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¿Tiene futuro la UNAM?
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¿Tiene futuro la UNAM? No. Despidámonos de ella Julián Andrade Jardí
Nunca volveremos a ver la universidad aquella, la de hace 148 días, y no lo haremos porque cualquiera de las salidas al conflicto será demasiado costosa. La del congreso nos remitirá a la universidad pueblo y la policiaca a la peor de nuestras memorias. ¿Desaparecerá la UNAM? Depende qué entendamos por ello; si creemos que las universidades son espacios donde, entre otras cosas, se adquiere conocimiento y que ello está sujeto a ciertas jerarquías, supongo que sí. La institución será entregada a los ultras, porque la autoridad universitaria no leyó las señales del país que tenía enfrente y el gobierno abdicó de su responsabilidad de gobernar, lo que tampoco se solucionará, insisto, si toman el campus por la fuerza y a destiempo. Hace unos días el Presidente pedía "ejemplos evidentes" de voluntad mayoritaria para volver a abrir las puertas de CU. Al parecer aún no hay tales, pero convendría preguntarnos si la ley puede estar sujeta a la votación y al capricho, incluso de las mayorías. También hay una confusión acaso irresoluble con el asunto de aplicar la ley. Para Cárdenas simplemente no es rentable intervenir en un conflicto donde sus funcionarios participaron de manera destacada; y en Los Pinos las cosas no pintan mejor, sobre todo porque existe una interpretación algo macabra del ejercicio del poder apegado a la legalidad. Hacer que impere el derecho no quiere decir que se tenga que reprimir y las cosas terminen a balazos; por el contrario, las reglas son para eso, para evitar que las partes en conflicto se maten. El uso policiaco no resuelve los conflictos y muy bien puede agravarlos, pero la ausencia de decisiones claras puede lograr lo que es la piedra de la corona del pensamiento reaccionario: destruir a la UNAM. Vi con desconfianza la celebración alrededor de la supuesta "flexibilidad" del CGH al pedir un congreso resolutivo y lo hice por una evidencia clara: es casi imposible que exista la posibilidad de un acuerdo siquiera para organizar un acto de tales magnitudes. ¿Habrá paridad entre estudiantes y profesores? Los investigadores, por ejemplo, ¿contarán igual que la "Medusa" y el "Mosh"? El rector, quien quiera que sea, ¿tendrá voto de calidad o será uno más, igual que los maoístas de Ciencias? Se me dirá que puede existir una organización similar a la del anterior congreso, pero esto es a todas luces falso, pues no hay ni la mínima voluntad académica entre los paristas. Y tampoco tendría que haberla. Pero ¿qué pasará? Habrá congreso, sin duda, como en Chiapas; las culpas de un partido con 70 años en el poder se impondrán, incluso ante la evidencia de lo que esto puede costarle al país. En ese entendido, tendremos que despedirnos de la UNAM como la conocimos y entrar en la vereda, tétrica, de las instituciones pueblo, aquellas que hicieron de la corrupción y el delirio un programa de estudios. Alguna vez Jesús Reyes Heroles, entonces secretario de Educación Pública, dejó de pagar la nómina de la UAG. Pidió, para reanudar el pago de salarios, que se le mostrara un plan de estudios; le mandaron un programa de trabajo en la sierra y un proyecto para instalar comedores. ¿Que se requerían cambios? Eso a todas luces es evidente, pero no quería decir que se empeñara el alma para lograrlo. Es cierto, también, que el gobierno universitario ya no funciona, que el Consejo Universitario no representa a toda la comunidad y las reformas que impulsa son, de modo sistemático, rechazadas. Lo que me preocupa es que el cambio no irá para hacer una institución más funcional, sino para calmar el ánimo de la ultra, para decirle al país que la violencia es el camino para lograr transformaciones o posponerlas. También puede ser, lo admito, que aún sea tiempo para sacar algo en limpio de este conflicto, para que la universidad vuelva a la normalidad y se procesen de manera ordenada todos los agravios existentes. Bien puede ser, pero francamente lo dudo y, mientras tanto: adiós UNAM, nos vemos en el reino de la sociedad civil. Julián Andrade Jardí es subdirector de Información del periódico Crónica. |
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