etcétera el país el mundo dinero columnas
gente medios ciberia ensayos
libros cultura mañana tianguis
espectáculos etcétera
columnas

por los caminos de sancho
Medina
Renward García Medrano

nostalgia
Maldades en San Lázaro
Julián Andrade Jardí

el revés de la trama
El ritual
Edgardo Bermejo Mora

bahías
A golpes
Rafael Cordera Campos

textos
Cañeros
Rubén Mújica Vélez

guía de perplejos
Traumas bélicos
José Luis Durán King

 

 

 

 

 

freakziones

La Feria de las Ingenuidades
Por no ser güera

Patricia Peñaloza

Ahora sí. Después de esto, si me leían tres (dos menos que al recatadísimo reverendo José Luis Martínez), creo que nadie más se atreverá a posar sus cristalinos sobre estas freakziones. Y es que, como he de ser consecuente con la disfunción mental que, bondadosa, la naturaleza me obsequió, cometeré la doble torpeza de, encima de todo, contarles -en vez de callar prudente- lo que en días pasados concebí: un ataque de desesperación seguido por un desacato a la autoestima, de esos que en sano juicio cualquiera habría evitado_

Me hallaba yo con dos pesos en la bolsa (bueno, con 200, que es lo mismo, si se precisa sobrevivir con ellos el resto del mes). Una semana antes había acaecido el fin del mundo, el cual consistió, no sé para los demás, pero para mí, en una visión divina: como acababa de entrevistar a las Flans, tuve un sueño pendejo en el que Ivonne, la de ojos rasgados, era mi cuatacha, y yo le pedía que me presentara a Mildred Villafañe, su productora, para que alivianara con fuerte presupuesto mi proyecto musical, harta yo de no conseguir músicos, no tener tiempo para estudiar (miren que la música requiere dedicación cabrona), ensayar, saborear a mi novio, y sacar pesitos escribiendo babosadas para etcétera, La Jornada y demás pasquines. Ya ni pensar en una chamba fija, de la cual carezco desde hace un año. En el pasaje onírico, Ivonne sonrió y dijo: "Con gusto te consigo una cita". Desperté sobresaltada. Tuve claro que ya había estado bueno de hacerle al tarugo, de pensar ingenuamente que la escritura me iba a permitir juntar el varo suficiente para pagar renta, teléfono y clases; comprar una compu compatible con el mundo (la mía es del precámbrico), una consola, un micro con efectos, un secuenciador, y pagar los 20 mil cucos que le debo a la Ibero (sin contar con la energía física que se supone debe sobrarme para organizar el musicalpex, pegar letreros que soliciten músicos, hacerle la barba a alguien para grabar demos gratis -los estudios baras cobran 500 la hora-, ir a mis clases de canto_) Jaaaa Jaaaa Jaaaa. Zoqueta. Jamás lo iba a conseguir así. Y como tampoco voy a regresar a casa de mis papás, decidí que había llegado el momento de gorrear en nombre del arte. Pero ni iba a pedir prestado ni todo Cuautitlán es el Fonca. Tampoco iba a lamerle la pata a los varios conocidos y familiares que tengo colocados en ciertos podercillos, por malos antecedentes que ahora no vienen al caso. Así que me dirigí a un lugar llamado La Comuna, donde supe que informan sobre estímulos "alternativos" a la creación artística del menor de 30. Me atendió una chavilla de nombre Heidi (nada que ver con los Alpes salvo sus pronunciadas tetas). Entre el bla bla se soltó diciendo que había infinidad de posibilidades, que las averiguaría bien: "Si traes el proyecto armado podría canalizarlo... Espera dos semanas. Por lo pronto, si te urge lana, en dos días se celebrará la Feria del Empleo para jóvenes. ¿Por qué no vas? Habrá posibilidades de contratación inmediata". ¿Y qué creen que la cuatro veces mensa de mí hizo?

Sitio: Palacio de los Deportes. Organización: gobierno del DF; ordenada, sigilosa. Sólo 15 mil fichas. Habían dicho que era necesaria la buena apariencia, pues es lo que más importa a los idiotas que reclutan. Y ahí voy arregladita y armada: currículums, solicitudes, tacones. Nos hicieron sentar dentro de una especie de hangar mientras nos daba la bienvenida un oligofrénico y nos torturaban poniendo de fondo el abominable último disco de Maldita Vecindad, alternando con "El Venado" (?!). Ya sentada, tuve ganas de salir corriendo de pura vergüenza. ¿Por qué yo, con licenciatura terminada, me amparaba en esa "feria del empleo", que desde el nombre llevaba el fiasco? ¿Qué oscuro impulso me llevaba a confiar en la calidad de tan chaquetal ofrecimiento? ¿21 mil vacantes supuestamente listas para ser ocupadas? Sin duda, mi única razón se hallaba en el signo de pe$o$_ En eso estaba cuando un fotógrafo me tomó un close-up. "Ay, Dios mío, que no sea de un periódico donde mis amigos me vean", pensé. Cuando entre los organizadores vi caminar a Inti Muñoz, carnalito de ex andadas solidario-chiapanecas, me escondí como pude. Entonces me pregunté: "A ver, ¿por qué me está dando oso? ¿Acaso estoy haciéndolo? ¿Estoy robando?"

Fuimos avanzando en filitas, justo como en la Feria_ pero de Chapultepec: "No pasen de esta raya ni de ésta". Instalada en mi obnubilación, cual en rueda de la fortuna me fui sobre el puro billullo. No menos de cinco mil, me dije. De lo que sea, me vale_ ¿Juaat? ¿Recepcionista de alto caché? ¿Ocho mil rajas por contestar teléfonos medio tiempo? ¡Comper...! Cola de media hora. La fulana que atendía me miró con buenos ojos -vi cómo trataba con desdén a otros-, y hasta me sentí mal por portar mis pantalones Zara. Sonrió, pero dijo que había un inconveniente: a quien requerían debía dominar 100% el inglés (chin), medir 1.70 (ok) y_ ¡ser de tez blanca! "Pero tenemos otras vacantes de lo mismo, por tres mil 500_". Me alejé asqueada pero feliz de no ser una güera desabrida presta a incentivar racismos infames y erecciones rapaces. Grrr. Había otros dos puestos similares, donde pagaban cinco mil y prometieron llamar. A nada más me atreví a entrarle porque 8% de los sueldos ofrecidos era de menos de mil 500 pesos; 44% de mil 500 a dos mil; 38% de dos a tres mil; 5% de cuatro a cinco mil; 3% de seis a siete mil, y 1% de ocho mil en adelante. Y los niveles de las vacantes eran de la misma índole: secundaria 37%; estudios técnicos 27%, profesional 10%; primaria 8% y prepa 6% (y es que, los organizadores supondrán bien, alguien de nivel profesional no es tan baboso como yo, como para no obtener chamba fuera de esas feriecillas). Y encima, el área requerida para la mayoría de vacantes de nivel profesional era la que siempre aborrecí e implica conocimientos técnicos, económico-administrativos, computacionales y del estilo. Chiaaaale. En eso, que me topo con el estand del periódico Deforma. Pensé: seguro ofrecen puestos del mismo estilo. Y sí, pedían: contadores, no sé qué de finanzas, capturistas y_ ¡¿reporteros?! En un acto más de candidez automisericorde, entregué mis papeles. La reclutadora me preguntó si tenía experiencia. "Porsupollo, ¿cómo ñoo?". Leyó mi currículum, sonrió complacida, y afirmó que ya casi tenía yo el puesto.

Justo al cruzar la salida, salí de mi trance. Vi con claridad que todo era un fraude, y que quienes debían sentir vergüenza eran Inti y los suyos, por ejemplo, y no yo, pues los que robaban nuestro tiempo eran ellos. Y sonaré mamona, pero había muy poco para el nivel profesional; e igual estuvo bien para los de secu, pero aun para ellos eran bastante bajos los sueldos. ¿Cómo pude olvidar, teniendo el teléfono cortado, tres meses de renta sin pagar, que en general este país es un fraude? Han pasado dos semanas y de ningún lugar me han llamado (juar, juar). Mañana veré a la chica de los Alpes, a ver si me tiene noticias. Por ahora me voy, pues estoy poniendo en limpio unos poemas para enviarlos a cuanto concurso de poesía se atraviese, chance y en uno pegue.

Patricia Peñaloza es periodista, escritora y cantante. Correo: futuram@yahoo.com

principal | correo | publicidad | búsqueda | suscripciones | anteriores