septién García. |
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