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guía de perplejos Poesía al pie del patíbulo
José Luis Durán King
Aquellos que consideran a la poesía como una actividad tranquila e introspectiva quizá se sorprendieron de que en su 25 aniversario Index on Censorship, una revista fundada en 1972 por Stephen Spender, poeta inglés siempre opuesto al comunismo, diera a conocer públicamente algo que ya se sabía de manera soterrada: la persecución política de los escritores. La publicación mencionada ofreció cifras acerca de los bardos difamados, torturados, prisioneros, exiliados, censurados e incluso asesinados, todos ellos por practicar el por lo visto no tan gentil arte de la poesía. Los casos citados en Index on Censorship pertenecen principalmente al siglo XX, aunque quizá el poeta prohibido más famoso de todos los tiempos es Publio Ovidio Nason, quien fue exiliado en el siglo VIII antes de Cristo por órdenes de César Augusto a Tomi, una aburrida aldea pesquera en las costas del Mar Negro, donde el bardo murió nueve años después. ¿Qué hizo Ovidio para recibir castigo semejante? Los detalles de su delito actualmente no son muy precisos, pero el panorama general es bastante claro: mostró -como muchos poetas lo han hecho antes y después- una falta absoluta de reverencia por la autoridad. Escribió versos con una fuerte carga erótica en una época en que Augusto intentaba meter con calzador la moral en Roma. Por si fuera poco, Ovidio enfiló sus baterías contra el emperador al publicar el Arte de amar, exactamente en el momento en que la única hermana de César Augusto había sido embarcada a la isla de Pandataria para tranquilizar y a la vez castigar sus inclinaciones adúlteras. Para ser sinceros, del siglo VIII antes de Cristo a la fecha las cosas han variado muy poco. Hoy día, en casi todos los rincones del planeta los poetas comparten con la sociedad su celebración jocosa de la sexualidad humana. Sin embargo, los censores modernos siguen siendo tan intolerantes como los antiguos en lo que concierne al poder, especialmente cuando los poetas despliegan su talento para parodiar a los hombres o sistemas que gobiernan a las comunidades. En las democracias occidentales la censura oficial hacia la poesía es residual, e intenta sobre todo "proteger" a los niños de la obscenidad. El trato que Estados Unidos dio a Allen Ginsberg, el poeta beat que falleció a principios de 1997, es un claro ejemplo de ello. Una prohibición absoluta fue impuesta a la difusión de algunos de sus poemas en la radio pública nacional, al considerar que sus creaciones contenían un "lenguaje indecente"; la prohibición fue retirada en 1993. A partir de entonces sus poemas sólo pueden difundirse de las 20 a las seis horas. Aunque en descargo de las autoridades estadounidenses hay que apuntar que sus poemas, prohibidos o no, pueden adquirirse libremente en todas las librerías del país de la democracia. No obstante, en las naciones autoritarias y totalitarias los poetas han sufrido no sólo censura sino persecución. Bajo la dictadura del doctor Hastings Banda en Malawi, el largo brazo de la ley cayó sobre la humanidad de Jack Mapanje a finales de la década de los 80, por publicar una colección de poemas intitulada De camaleones y dioses. El autor fue sentenciado a tres años y medio de prisión, de donde salió en 1991. Aunque Mapanje -quien era profesor del Departamento de Inglés de la Universidad de Malawi al ser arrestado- nunca fue despedido formalmente de su puesto, se le comunicó que debía volver a hacer méritos en su trabajo. Finalmente, el poeta dejó Malawi y ahora vive en Inglaterra. Oficialmente, su libro de poesía nunca fue prohibido. Se le dijo que únicamente "había sido retirado de la circulación pública", lo que en buen español significa que, aunque no estaba prohibido, no estaba disponible oficialmente para su venta. Este juego perverso del gato y el ratón remite inmediatamente a las sombras ominosas descritas magistralmente por Franz Kafka. El desconcertado poeta/ciudadano no sabe nunca a ciencia cierta si es inocente o culpable, y el escritor está obligado primero a desentrañar el significado de la palabra "culpable" y, después, a buscar las causas de su culpabilidad. Ken Saro-Wiwa, un novelista, poeta y productor de televisión que destacó por su combatividad, fundador del Movimiento por la Supervivencia del Pueblo Ogoni, enfureció a la dictadura militar de Nigeria con líneas como las siguientes: Los cuerpos se han multiplicado/ Y cubren la tierra/ El xilófono del jefe muerto/ Ahí continúa, ha olvidado el pasado./ Los espíritus ancestrales caminan a casa/ Caminan llorando/ Las tierras huérfanas se lamentan. Ken Saro-Wiwa fue colgado en 1995 tras un juicio amañado, acusado de conspirar para un asesinato. Además de lo que ocurre en el así llamado Tercer Mundo, algunos de los peores excesos en la época actual han sido experimentados por poetas de Turquía (donde muchos bardos han parado en prisión) y por poetas que vivieron, y lucharon por escribir y publicar, en la Europa del Este durante la guerra fría. En los años 50 y 60, Miroslav Holub, un poeta checo, señaló que en aquellos opresivos años de la postguerra los poetas favorecidos por los propagandistas del comunismo fueron utilizados para celebrar exclusivamente las glorias del estalinismo. La verdadera poesía, a decir de Holub, murió envenenada a causa de la atmósfera política. José Luis Durán King es autor del libro de cuentos Tabula Rasa. |
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