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bahías A golpes
Rafael Cordera Campos
A estas alturas está más que claro: el método que se utiliza para dirimir diferencias en el seno del llamado Consejo General de Huelga de la UNAM es el de los golpes. Mientras aquéllas no se dan o, por lo menos, no son definitivas en cuanto al levantamiento de la huelga, entonces son menores y se resuelven por la vía de las "mentadas", pero nunca por medio de la violencia física. Las notas que dan cuenta de sus reuniones en los medios escritos y las escenas que nos presenta la televisión no me dejan mentir. En los comunicados, en las entrevistas que imparten a los medios los diferentes personajes que dirigen la huelga, no hay un solo planteamiento consistente acerca de la universidad por la que dicen estar luchando. El no rotundo es lo más claro que saben pronunciar: no a los pagos; no a los planteamientos de los eméritos; no a las consideraciones de los ex rectores de la UNAM; no a lo que diga el Consejo Universitario. No a todo. El no en la política, en el contexto actual, es productivo. Puede convertir a personajes menores en auténticos héroes de la destrucción de las instituciones. Ese método negativo no es novedoso. Lo han puesto en práctica individuos y organizaciones de diferente signo a lo largo de las últimas décadas. Las prácticas de tomar o incendiar edificios de autoridades municipales o estatales, educativas, etcétera, son el antecedente de la arbitrariedad con la cual impusieron la huelga los dirigentes del actual movimiento universitario que, por cierto, en nada se puede comparar con el del 68, a menos que quien lo haga esté alucinando. Las declaraciones y anuncios de algunos dirigentes a través de la prensa, en el sentido de que ahora -ante la amenaza de que haya quienes quieren recuperar las instalaciones universitarias- estarán presentes apoyos externos como el Frente Popular Francisco Villa, el Movimiento Proletario Independiente y el Frente Zapatista de Liberación Nacional, entre otros, no hacen más que confirmar lo que ya dijeron muchos comentaristas. Dichas fuerzas de apoyo no hacen más que confirmar que ahí se construyó una "cabeza de playa", una prueba más de que en pleno corazón político del país, la voz del hombre de Chiapas puede ser escuchada y reconocida políticamente. Bastaría leer los comunicados del llamado subcomandante Marcos, para reconocer que no solamente se trata de hacer patente su solidaridad sino también de "sugerir" y contribuir en el diseño del futuro de la huelga. Al respecto, no tenemos el honor de ser originales para el amable lector. Sin embargo, lo que sí resulta lamentable es que los principales actores políticos del país no sean capaces o tengan muy poca disposición a manifestar sus puntos de vista, es decir, sus posiciones al respecto. No lo han hecho, por lo menos, en el terreno principal en donde actúan, se supone, de manera institucional: el Poder Legislativo. Podrán decir al respecto que lo hicieron y así fue, pero hace tres meses. También pueden decir que hasta propusieron un proyecto de nueva ley orgánica, y así sucedió, pero les resultará muy difícil demostrar que, más que pensar en la universidad del futuro, lo que querían hacer con eso no era otra cosa que regresar al pasado, a los años 70 en concreto y a experiencias que difícilmente alguien podría defender ahora. En la Universidad Nacional Autónoma de México también se ha puesto en cuestión el Estado de derecho. Tampoco el caso es original. Más aún, ahora sobran ejemplos para demostrar que hay intenciones claras que pretenden debilitar o francamente destruir instituciones básicas para la convivencia social y el desarrollo democrático. Tan sobran, que no vale la pena mencionarlos. Los partidos políticos dan la impresión de que solamente les interesa la problemática social y política del país en función de los votos que se pueden asegurar con su intervención, con la expresión de sus posiciones y definiciones. O, por el contrario, en relación directa y proporcional con la capacidad que tengan para reducir la fuerza o hasta aniquilar al contrario. Se vale todo, parecen decir. Y eso es lo que, desde este punto de vista, puede resultar peligroso no solamente para ellos. Porque no se trata exclusivamente de que la ley se viole en el caso de la UNAM, sino que con ello se demuestra que aquélla puede ser violada ahí y en donde haya la suficiente fuerza para hacerlo. Para decirlo brevemente, con esa permisividad lo que se logra poner en cuestión es la vigencia del Estado de derecho. En algunos lugares, y contra individuos e instituciones, se puede violar la ley o, igualmente dañino, se le puede "negociar". Por eso preocupa que los partidos políticos, por acción o por omisión, no digan ni hagan nada de lo que pueden hacer; en dónde están cuando se presentan situaciones como las que aquí comentadas. Y preocupa sobremanera precisamente por que son indispensables en la perspectiva política, además de que es su obligación servir a la sociedad. Partidos, gobiernos, sociedad y ciudadanos, deberían expresar opiniones e intereses en torno a lo que está pasando o, ¿lo que se quiere en verdad es que la universidad se las vea sola_ como ha sucedido hasta ahora?. Rafael Cordera Campos es profesor en la Facultad de Economía de la UNAM. |
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