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Naufragó la alianza
Breve crónica de una tomadura de pelo

Pablo Hiriart

¿Qué pasó con la alianza opositora? Pasó lo que algunos dijimos desde el momento cuando se anunció la realización de pláticas entre comisiones de alto nivel del PAN y el PRD para concretarla: naufragó. El primer dato sólido que hubo para afirmar que la alianza no iba a prosperar provino de los nombres de los personajes que el Comité Ejecutivo Nacional del PAN eligió para llevar a cabo las negociaciones con el PRD.

En efecto, Luis H. Alvarez y Diego Fernández de Cevallos son los líderes panistas más alejados del PRD y, sin duda, son quienes con mayor vehemencia han expresado su rechazo y hasta desprecio hacia la gestión de Cuauhtémoc Cárdenas en el gobierno del Distrito Federal. ¿Podía pensarse que Diego hablaba en serio cuando dejaba abierta la posibilidad de que el PAN votara por Cárdenas para la Presidencia, y a cambio Acción Nacional se abstuviera de llevar abanderado a la primera magistratura? Claro que no. Por supuesto que se trataba de una maniobra política, en el mejor de los casos. En el fondo, fue una tomadura de pelo que a sus patrocinadores les resultó al cien por ciento.

El pantano en donde ha caído la proyectada alianza opositora es la clara confirmación de que nunca hubo una intención seria de lograrla, sino que más bien las pláticas entre los líderes opositores tenían una finalidad diferente: distraer a la opinión pública.

La alianza, sin duda, fue un gran ardid publicitario, concebido con maestría y ejecutado con precisión y sangre fría. Durante dos meses logró quitar los reflectores de las campañas de los precandidatos priistas a la Presidencia. Si no hubiéramos tenido un bombardeo informativo con la posibilidad de que las fuerzas políticas opositoras se coaligaran para sacar al PRI de Los Pinos, los cuatro aspirantes a la candidatura presidencial del tricolor se hubieran devorado los espacios informativos en lo tocante a actualidad política.

No fue así. Resultó más entretenido el tema de la alianza, del método, de cómo juntar el agua y el aceite, que los ataques pueriles y aburridos que se han lanzado los precandidatos del PRI. Porque de las precampañas de los priistas sólo ha trascendido eso: la violencia verbal y el encono que se acumula en las filas de los respectivos equipos que se disputan la nominación. El glamour, el interés, estuvo del lado de los constructores de la alianza.

Diego Fernández de Cevallos ganó la partida: le demostró a Fox la capacidad de movilización que tiene, pues supo atraer el interés de todos los partidos de oposición, así como de los medios de comunicación. Fue capaz, también, de hacer pasar a un segundo plano a los precandidatos del PRI. Y lo verdaderamente genial del asunto: justo a la hora de la verdad, terminar con la idea de la alianza y hacer que la culpa de su no concreción recayera en la figura de Cuauhtémoc Cárdenas.

En estos días los ataques entre Cárdenas y Fox suben de tono, y en breve estarán en el nivel de dos francos opositores. Fox volverá a ser el candidato caricaturizable para los medios afines al PRD, el vendepatrias que subasta la soberanía en Wall Street. Y Cárdenas volverá a ser el inepto que "no saca un perro de una milpa". De hecho, ya Fox manifestó que de ninguna manera incluirá en un hipotético gabinete suyo a Cárdenas, porque en su opinión ahí sólo habría espacio para gente competente.

Ahora sólo hay que esperar el acta de defunción de la alianza opositora. Será un entierro sui géneris, porque muchos llorarán por el fallecimiento de algo que nunca existió ni siquiera en la mente de sus promotores.

Pablo Hiriart es director general del periódico Crónica.

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