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Fedro Carlos Guillén

 

 

 

 

 

Bye bye sir Charles

Fedro Carlos Guillén

Existe, en este mundo matraca, mucha gente bruta; hay quienes hacen concursos para comer pasteles, otros se untan placenta de vaca y recorren el desierto parados de manos y varios más -entre los que me cuento- creemos en el amor. Sin embargo, las palmas de la estulticia se las acaba de llevar la junta educacional de Kansas, integrada por un grupo de señores que no tienen la menor idea que, en un acuerdo propio de otra época (concretamente el medievo), acaban de rechazar la teoría de la evolución como un principio científico. Vamos a los hechos.

Darwin -como se sabe- publicó el 24 de noviembre de 1859 su libro El origen de las especies en donde sugería un mecanismo para explicar la evolución de los organismos a través del tiempo. La edición entera se agotó el primer día y la respuesta fue notabilísima: hubo críticos y defensores, la esposa de un arzobispo declaró: "¿Descendientes de los monos? ¡Qué horror! Esperemos que no sea cierto y si lo es, esperemos que nadie se entere". Los argumentos se fueron decantando y a principios de siglo en medio de la llamada síntesis evolutiva se demostró que el mecanismo propuesto por Darwin era esencialmente correcto y se convirtió, en consecuencia, en la piedra angular del conocimiento biológico. Hoy nadie duda de la poderosa fuerza de los argumentos usados por el naturalista inglés; la evolución es una gran hipótesis que ha sido probada en prácticamente todos los campos del conocimiento biológico. Sin embargo, algunas conciencias no quedaron satisfechas y desde entonces han tratado de promover una campaña para desactivar tamaña herejía. En 1925, durante el llamado juicio de Scopes, un maestro escolar fue a la cárcel por enseñar evolución y tuvo que pagar 100 dólares de multa aunque más tarde la Suprema Corte anuló el veredicto y, desde entonces, nuevas batallas se han librado con el fin de determinar si la teoría darwiniana se debería impartir en clase en lugar de las enseñanzas bíblicas.

La idea de la evolución de las especies se opone frontalmente a las ideas religiosas que sugieren la creación del mundo, con sus plantas y animales, en siete días, es por ello que sir Charles nunca ha sido santo de la devoción de la grey religiosa, aunque hace algunos años el papa hizo favor de perdonarlo por sus errores. Los grupos conservadores han tratado siempre de retirar del ámbito escolar las ideas darwinianas y al fin lo lograron; la junta educacional de Kansas votó seis a cuatro por la instauración de nuevas normas de enseñanza científica que, de un plumazo, eliminan la evolución bajo el estremecedor argumento de que este concepto se ha presentado como un "hecho dogmático" (Adán y Eva basan su existencia no en un dogma, sino en la prueba científica del ombligo).

Nos encontramos ante un hecho inédito que debería activar algunos focos rojos en la sociedad; en cada grupo humano han existido siempre fuerzas que, a veces por ignorancia y otras veces también, procuran el regreso en el túnel del tiempo a épocas cretácicas en las que el pecado y el temor son los paradigmas deseables. Creer en Dios o tomar anticonceptivos son asuntos privados; pretender que se vuelvan públicos es absurdo; dentro de poco se obligará a los escolares a aceptar que la Tierra es plana, que se encuentra en el centro del universo y que si uno pone un bote de basura y lo llena de cáscaras de plátano, la vida se originará espontáneamente.

Cosas de la postmodernidad que -como se ve- todo lo corrompe.

Fedro Carlos Guillén es biólogo, con doctorado en Ciencias por la UNAM.

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