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difusiones Cristina Francisco Báez Rodríguez
Hace un par de semanas El show de Cristina cumplió diez años de transmisiones. Se dice rápido, pero en realidad son pocos los programas de tv que alcanzan la década de existencia y siguen tan campantes. En México, Cristina lleva casi siete años, con suerte dispareja pero nunca mala. Ha zigzagueado entre Canal 2 y Canal 9, con tendencia a quedarse en este último y sus ratings en distintas épocas han oscilado entre cinco y 16 puntos, que en ningún caso son pocos. Actualmente tiene dos ediciones de su show, una "familiar", de carácter light, y otro "picante", donde aborda los temas que han hecho famoso a su talk show. El de Cristina Saralegui, producido por Univisión, es el único talk show que ha logrado instalarse en las pantallas latinoamericanas. Rivales en Telemundo y en las televisoras locales han durado menos y tenido una audiencia inferior. En la tele anglo hay muchos y muy variados estilos exitosos de este género televisivo: desde Oprah Winfrey hasta Jerry Springer (el programa donde los invitados van dispuestos a madrearse y que tan bien reproduce el reciente film de Austin Powers), pasando por Sally Jessy Raphael, Montel Williams, etcétera. En la latina, sólo ha habido de una sopa. Habría que preguntarse por qué. Creo que la respuesta tiene dos caras: la de la conductora y la del lugar desde donde hace la transmisión. Cristina Saralegui es, para la norma latinoamericana, una mujer liberal pero no es del tipo "dejar hacer, dejar pasar". No se asusta de nada, pero a cada rato da sus opiniones en su tono entre maternal y magisterial. Y también es la típica business woman atentísima al negocio, a no soltar los dólares. Y Miami es un espacio en donde confluyen distintas culturas latinoamericanas, pero en el que predomina la cubana, que es de costumbres más liberales que las otras. Esto da, a nivel popular, la impresión de que se trata de un show moderno, movido hacia los cambios de este fin de siglo. Por eso, las incursiones de Cristina en Los Angeles y México DF dieron como resultado programas sositos. Se ha acusado, a veces con razón, a ese programa de ser manipulador, de jugar con los sentimientos de las personas y de hacer negocio morboso con sus vidas privadas -que ellos hacen pública a cambio de unos dólares o de sus 15 minutos de fama-. El programa está dirigido esencialmente a un público de clase media-baja. En ese sentido, debe compararse su efecto no con el de programas que tienen destinatarios más informados, sino con los tabloides que han proliferado en los últimos años. Se han acusado, a veces con razón, de cretinismo a quienes son fans de la Saralegui. Pero el hecho es que Cristina, en contra del mote que le dan algunos intelectuales, no es ninguna cretina: se ha sabido adaptar a los cambios en el público, negociar con inteligencia con las televisoras -hubo un tiempo en el que el moralismo guadalupano de Televisa la tuvo cortita-, hacer buenos negocios laterales y mantenerse en la ola, aunque no sea con frescura ni esté en la cresta. Hizo también un cambio importante, que le redituó. En sus primeros años, mientras que los incestuosos, los bígamos, las gordas irredentas y los delincuentes juveniles eran ignorantes mexicanos, puertorriqueños y salvadoreños, las psicólogas y los abogados eran cubanos. En años posteriores, la distribución se hizo más equitativa en ambos lados, para beneficio global del rating. Esto quiere decir que, nos guste o no, el programa de la Saralegui rebasará tranquilamente el umbral del siglo XX. Barra matutina de Televisa: No toda la teleaudiencia de las mañanas es ligera como una pluma. Televisa acaba de admitirlo con su decisión de sustituir el programa Hoy con la emisión Primero_ noticias, que conducirán Joaquín López-Dóriga y Lourdes Ramos. Cuando Guillermo Ortega conducía Al despertar, la ventaja de Televisa sobre Azteca en el público mañanero era enorme. Parecía inalcanzable. Perdió un poco de esa ventaja cuando llegó Guillermo Ochoa, pero la caída era sólo marginal. Luego vinieron, en cascada, la salida de Ochoa y el fenómeno Paco Stanley a partir de las 8:30 en Azteca. En Televisa pensaron que hacer una cosa en la que el espectador simplemente dejara de usar su cerebro les iba a devolver rating. La verdad es que, por la hora del día y por el tipo de público y atención, ese horario no da para cosas muy profundas, pero Hoy es un exceso. El resultado ha sido que, aun tras la muerte de Stanley, un programa con poco punch como Hechos de la mañana y el desangelado Tempranito han sido capaces de quitarle público al Canal de las Estrellas. Entra López-Dóriga, un periodista con tablas, al relevo. Lo hace bien acompañado. El único peligro es que luego de una emisión que pesaba menos que una pluma venga una más pesada que el Monte Tao. Si no es así, y hay algo que nos haga sonreír en la mañana, es muy probable que Televisa recupere la audiencia perdida. Francisco Báez Rodríguez es subdirector general del periódico Crónica. |
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