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En blanco y negro

Marco Levario Turcott

Hace 20 o 30 años el PRI debió iniciar su democratización, señaló recientemente Jesús Silva Herzog Flores. Hace tres décadas, sí, cuando él era jefe de la oficina técnica del Banco de México o hace dos, también, cuando era subsecretario de Hacienda, en la antesala de ocupar la titularidad de esa dependencia durante seis años. Haya sido el tiempo que sea, él había resuelto no ser un militante activo, es decir, no pugnar por una renovación partidaria y tampoco impugnar los viejos estilos de la política que, como funcionario, lo hacían priista automáticamente, o "más o menos", como advirtió una y otra vez luego de cumplir su ciclo como embajador mexicano en Estados Unidos.

"Nadie, ni mis hijos me creen", comentó el llamado "diamante negro" al dejar el servicio diplomático, cuando se le preguntó si aceptaría otro puesto y él aseguró que no, que se integraría a la vida académica y escribiría un libro sobre la relación bilateral entre México y Estados Unidos; en aquella ocasión dejó abierta una rendija: "No puedo descartar lo que no me han ofrecido". "No lo he pensado", aseguró también cuando le preguntaron si le interesaba estar en Los Pinos. Meses después, Carlos Fuentes dijo: "Yo votaría por Jesús Silva Herzog" para la Presidencia. "Ya veremos", respondía cuando le consultaban si sería candidato de una alianza opositora. Pero llegó el ofrecimiento, la llave que abrió el candado para que él intentara gobernar la ciudad de México.

"Mi futuro es un poquito mejor que mi color", bromeó Silva Herzog luego de jugar tenis con Francisco Labastida a mediados de este año. Aquel día en la noche, como todas las noches, seguro le aguardaban a Silva Herzog el tabaco oscuro y el tostado que tanto le gustan. Le esperaba, le espera aún, el arduo trabajo para llegar a un puesto, por primera vez, mediante la decisión de las urnas. Probablemente tiene la fórmula discursiva, el carisma sin duda, que lo seguirá mostrando como alguien que sabe fundir la ambigüedad con la prudencia, el cargo público con la vocación de servicio, y el deporte blanco para tomar decisiones. Este pasaje reciente lo retrata bien: "Voy a jugar tenis con Roberto (Campa), con la promesa de que si me gana no se difunda, pero si yo gano...".

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