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La verdad acerca de Rigoberta Menchú

Peter Canby

No obstante, no sólo los militares están en la mira. Las acusaciones contra la propia Rigoberta han provocado cada vez más consternación. A finales de los 80, el antropólogo David Stoll, profesor en el Middlebury College de Vermont y autor de un libro sobre Guatemala publicado en 1983 con el título Between two armies: In the Ixil towns of Guatemala, estaba recabando relatos sobre la violencia en el pueblo de Chajul, ubicado en la sierra a poca distancia del poblado de Chimel, en donde Rigoberta creció. Stoll le hizo preguntas a uno de los informantes de Chajul acerca del relato de Rigoberta sobre cómo ella y otros miembros de su familia fueron obligados a observar en silencio cómo su hermano menor Petrocinio fue torturado, bañado en gasolina y quemado vivo.

Para su sorpresa, este informante (al igual que muchos otros más de Chajul a quienes Stoll entrevistó después) le dijo que no recordaba que hubiera tenido lugar dicho acontecimiento. Finalmente, Stoll llegó a su propia conclusión de lo que creyó que ocurrió y la presenta en su libro de reciente publicación, Rigoberta Menchú and the story of all poor guatemalans. Según él, un grupo de prisioneros de la región de Rigoberta (que al parecer incluía a Petrocinio) fueron llevados allá en un helicóptero. El ejército vistió a los prisioneros con uniformes de color verde olivo para hacerlos parecer como soldados de la guerrilla, los hizo caminar por un sendero hacia Chajul y los mató en una emboscada. Acto seguido, los soldados aventaron viejos rifles cerca de los cuerpos y les mostraron los cadáveres a los residentes de Chajul como un ejemplo de lo que les sucedería a los guerrilleros que se atrevieran a desafiar al ejército. Los cadáveres se quedaron bajo el sol durante varias horas antes de que uno de ellos fuera quemado y luego todos fueron enterrados en una fosa común en el cementerio del pueblo.

Stoll se dispuso a examinar otros aspectos del libro de Rigoberta y pronto encontró otras afirmaciones que no eran ciertas. En su libro, Rigoberta se describe como una campesina sin educación. No obstante, en entrevistas con parientes y antiguos compañeros de clase, Stoll descubrió que ella había pasado varios años en escuelas de conventos; primero en el Colegio Belga de la Ciudad de Guatemala y luego en el Colegio Básico Nuestro Señor de la Candelaria en Chiantla, Huehuetenango, en donde terminó el séptimo grado -un nivel de educación notablemente elevado para una niña india de Guatemala-. Además, debido a que ella había asistido a la escuela conventual, Stoll arguye que Rigoberta no puede haber trabajado (como ella lo afirma) como sirvienta para una familia rica en la Ciudad de Guatemala y que no puede haber trabajado en condiciones abusivas en las plantaciones costeras, en donde ella sostiene que uno de sus hermanos menores, Nicolás, murió de desnutrición. De hecho, Stoll encontró a un hermano vivo, Nicolás, quien logró restablecer la tierra de la familia mucho después de que la guerra terminó.

La historia central de I, Rigoberta gira alrededor de la lucha del padre de Rigoberta por defender la tierra de su comunidad en contra de los reclamos de sus ambiciosos y corruptos vecinos no indios. De hecho, al investigar las peticiones que archivó el padre de Rigoberta en la oficina gubernamental de reclamos agrarios, Stoll descubrió que la lucha del padre de Rigoberta no se libró principalmente contra los ladinos, como se conoce a los guatemaltecos que descienden de ancestros mestizos, sino más bien contra otro grupo de mayas dirigidos por los suegros del propio padre de Rigoberta. Stoll también descubrió, a partir de lo que había investigado, que el ejército no fue el responsable de iniciar el ciclo de la violencia en la región de Rigoberta, sino una fuerza guerrillera que asesinó a dos ladinos vecinos, uno de los cuales era muy estimado por los trabajadores agrícolas del señor Menchú. El ejército comenzó entonces a llevar a cabo ataques de carácter vengativo contra el pueblo de Rigoberta debido a que los guerrilleros estuvieron allí unos meses antes.

Stoll no niega que el pueblo de Rigoberta haya sido destruido y que la mitad de su familia haya sido asesinada, incluyendo a su padre, su madre y su hermano Petrocinio. Pero señala que muchos de los otros acontecimientos que se mencionan en el libro de Rigoberta están distorsionados, fueron inventados o se presentan como los relatos de un testigo ocular de ciertos sucesos que la misma Rigoberta en realidad no puede haber presenciado. Stoll argumenta que el motivo de ello es que, después de que Rigoberta huyó a México en 1980, se alió con los grupos guerrilleros que estaban allá y que "drásticamente corrigió la experiencia de preguerra de su pueblo para adaptarla a las necesidades de la organización revolucionaria a la que se había unido". En otras palabras, cuando escribió su libro, Rigoberta actuó en esencia como una propagandista.

La misma Rigoberta ha aclarado que se unió a las organizaciones del frente popular que simpatizaban con los guerrilleros. En 1980, después de que el ejército mató a su padre, a su madre y a Petrocinio (los militares mataron a otro hermano unos años más tarde, después de que él se rindió para impedir que sus tres hijos murieran de hambre), su pueblo fue atacado y destruido y ella huyó a México con la ayuda de las monjas. Allí se reunió finalmente con dos de sus hermanas menores, quienes se habían unido a los guerrilleros. A principios de 1981 se hizo miembro del FP-31, una organización del frente popular de la guerrilla, llamada así por el día en que el padre de Rigoberta murió en el incendio de la embajada española.

Lo que incomoda a Stoll en relación con Rigoberta no es que ella se haya unido a los guerrilleros -en un momento, sugiere que ella puede haber "reaccionado a la pérdida de su familia refugiándose en un nuevo sistema de coherencia"- sino que la historia inventada en su libro la haya convertido en lo que él llama una "maya compuesta", un estereotipo guerrillero propagandista creado para ilustrar lo que Stoll considera como una explicación simplista y conveniente de la violencia. La historia real de Rigoberta -en donde su padre se peleó con otros mayas, los guerrilleros iniciaron los asesinatos y Rigoberta estaba a salvo en una escuela conventual- no hubiera demostrado ninguno de estos puntos y, por lo tanto, no habría sido útil.

Stoll afirma que para los guerrilleros era esencial que la gente considerara que ellos respondían a las necesidades locales de los indios y a su deseo de resistirse a la opresión; querían que la gente viera que representaban las aspiraciones populares en una época cuyas circunstancias económicas empeoraban cada vez más. Sin embargo, Stoll no está en absoluto impresionado por esa situación. Sostiene que, antes de la violencia, las condiciones de los mayas de las montañas estaban mejorando y lo que desencadenó las matanzas fue la presencia misma de los guerrilleros, una presencia que provocó una reacción brutal, opresiva y racista por parte de las fuerzas armadas de Guatemala. Stoll afirma que los guerrilleros siguieron una estrategia desastrosa al obligar a los campesinos a escoger a qué bando pertenecían, infiltrándose en sus movimientos, movilizándolos contra el ejército y creando las condiciones para una venganza feroz por parte de los militares. "Las columnas guerrilleras se engrosaron temporalmente con los supervivientes de los pueblos que ya no tenían a dónde ir", escribe Stoll, "pero quedó destruida la `base popular` de la que esperaban un flujo constante de maíz y de jóvenes".

Este argumento presenta algunas dificultades. Stoll no apoya, con datos estadísticos o siquiera con información anecdótica, su afirmación de que las cosas estaban mejorando para los mayas antes de que llegaran los guerrilleros. Su punto de vista contradice los estudios cuidadosamente documentados de historiadores como Susanne Jonas, quien describe de manera convincente la escasez cada vez mayor de tierras entre los mayas y una dependencia creciente de los trabajadores temporales mayas, mal pagados, en relación con las prósperas plantaciones costeras. Además, Stoll parece creer que, debido a que ha encontrado pruebas de que los guerrilleros iniciaron la violencia en la región de Rigoberta, debieron haber hecho lo mismo en todas partes. Este puede haber sido el caso o no. En el libro, esa cuestión no se explora en absoluto.

Naturalmente, Stoll tiene razón en insistir en que los guerrilleros acepten su parte de responsabilidad por haber iniciado los asesinatos; mas el hecho de establecer con seguridad quién inició la violencia no es tan simple como él lo hace creer. Por ejemplo, si bien la comisión de la verdad reconoce la existencia de la táctica guerrillera de la provocación armada, concluye que la respuesta del gobierno fue "totalmente desproporcionada respecto de la fuerza militar de la insurgencia". Más importante aún, la comisión argumenta que el gobierno metió "a todos los opositores bajo una misma bandera, democrática o no, pacifista o guerrillera, legal o ilegal, comunista o no" y, de manera deliberada, exageró la amenaza que representaban los guerrilleros para justificar el "aniquilamiento físico o la intimidación absoluta de esta oposición".

Por ejemplo, durante la dictadura del general Fernando Romeo Lucas García, entre 1978 y 1982, los escuadrones de la muerte patrocinados por el gobierno mataron a muchos miembros sindicales, organizadores campesinos y "catequistas" católicos o activistas. Con el fin de protegerse, algunos de los opositores del gobierno se unieron a lo que había sido, hasta ese entonces, una fuerza guerrillera insignificante. No obstante, parece estar claro que un ejército que ya había estado asesinando a sus opositores políticos durante más de una década no habría vacilado en atacar a los miembros de semejantes grupos de oposición aun si los guerrilleros nunca hubieran aparecido en la sierra. Además de su explicación para la región de Rigoberta, Stoll no presenta ninguna prueba que demuestre lo contrario.

En la Ciudad de Guatemala me reuní con Frank LaRue, un importante abogado de derechos humanos y antiguo activista sindical, quien apenas escapó a la muerte en 1980, cuando llegó tarde a una reunión en donde 27 colegas suyos fueron secuestrados y desaparecieron. "Durante el gobierno de Lucas García -me dijo LaRue- fueron asesinados 300 catequistas, 14 sacerdotes, una monja, ocho periodistas y cinco profesores de mi propia facultad de leyes. ¿Cómo puede uno decir que los guerrilleros fueron responsables de esto? ¿Cómo explica uno que el ejército los haya matado? ¿Qué tenían que ver ellos con los guerrilleros? El ejército simplemente no podía tolerar ningún pensamiento independiente, eso es todo. Tenían que aplastarlo".

Además, mientras Stoll establecía que la versión que hizo Rigoberta de la violencia no correspondía a lo que realmente sucedió, se topó una y otra vez con guatemaltecos, a quienes no les importaron las imprecisiones ni los inventos de Rigoberta, pues pensaban que su libro presenta una imagen esencialmente correcta de los horrores que experimentaron los mayas de Guatemala. Concluye que la historia de Rigoberta "satisface tan bien ciertas necesidades que el hecho de que sea verdadera o no es algo casi irrelevante". Escribe que tal vez ella haya narrado en primera persona historias que escuchó con el fin de "representar a la mayor cantidad posible de su gente". Un hombre oriundo de la región de Rigoberta le dijo a Stoll: "Hay muchas cosas que ella se apropió y que les sucedieron a los demás. Ella escribió lo que le sucedió a la gente como si... le hubiera pasado a ella... Ella habla de la realidad. Habla de cosas reales, de las matanzas, de las torturas. Supongo que si le dan el premio (Nobel), no lo tomará para ella... sino para su gente".

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