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textos Kale borroka Ciro Murayama
Son jóvenes, algunos apenas adolescentes, actúan sobre todo de noche, encapuchados, tienen consignas añejas, son los miembros de Jarrai, el brazo juvenil de ETA. La kale borroka (lucha callejera) sigue presente en las ciudades del País Vasco español y Navarra tras la tregua declarada por ETA en septiembre pasado. Consiste en lo que algunos han denominado "terrorismo de baja intensidad", es decir, amenazas telefónicas o pintas en las paredes de los domicilios, básicamente de militantes del Partido Popular y del PSOE, incendios a sus propiedades, acoso en las calles, golpes. El fenómeno viene recrudeciéndose en las semanas recientes: en Vizcaya, un explosivo destrozó el caserío de un concejal del PP y una empresa de trabajo temporal ardió con cocteles molotov; misma suerte corre la autoescuela del presidente de Unidad Alavesa en Vitoria; en Bilbao 15 encapuchados, al ser descubiertos haciendo una "pinta", enviaron al hospital a dos policías municipales con la mandíbula y el tabique nasal fracturados; la escolta del lehendakari Juan José Ibarretxe fue golpeada en una visita a la parte vieja de San Sebastián; una joven concejal socialista es sorprendida cuando pasea con amigos y 50 jóvenes la escupen, le dan patadas, manotazos en la cabeza, le gritan "carcelera", "asesina"; en Amorebieta el fuego irrumpe en la madrugada y consume parte de los juzgados; la noche del 20 de agosto inician las fiestas mayores en Bilbao, y como protesta porque ondeaba la bandera española junto a la de la Unión Europea y la del País Vasco, hay actos de sabotaje hacia ocho transformadores y una torre de electricidad que dejan sin luz parte de la ciudad. El anterior es un recuento breve de las acciones del último mes. En esta espiral de violencia, los actos son reivindicados como manifestaciones "contra el inmovilismo del PP" en el proceso de pacificación, o bien como acciones de apoyo a los presos, refugiados y deportados de ETA. El grueso de los partidos políticos con presencia en el País Vasco censura cada día el nuevo brote de violencia, pero Euskal Herritarrok (EH y antes Herri Batasuna) se niega a "entrar en una dinámica estéril de condena" pues, a entender de su portavoz Arnaldo Otegui, partidos como el PP y el PSOE no pueden exigir a nadie una "etiqueta democrática" y, en todo caso, les conmina a que firmen el reconocimiento de "un derecho tan democrático como la autodeterminación". A la vez, desde la izquierda abertzale, la del nacionalismo radical vasco, cada acto político protagonizado por no nacionalistas es una abierta provocación que afecta al proceso de paz: no está permitido el derecho a sentirse español y vasco, aunque las elecciones recientes confirmen que al menos la mitad del electorado se decanta por partidos de arraigo en el conjunto de España como el PP, el PSOE e Izquierda Unida. A la indulgencia de EH se suma también la postura titubeante del Partido Nacionalista Vasco quegobierna aquella comunidad autónoma, para quien las acciones violentas, si bien reprochables, son "actos aislados de chicos algo bebidos". A su decir, se trata de jóvenes un poco descarriados, pero con los que comparten un fin supremo: la creación de la patria vasca. Sus métodos no gustan pero están motivados por una causa noble, en todo caso son fruto de la negativa de los "otros" para permitir la autodeterminación; la culpa siempre es ajena y hacia los jóvenes sólo vale la comprensión, cosas de la edad. Así, para el mundo nacionalista el rechazo unánime y firme a la violencia sólo vendría a ser una cortina de humo para desviar la atención respecto del objetivo de modificar el Estatuto de Autonomía del País Vasco que se redactó en la Constitución de 1978, que ya consideran coyuntural e instrumental. Los habitantes del País Vasco y de Pamplona que no comulguen con el nacionalismo podrán seguir atemorizados por esos jóvenes del coctel molotov si desde el entorno "adulto" no dejan de ser funcionales, para sus metas, las noches de kale borroka. Porque así como no se hace turrón sin almendras, tampoco habría esa violencia sin teóricos del nacionalismo de pura cepa. Ciro Murayama es economista por la UNAM. Realiza estudios de postgrado en la Universidad Autónoma de Madrid. |
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