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Cárdenas, otra vez

Pablo Hiriart

Todo está listo para que Cuauhtémoc Cárdenas se convierta, por tercera vez consecutiva, en candidato a la Presidencia de la República. Con el acto realizado el domingo, quedó claro que en ese partido no se mueve una sola hoja sin que lo autorice el líder moral del perredismo. Esto trae aparejado dos noticias: una buena y otra mala.

La mala es que en ese partido no hay oportunidades políticas para la gente joven ni para quienes llevan la camiseta del perredismo con tantos merecimientos como Cárdenas. Todas las oportunidades son para él, y quien se atreva a insinuar lo contrario es marginado del partido.

La noticia buena es que la izquierda se verá obligada a emprender nuevos caminos ante la evidencia de que el partido que dice representarla es en realidad el representante de los deseos, intereses y caprichos de una sola persona.

Era natural que Cárdenas fuera el candidato presidencial en 1988, luego de la exitosa escisión del PRI que logró levantar más de 30% de la votación en esas elecciones. Después, ya constituido el PRD, vinieron las elecciones presidenciales de 1994, en las que el ingeniero decidió que también esa oportunidad le correspondía a su persona.

Puede ser, porque según él y una buena parte de sus seguidores había sido despojado del triunfo en las elecciones del 88, y ya con una nueva legislación electoral y estando gran parte de la estructura del IFE en manos de ciudadanos respetables e imparciales, Cárdenas decidiera demostrar que él era la persona a quien quería la ciudadanía en la silla presidencial. Ya todos conocemos el desenlace de esa contienda, en la cual Cárdenas quedó en tercer lugar.

Cuando todo indicaba que había llegado el momento de la renovación del PRD por el agotamiento de sus cuadros más visibles, vino la posibilidad de contender por las elecciones del Distrito Federal. Pues bien, esa tercera gran oportunidad política fue otra vez para Cárdenas. Y ahora que se acerca la elección presidencial, de nueva cuenta el apuntado único para tomar la alternativa es Cuauhtémoc Cárdenas.

De seguro Cárdenas se siente en pleno derecho a ser por tercera vez candidato presidencial. Tal vez si dentro de seis años está bien de salud se volverá a presentar. Es posible que crea que él es el único que tiene los merecimientos para serlo.

Sin embargo, nos preguntamos, un partido de izquierda, tan joven como es el PRD, ¿va a resistir que todas las oportunidades políticas que se presentan recaigan siempre en una misma persona?

Pero no sólo este personaje acapara las oportunidades políticas que se presentan para su partido, sino que sin ser el líder formal del mismo dicta a sus dirigentes qué tienen que hacer y qué no.

Cuando llegó Amalia García a la presidencia del PRD, los panistas, camachistas y petistas externaron su regocijo por que en la dirigencia del perredismo habría una persona totalmente partidaria de las alianzas políticas. Con ella, creyeron, la alianza opositora para el 2000 sería más fácil. Sin embargo, fue todo lo contrario. Con la llegada de Amalia García se desvanecieron todas las posibilidades de que los partidos de oposición alcanzaran un acuerdo de unificación electoral, donde la cabeza de la alianza fuera una figura distinta a Cárdenas.

¿Qué pasó? ¿Cambió de manera de pensar Amalia García respecto de las alianzas?

Amalia García no cambió. Lo que se impuso fue la realidad: el PRD es propiedad de Cárdenas. Ahí se hace lo que él dice, y punto. Pero eso tiene su lado positivo. Y ese lado interesante revela que los jóvenes de ese partido, o quienes están por el trabajo militante como una vía para el cambio social y no para satisfacer la terquedad individualista de un cacique, pronto estarán obligados a mirar nuevos horizontes. La descomposición de la burocracia perredista puede ser un acicate que acompañe a una nueva alternativa para la izquierda. El país se lo merece.

Pablo Hiriart es director general del periódico Crónica.

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