página principal el país el mundo dinero columnas
gente águila y sol medios ciberia
ensayo mañana tianguis libros
cultura espectáculos etcétera
dinero

Cuentas claras
Enrique Contreras Montiel

 

 

 

 

 

Crecimiento económico
Deuda presidencial

Ricardo Becerra

Cuando esto se publique, el presidente Zedillo habrá presentado su quinto Informe de gobierno. Resta poco más de un año a su administración y todavía es difícil aventurar una evaluación general porque su objetivo esencial, la prioridad de la política económica, quedará demostrada (o no) después de su gestión: si logra evitar que el país caiga de nuevo en una crisis al final de su sexenio.

En materia de conducción económica, Zedillo exhibe cuentas buenas, dada la manera como se inauguró como Presidente: ajustó con rapidez la tremenda crisis interna de 1994-1995, tiene a raya la inflación, apostó por un adecuado régimen cambiario y ha sorteado las peligrosas marejadas financieras globales, producidas desde Asia, Rusia y Brasil. Además, pudo mantener en equilibrio las finanzas públicas, el déficit gubernamental es razonable y ha montado un dispositivo especial, masivo y creíble, para blindar la economía en el tránsito político secular.

Desde el punto de vista de su programa, ha cumplido con aspectos esenciales: superó la crisis, consolidó los cambios estructurales heredados por las reformas liberalizadoras y emprendió otras transformaciones que ampliaron la base del ahorro interno. Pero la actual administración no puede exhibir buenas cuentas en el aspecto crucial: el crecimiento económico. Y en ese punto se emparenta con la herencia de sus predecesores: el bienestar prometido sigue en deuda.

En 1994 el producto interno bruto semestral era de mil 300 billones de pesos; en 1999 ronda los mil 480 billones. El aumento no es espectacular: apenas 2.5% de incremento anual promedio. El problema es que si en 1994 éramos 88.4 millones de mexicanos, en 1999 seremos poco más de 98 millones: la población aumentó más de 10.8%; un ritmo que la economía no pudo seguir.

Esto explica en gran parte que los hogares mexicanos ubicados debajo de la línea de pobreza sean más hoy que antes: en 1989 eran 39%; en 1998, 43%. Explica que el PIB per cápita sea en 1999 inferior al de 1994 (cuatro mil 486 dólares hoy frente a cuatro mil 707 de cinco años atrás); y explica también en gran medida que el número acumulado de personas que llegaron a la edad laboral y no tuvieron una opción de trabajo estable, en los últimos cinco años, ronde los 2.25 millones de mexicanos.

Sin crecimiento económico suficiente no habrá remoción de la pobreza, ni de la desigualdad, ni habrá bienestar que alcance o dure: sin crecimiento suficiente va a ser muy difícil que la sociedad mexicana vea el futuro, a la política económica como parte de un consenso suyo, como parte de su modernidad.

Sin crecimiento suficiente es obligado pensar en las alternativas al modelo, más allá de las doctrinas, las ideas fijas, las preferencias o las intransigencias. Sin crecimiento la búsqueda de alternativas seguirá siendo una necesidad nacional

Ricardo Becerra estudió Economía en la UNAM.

principal | correo | publicidad | búsqueda | suscripciones | anteriores