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real politik Misago y genocidio en Ruanda María Cristina Rosas
La semana pasada inició en Ruanda el juicio contra el obispo Augustin Misago, como parte del proceso para sancionar el papel que la Iglesia católica desempeñó en el genocidio de 800 mil tutsis a partir de 1994. Todo apunta a que varios sacerdotes, al igual que Misago, colaboraron con los hutus en la masacre. El obispo Misago está acusado de entregar docenas de niños a los escuadrones de la muerte y delatar a miles de tutsis que buscaban refugio para salvar sus vidas en las iglesias. El obispo, quien niega los cargos, dice ser víctima de la persecución del gobierno actual, dominado por los tutsis, y que pretende ajustar cuentas con los hutus. A finales de agosto, Misago apareció en los tribunales de Kigali, solicitando más tiempo para preparar su defensa. El obispo fue llevado a juicio luego de la campaña desarrollada por sobrevivientes del genocidio, quienes lo acusan de colaborar con las milicias Interehamwe Hutu que ejecutaron la masacre. A los sobrevivientes les enoja que el obispo no dé indicios de sentir remordimiento por sus acciones. En un programa de televisión Misago afirmó que no pudo proteger a los tutsis porque no había espacio en la iglesia. "Una muchedumbre de cinco mil personas no puede ser alojada ahí", replicó. Cuando Misago fue arrestado en abril de este año, el Vaticano salió en su defensa y calificó las acusaciones de "conspiratorias" contra la Iglesia. Los críticos consideraron la postura del Vaticano como una evidencia adicional de la determinación de la Iglesia católica de negar responsabilidad en el contexto de los asesinatos y ejecuciones sumarias en que incurrieron sacerdotes y monjas en 1994. La organización defensora de los derechos humanos African Rights acusa a la jerarquía católica de "rendirse ante la maldad", que en vez de guardar silencio, debería responder por la complicidad de algunos de sus miembros en el genocidio. El arzobispo católico de Kigali, Vincent Nsengiyumva, fue miembro del gabinete a cargo del comité de asuntos sociales del partido gobernante por 14 años, hasta que el Vaticano puso fin a su gestión justo antes de que un sistema más plural fuera introducido. Nsengiyumva era amigo de Juvenal Habyarimana, ex presidente de Ruanda de 1973 hasta su muerte, a principios de 1994, y también era el confesor personal de la esposa del mandatario, una mujer conocida por su posición extrema entre los hutus. Una vez que el genocidio comenzó, Nsengiyumva intentó justificarlo al afirmar que los rebeldes tutsis habían provocado el baño de sangre. El silencio de la Iglesia fue interpretado por los ruandeses como una bendición a la masacre. Nsengiyumva fue asesinado junto con otros dos obispos y 13 sacerdotes por rebeldes tutsis. El arzobispo anglicano Augustin Mshamihigo no gozaba de mejor reputación. Amigo también del presidente Habyarimana, culpa a los rebeldes de la mayor parte de la matanza. Este arzobispo se encuentra actualmente en el exilio y en Ruanda se ha girado una orden de aprehensión en su contra. Por ahora, el nuevo arzobispo anglicano se disculpó públicamente a nombre de la Iglesia anglicana en Ruanda por su silencio durante el genocidio. El papa Juan Pablo II ha flexibilizado su postura al considerar que si bien algunos sacerdotes pueden ser responsables de los cargos que se les imputan, la Iglesia no es culpable de esos crímenes. Aun así, la Iglesia católica tiene un infame registro en Ruanda. Durante el periodo colonial se alió con el colonialismo belga y la élite que en ese tiempo era la minoría tutsi. Pero poco después de la independencia, la Iglesia católica estableció alianza con la mayoría hutu. Obispos subsecuentes se aliaron al opresivo gobierno hutu. Incluso, organizaciones misioneras como los White Fathers lo apoyaron. Así, Misago figura entre más de 20 clérigos y monjas que esperan juicio por cargos de genocidio. Dos sacerdotes han sido sentenciados a muerte por organizar el asesinato de cerca de 60 personas y la masacre de cerca de dos mil tutsis que buscaron refugio en una iglesia localizada en Kibuye. María Cristina Rosas es profesora-investigadora en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Correo: mcrosas@df1.telmex.net.mx |
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