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Malas memorias Marina Robles
En el proceso de elegir qué será interesante para los lectores de este semanario, cada que escribo una de estas notas me pregunto si no es mi edad lo que sesga irremediablemente la selección. El asunto del tiempo y el envejecimiento se me vuelve un tema de gran interés y más cuando lo que se lee se siente cada vez más cercano. El psicólogo H. Lee Swanson, de la Universidad de California en Riverside, realizó una investigación en un grupo de 778 personas de entre seis y 76 años con la idea de analizar los cambios en la capacidad de memoria de los humanos. Según sus estudios, existe una capacidad finita para almacenar información, que aumenta con la edad y cuya cúspide se encuentra entre los 45 y los 55 años, momento en el cual empieza un declinamiento paulatino. Entre sus experimentos realizó pruebas directas y sin apoyos para recordar números de teléfono, direcciones y otro tipo de información de uso cotidiano e inmediato y también ejercicios en los que se brindaban ciertas claves que ayudaban a recordar tales datos. La habilidad de los representantes de la muestra con mayor edad para apoyarse en estas claves y recordar la información les permitió identificar que no es la memoria lo que se pierde con la edad, sino la capacidad de almacenarla. Entre los datos que pueden ser alentadores se halla que no en todos los casos el declive se da a mediados de los 40, debido a diferencias individuales en el tamaño de la caja de almacenaje. El tema ha presentado gran controversia entre los investigadores del campo, pues muchas de las comparaciones han sido en torno al cerebro como una maquinaria con tuercas y tornillos, cuando, según otros, existen factores asociados al entorno social de los individuos que afectan sus capacidades intelectuales y físicas. Por otra parte, el doctor Timothy Salthouse, psicólogo del Instituto de Tecnología de Georgia, opina que las investigaciones sobre este tema son muy controvertidas y es difícil llegar a una generalización como la que hace Swanson con un solo estudio en un tema con muchos huecos; por ejemplo, la forma de resolver cómo medir capacidad para almacenar información. Según Salthouse, la muestra de Swanson era muy chica y las personas de mayor edad con las que experimentó eran de 57 años y sólo unas cuantas de 65. Esta circunstancia brinda un poco de optimismo a los que vemos cercana esa etapa, pues lo primero que surge es la imagen de un conjunto de amigos cuya agenda telefónica, los engomados pegados en las puertas, las etiquetas en libros y la secretaria asistente para todos los casos son indispensables para sobrevivir. No hablemos de aquellos cuyos recursos no dan para este tipo de asideros. Tal vez, como comenta el doctor Butler, otro investigador del tema, si la tan famosa pérdida de memoria es solamente un problema de almacenaje, el asunto es encontrar cómo deshacernos de información innecesaria y quizá valga la pena empezar a desarrollar técnicas de selección de la información que nos llega, ¿Qué desecharía usted?. Marina Robles es maestra en Ecología Marina por el CICESE y Fellows del Programa LEAD-México. Actualmente estudia el doctorado en Ciencias en la UNAM. |
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