![]() |
el país | el mundo | dinero | columnas |
| gente | medios | ciberia | ensayos | |
| libros | cultura | mañana | tianguis | |
| espectáculos | etcétera | |||
|
el mundo |
||
|
real politik aldea global
|
textos Un año de Schröder Ciro Murayama
La inauguración de Berlín como nueva sede de los poderes federales en Alemania marca el inicio de un nuevo curso político encabezado por el canciller Gerhard Schröder. Es el segundo año de un gobierno que, a la fecha, está lejos de haber cumplido las expectativas que generó. En primer lugar, la coalición del Partido Socialdemócrata Alemán (SPD) con los Verdes tuvo como tarea la presidencia de la Unión Europea, que definiría la Agenda 2000 y con ella los criterios de financiamiento de la UE. Que el Ejecutivo teutón fuese socialdemócrata permitió intuir que las pretensiones de los países más desarrollados de recortar su contribución al presupuesto comunitario serían superadas a cambio de un modelo que posibilitara fortalecer el proceso de equiparación de rentas e incluyera también nuevos mecanismos de corresponsabilidad. No fue así y la incapacidad de la presidencia de la UE para fraguar un consenso en tal sentido dio rienda suelta a posturas basadas en el estricto interés nacional a corto plazo: unos presionaron por colaborar con cuantías inferiores y los otros exigieron, simplemente, que no disminuyera el caudal de ayuda previa. Salvo algunos reajustes y recortes -por ejemplo, la política exterior y de seguridad común-, el modelo de financiamiento tiene los mismos principios y resortes al que operó en los siete años precedentes. La siguiente decepción que -para algunos- generó el gobierno alemán consistió en la dimisión del ministro de Economía, Oskar Lafontaine. Este conocido político, entonces presidente del SPD, insistió desde su estrenado cargo en la necesidad de que en la zona euro se aplicara un recorte de los tipos de interés para estimular el crecimiento. Tras ser criticado desde el Banco Central Europeo por pretender interferir, con base en consideraciones políticas, en las decisiones exclusivas de la autoridad monetaria, dejó su cargo para que, tres semanas después, su propuesta de reducción en el precio del dinero fuera llevada a la práctica. Y Schröder, más que perder a un eficiente ministro, se vio privado del referente de izquierda más sólido de su equipo, lo que le traería disputas en el seno del SPD y con los poderosos sindicatos alemanes. Sin embargo, los problemas de la coalición que encabeza Schröder se multiplicaron con la intervención de la OTAN en Kosovo. La participación de Alemania en una guerra -de la mano de un ministro de Exteriores pacifista, Joschka Fischer- que se planeaba y decidía en y por Estados Unidos, pusieron en tela de juicio la capacidad de la UE y de su gran gigante para desarrollar una política propia hacia sus vecinas regiones, esto es, ampliamente europea. En junio el SPD vio cómo las preferencias electorales cambiaban de signo en las elecciones europeas, donde salió favorecida la Unión Demócrata Cristiana (CDU). Si bien los electores europeos suelen castigar en tales comicios a los gobiernos en turno, la derrota se produjo justo cuando Schröder se sumaba, en un manifiesto firmado con Tony Blair, a la "tercera vía". Ahí hacían hincapié en una drástica desregulación de los mercados de trabajo, que puede no causar desgarraduras en el "flexible" modelo británico pero sí en la idiosincrasia laboral germana. Finalmente, como primera misión tras las vacaciones, Schröder se ha propuesto un programa de reducción del gasto público dentro de un amplio plan de austeridad que afectaría al actual sistema de pensiones, tema que ha suscitado desacuerdos en el SPD. Mientras el partido gobernante no respalde esas iniciativas, es difícil que puedan cuajar o ser asumidas por el electorado, máxime cuando el crecimiento económico aún no retoma un dinamismo que le permita reducir el desempleo, no hay tensiones inflacionarias, y otros instrumentos, como la política monetaria expansiva, ya no están en manos de los gobiernos nacionales. Schröder perdió la posibilidad de imprimir un renovado sello de izquierda en la UE, y el conflicto serbiokosovar puede haber desbordado a toda Europa, pero es principalmente en su propia casa donde el canciller parece todavía no sentirse a gusto. Ciro Murayama es economista por la UNAM. Realiza estudios de postgrado en la Universidad Autónoma de Madrid. |
|
|
|
![]() |