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El presidente Zedillo
Ricardo Becerra

 

 

 

 

 

cuentas claras

Enrique Contreras Montiel

Lo que subió y lo que está bajando

El quinto Informe de gobierno precisó algunos datos que demuestran que la economía ha crecido y, todavía más, que los gastos en beneficio de los que menos tienen también han aumentado. Ernesto Zedillo señaló: "Hoy estamos dedicando al gasto social el 60% del presupuesto programable". También hizo otra precisión: "25 centavos de cada peso que programa gastar el gobierno, son para educación".

Incluso, dijo que "en esta administración el ramo del presupuesto que ha tenido mayor crecimiento, 70% en términos reales, es el de los servicios de salud".

Como quiera que sea, qué bueno que el gasto que tiene como objetivo mejorar la situación de los más pobres sea cada día mayor. En eso, nadie puede estar en desacuerdo. No obstante, hay dos aspectos de la política económica que son preocupantes.

Cambio hacia la volubilidad

Uno de estos cambios es la composición de la deuda externa. No porque sea en sí mismo un problema, sino porque muestra, por un lado, la pérdida de un instrumento de estabilización y, por otro, porque es una prueba de que los mexicanos "de acá de este lado" -las micro, pequeñas y hasta las medianas empresas- son los que están asumiendo los riesgos dentro del país, aunque los que están del otro lado del río Bravo, las grandes empresas, prefieren evitar los riesgos que está registrando el mercado financiero. En 1988 la deuda externa del sector privado representaba solamente 8%, en tanto la del sector público era 80.9%. Para 1999 la deuda privada ha pasado a 27.5%, en tanto que la del sector público pasó a 58.5%.

Los datos muestran un afán por evitar el riesgo, mismo que encarece el crédito de los instrumentos financieros dentro del país; así como que los inversionistas grandes y fuertes no están compartiendo el riesgo con los que tienen limitaciones para salir del país. En resumen, ahí se tiene una fórmula explosiva.

No hay cuentas alegres

Si bien hay rubros que han tomado una mayor participación en el presupuesto público, como son los de política social y los que administran los estados, no se puede decir lo mismo del presupuesto público en conjunto. El gasto neto devengado fue en 1998 alrededor de 24% menos que el de 1993. Lo mismo se puede decir del ingreso, el cual fue 1.7% menor al de 1993.

Ello se debe, por un lado, a la renuncia estatal a algunos de sus instrumentos y recursos para estabilizar a la economía y para orientarla social y regionalmente. Pero poner en la llamada IP las esperanzas del crecimiento del gasto parece no rendir los frutos adecuados. La pobreza tributaria crónica que padecen los mexicanos, cuando menos los que se quedan "acá, de este lado", no ofrece buenas perspectivas. Según el anexo estadístico del quinto Informe, en 1998 se registraron seis millones 343 mil contribuyentes, de los cuales 92.6% son personas físicas, en tanto que el restante 7.4%, algo así como 467 mil empresas, son los contribuyentes morales. En el mismo lapso, los contribuyentes crecieron en un promedio anual de 3.1%, en tanto que los ingresos tributarios solamente lo hicieron a un ritmo de 2.6% en términos reales. Esto muestra a una IP, además de voluble, pobre para financiar los gastos públicos en bienes y servicios que requiere la sociedad.

(Notas de Enrique Contreras Montiel)

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