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en la red
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el navegante La seguridad y el dinero Antulio Sánchez
En el principio todo era felicidad, todos coincidían que la fraternidad y el interés compartido eran los que reinaban. Sin embargo, fue suficiente que la red se ramificara a diversos grupos civiles, que se volviera un medio de comunicación planetario para que las cosas cambiaran. Cuando la red apenas interesaba a unos cuantos entusiastas civiles, no existía ninguna preocupación por establecer normas de seguridad, pues se pensaba de forma utópica que nadie tendría interés en sabotear o afectar aquello que se presentaba como una interfase dúctil para la solidaridad. No obstante, hoy se sabe que esa idea ya no es tan cierta. El saboteo, el bloqueo de los servidores, la proliferación de virus, no sólo es una cuestión que preocupa y aterra al común de los usuarios, sino que se ha convertido en uno de los negocios más redituables de la economía virtual. Es por eso que la denominada industria de la seguridad para las redes computacionales se ha dado un festín desde hace algunos años, pero el pastel económico que le espera es todavía mayor. Según refiere la empresa consultora británica Datamonitor (www.datamonitor.com), las inversiones que las empresas harán en este renglón alcanzarán, entre soportes materiales y lógicos, los ocho mil millones de dólares. El incremento de mecanismos de seguridad que se contempla para las redes (intranets, extranets, internet, detectores de fisgones o intrusos, firewalls, antivirus y otros) durante 1998 a 2003 representará un incremento de 330%. Ciertamente, el vandalismo virtual se ha extendido en los últimos años, pero en realidad el móvil no está en detener tales actos, pues ante todo se trata de generar una nueva situación de consumo y de pánico virtual que se incrementa con la generalización del comercio virtual. Así que si ya es buen negocio comercializar en el ciberespacio, entonces vender la idea de seguridad de la red es también algo redituable comercialmente. Más allá de que esto sea una realidad, los datos empíricos muestran que el desarrollo de las violaciones a los candados y las redes camina más rápido que los mecanismos de protección, de tal suerte que el disperso ejército de hackers y diseñadores de nuevos programas virales son más veloces que los programadores de las grandes empresas de soporte lógico. De acuerdo con lo que refiere Datamonitor, poco más de la mitad de los ocho mil millones de dólares que se invertirán en seguridad en el 2003, 58% (unos cuatro mil 680 millones de dólares) lo realizarán empresas estadounidenses; 31% (dos mil 460 millones de dólares) los europeos; el 11% restante se distribuirá entre los demas países del mundo. Que las naciones del Primer Mundo inviertan las mayores cantidades en seguridad, se debe en gran medida al mismo crecimiento que el comercio electrónico ha tenido en esos países (en EU se ubica 70% del comercio electrónico mundial) y, por ende, cuentan con mayores porcentajes de conectados en el planeta. Pero como la experiencia ha enseñado, el problema en cuestiones comerciales -de las compras en línea- no está tanto en desarrollar sólidos programas sino en vencer el temor de los usuarios por las compras en el ciberespacio. Diversos estudios han demostrado que la mayoría de los usuarios temen comprar en la red porque sus datos personales pueden ser usados con fines diversos y, de paso, ser interceptados por hackers para desfalcarlos. Lo cierto es que no se puede soslayar que el comercio electrónico camina a grandes pasos, que el ciberespacio se torna en un hipermall; más temprano que tarde los usuarios se volcarán a adquirir productos en línea. De acuerdo con empresas como Select IDC (www.idc.com), dentro de ocho años el comercio electrónico de menudeo será una cuestión generalizada en buena parte del mundo. Si bien es cierto que eso alcanzará primordialmente a los países desarrollados, lo real es que para un universo de usuarios y empresas nacionales la cuestión de la inversión en la seguridad virtual tendrá eco. Antulio Sánchez es periodista, ha colaborado en diversas publicaciones. Correo: antulio@mailcity.com |
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