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UNAM
La agenda que viene

Adrián Acosta Silva

¿Qué pasará en la UNAM? ¿Cuáles serán los efectos del grave conflicto que mantiene en vilo a la institución desde hace cuatro meses y medio? Estas preguntas, y seguramente muchas otras más, surgen luego de los últimos acontecimientos que se han desarrollado dentro y en los alrededores del conflicto. Las posiciones maximalistas del ultrismo se han recrudecido, exacerbando las diferencias con otros sectores del movimiento estudiantil. Entre los académicos, la propuesta de los maestros eméritos para resolver el conflicto ha ganado adhesiones y consenso rápidamente, mientras que los últimos cinco ex rectores de la universidad realizaron un llamado al CGH para levantar el paro y dialogar para dirimir sus diferencias con las autoridades. Por otro lado, el presidente Zedillo se comprometió a utilizar los recursos legítimos del Estado para terminar con la huelga si hay una petición "democrática" de los universitarios. Se puede suponer que eso de "democrático" hace referencia a la posibilidad de que sea el Consejo Universitario, como representante de todos los sectores de la universidad, el que haga la petición formal.

Rotas las pláticas desde hace dos meses con los representantes de la rectoría, el ala dura del CGH ha entrado en el callejón sin salida del radicalismo, que ha terminado por romper las alianzas con los grupos moderados. La pesadilla hobbesiana se ha instalado en Ciudad Universitaria, frente a una comunidad y una sociedad cuyo estado de ánimo oscila entre el asombro, la irritación y la indiferencia. El grupo dominante en la huelga, que utiliza cada vez más la intimidación y la fuerza para mantener el liderazgo del movimiento, ha incrementado rápidamente su aislamiento, colocándose en una situación donde la creciente insatisfacción e indignación de muchos universitarios ha sido finalmente captada por las autoridades federales, en un gesto tardío pero indispensable para tratar de encontrar una solución al asunto. Mientras tanto, el gobierno de Cuauhtémoc Cárdenas, con su ambigüedad acostumbrada, se ha mantenido al margen de la solución del conflicto.

Pero más allá de los últimos hechos, importa reflexionar sobre las consecuencias que este conflicto tiene y tendrá en la UNAM. En primer lugar, el conflicto ha subrayado el carácter imaginario de la comunidad universitaria. La UNAM es la caótica relación entre grupos, tribus, microcomunidades académicas, administrativas, burocráticas y políticas, un sindicato reaccionario, y cientos de estudiantes cuyo código básico de comportamiento, dentro y fuera de la UNAM, es su capacidad de bloqueo de otros, no la excelencia académica ni la responsabilidad en el desempeño académico. En segundo término, parece claro que el problema central de la UNAM en términos de ejercicio de la autoridad y aplicación de la ley, no es tanto de estructuras de gobierno como del perfil de la gobernabilidad institucional. El rector es una figura muy débil, atrapado en la espesa red de equilibrios, intereses y pequeños conflictos que todos los días surgen en la UNAM. Cualquier grupo con mediana capacidad de movilización puede, con algunos elementos favorables, quebrar la estabilidad de la universidad y colocarse en una posición favorable para negociar sus intereses.

El paro ha evidenciado también la necesidad de construir un nuevo acuerdo en torno a las reglas y normas que deben regir la vida universitaria. La ambigüedad y la práctica inoperancia de las reglas existentes han estimulado comportamientos anómicos, donde el recurso del bloqueo y no de la aceptación o de la negociación, han generado "climas" o "ambientes" que propician la aparición de personajes siniestros como el "Roco" o el "Mosh". Además, es preciso romper con lo que se ha consolidado como una nefasta tradición universitaria: el temor a solicitar a las autoridades correspondientes el empleo de la fuerza pública para garantizar el orden universitario. Este, un tema tabú en la UNAM luego del 68, necesita ser urgentemente revisado para impedir que un grupo minoritario se apodere de las instalaciones de la universidad. El México de hoy no es el mismo del que existía hace 30 años, y un viejo recurso de la autoridad requiere sea puesto al día para devolverle la legitimidad perdida, e inhibir los chantajes y sabotajes en la UNAM. Ellos son sólo algunos de los puntos de la discusión que pueden incorporarse a la agenda "posthuelguística" de la UNAM

Adrián Acosta Silva es sociólogo. Doctor en Ciencias Sociales. Profesor-investigador de la Universidad de Guadalajara.

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