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Antulio Sánchez

 

 

 

 

 

el navegante

Austin Powers

Julieta García González

Según una encuesta realizada hace un par de semanas por The Entertainment Television, los adolescentes y jóvenes en Estados Unidos gastan la mayor parte de su dinero en ir al cine.

Quienes aseguraron -a principios de los 80- que el cine desaparecería por culpa del video, se equivocaron. Quienes le auguraron una muerte segura con el nacimiento de los laser discs, tampoco dieron en el clavo. Quienes creen que los cd, DVD y demás innovaciones tecnológicas acabarán con el placer de entrar a una sala a ver una película, están equivocados. El cine es una de las industrias más fuertes de EU y en países como España, Alemania, Francia y Canadá, es una actividad floreciente. Asimismo, es una industria en crisis que se rige por los más clásicos conceptos capitalistas y el dinero puede, a veces, más que el talento.

En nuestro país, hace cinco o seis años empezaron a proliferar las salas de cine "tipo estadio" y los fines de semana, en casi cualquier centro comercial, una multitud se abarrota a las entradas de los cines para ver las películas de moda (puede visitar alguna, por ejemplo: www.cinemex.com.mx). Repentinamente somos bombardeados con imágenes del brillante mundo del cine y tenemos casi a nuestro alcance a los actores y actrices, a los directores y guionistas y a los personajes de las cintas.

La red tampoco ha terminado con el cine; al contrario, ha contribuido para que esa euforia que se apodera de quienes consumen revistas, ven la tele o leen los periódicos en busca de cualquier cosa relacionada con el cine y sus estrellas, también se adueñe de los cibernautas. Rápidamente, los grandes estudios instalaron páginas en la web. Estas son un reflejo de lo que puede llegar a ser el cine: se comercializa hasta el más mínimo detalle. Se pueden comprar fotos, pósters, viajes, cualquier cosa que nos acerque a los astros de Hollywood. También se pueden ver escenas de películas, leer los guiones originales y disfrutar los servicios en línea que algunas páginas ofrecen. Los Estudios Universal, por ejemplo (www.universalstudios.com/), hasta ofrecen una bolsa de trabajo para quien quiera probar suerte junto a los grandes. Hay boletos, shows, cortos de las películas por estrenarse y entrevistas con los actores y directores más famosos.

Para no perder fans en las páginas generales (de estudios), las compañías productoras de cine suelen poner páginas oficiales de las películas que están por estrenar, que están en cartelera o que fueron un gran éxito meses -e incluso años- atrás. Ese es el caso de Austin Powers, el espía seductor (Austin Powers, international man of mistery). Se estrenó en nuestro país sin mucha pena ni gloria hace dos años. En EU la película, interpretada por Mike Myers, se convirtió en una cinta de culto. Así, Austin Powers: the spy who shagged me (algo así como el espía que me puso un buen revolcón, pero tradujeron como El espía seductor), llegó con bombo y platillo a todo el mundo. El éxito en EU logró convertirla en un producto de consumo y se creó la necesidad de adquirirlo. Las dos películas son muy divertidas. Tienen un humor extraño, agridulce y muy de los 90. Austin se ha convertido en un personaje de referencia, una mezcla exótica entre Peter Sellers, Chris Farley y Mauricio Garcés, que puede gustar tanto como repeler. Los estudios han colocado en la red la página oficial de Austin Powers (www.austinpowers.com) que no hay que dejar de visitar. Las páginas de cintas cada vez son más elaboradas, interactivas y divertidas. El tema de Austin Powers fue lo suficientemente bueno como para que hicieran una de las páginas más locas en cuanto a cine se refiere. Los personajes cambian de cara, bailan, hacen ruidos raros. Los navegantes pueden jugar con ellos, hacer que Mini Me sacuda el bote o el Dr. Evil haga lo propio con el suyo.

Internet ha ayudado a los estudios a tener más fans. El cine y la red se han retroalimentado. Es muy posible que el cine esté de moda durante muchos años más, y también que éste y la red se fusionen y nos ofrezcan un mundo de espectáculos todavía desconocido.

Julieta García González es becaria del Centro Mexicano de Escritores.

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