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primera plana Recapitulación en cuadratines Marco Levario Turcott
El conflicto de la UNAM, el esfuerzo de algunos partidos opositores para presentarse coaligados en la próxima contienda electoral federal y la tensión suscitada en un poblado de Chiapas forman algunas de las principales coordenadas sobre las que se ha centrado eso que hemos dado en llamar opinión pública. Cada uno de esos temas ha sido visto en esta columna tomando como referencia la oferta informativa de algunos periódicos. Sirva esta recapitulación dada la vigencia que esos hechos mantienen y también dado el protagonismo político mostrado por los editores de los diarios. Tiene, además, la utilidad de tomarse en serio una de las principales virtudes que debería tener la prensa escrita, que es la de la memoria. La revuelta y los diarios Las posturas editoriales son más o menos claras. Cuando inició, rotativos como La Jornada mostraron simpatía por el movimiento huelguístico en la UNAM; otros, como unomásuno, enseñaron su franco desacuerdo con los jóvenes del CGH. Una y otra postura fueron (mal) tratando la información a grado tal que distorsiones u omisiones noticiosas comenzaron a ser una más de las víctimas del conflicto universitario. Al paso de los días, La Jornada comenzó a ser más cautelosa en su apoyo a los paristas, pero aún cometiendo la desproporción de emparentarlos, por su falta de disposición al diálogo, con las autoridades universitarias; a los dos actores de ese conflicto les ha endilgado la misma responsabilidad y eso, como hemos visto en colaboraciones anteriores, llevó a ese diario a distorsionar la información. Por su parte, unomásuno inició denunciando una supuesta manipulación perredista para explicar al movimiento estudiantil, con esa simplificación de lo que es, sin duda, todo un fenómeno social que rebasa con mucho el diagnóstico de la "conjura", ese periódico se mantuvo los primeros dos meses, luego atenuó tales señalamientos hasta que, recientemente, critica duro al CGH mediante notas donde claramente se fusiona la postura editorial. Alianza y Reforma Como se sabe, los primeros días de julio algunos partidos opositores iniciaron las pláticas correspondientes para conformar una coalición que competiría en las elecciones del 2000. Al respecto, medios como Reforma comenzaron a ofrecer una información donde se muestra fehacientemente la proclividad de ese diario ante tal operación política y esa simpatía llevó a sus editores a presentar información sesgada -privilegiando los dichos en favor de la alianza-, distorsionada -dando por hecho que la alianza es inminente- o incurriendo en omisiones periodísticas tales como no tomar en cuenta los (acaso a la larga decisivos) obstáculos existentes por los puntos de vista encontrados entre el PAN y el PRD en lo que respecta al método de selección. Así, durante varias semanas Reforma se convirtió en un actor político más promotor de la alianza, incluso a costa de sacrificar la información. Guerra en cuadratines Y si de actores políticos hablamos o, más bien, escribimos, otro de ellos durante los días recientes fue La Jornada a propósito de lo que ese periódico colocó en su titular principal como Nueva ofensiva en Chiapas con 10 mil soldados (15/VIII/99). Como se recordará, el recuento que ofrecimos la semana pasada llegó hasta el 19 de agosto, cuando ese diario todavía daba como cierta una renovada situación de guerra en Los Altos. Certeza proveniente no de una verificación periodística, sino de las denuncias del subcomandante Marcos quien, así, fue la única fuente que tomaron el reportero y los editores para dar como cierta una situación que, afortunadamente, sólo existió en las pretensiones políticas del líder del EZLN y en las adhesiones que logró en La Jornada. Tomando como referencia lo sucedido hasta el 27 de agosto y recurriendo al titular principal de La Jornada de ese mismo día (Ordena Gobernación parar la carretera en Amador Hernández) podemos celebrar el hecho de que, aunque tensa la situación en aquel poblado chiapaneco, no haya habido una ofensiva del Ejército, y menos con los diez mil efectivos que aún no se sabe cómo irrumpieron en la imaginación de los editores de La Jornada. Certezas 1) En la UNAM no hay fuerzas oscuras que dirigen al movimiento ni tampoco una epopeya liberadora, como quisieron hacer creer, por un lado, unomásuno y, por otro, La Jornada. 2) A juzgar por las vicisitudes políticas manifiestas en las conversaciones de algunos políticos para conformar una coalición, la operación está muy lejos de cristalizarse, independientemente de la emoción (aunque con una enorme falta de precisión gramatical como a menudo ocurre con Reforma) de algunos periodistas. 3) Tampoco hubo una ofensiva del Ejército Mexicano en Chiapas. Mientras se construyan realidades virtuales como ésas, el debate sobre lo realmente importante seguirá rezagado. Marco Levario Turcott es subdirector de etcétera. Correo: mlevario@etcetera.com.mx |
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