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El coronel ya tuvo quien lo filme
Salvador Sierra / Arturo Ripstein
Maravillado con la lectura de El coronel no tiene quien le escriba, aquel director "joven, bisoño y novato" pensó de inmediato en llevar la genial novela de Gabriel García Márquez a la pantalla grande. Tuvieron que pasar más de 30 años para que Arturo Ripstein pudiera concretar su proyecto. Con motivo del próximo estreno de El coronel... (16 de septiembre), etcétera sostuvo una charla con este cineasta. Entre otros temas, Ripstein habla del proyecto largamente acariciado y de la problemática del cine mexicano. Por su parte, Paz Alicia Garcíadiego, su guionista de cabecera desde 1986 reconoce, también en entrevista, el gran reto que significó adaptar al lenguaje cinematográfico a ese coronel "que tiene tantas caras como ejemplares hay". Finalmente, a petición nuestra Carlos Castillo López realizó su primera incursión en la obra de García Márquez: se trata de un vistazo a la novela del escritor colombiano desde la óptica de un nuevo lector. ¿Cómo surge el proyecto de El coronel no tiene quien le escriba? Este es realmente un proyecto antiguo. Recuerdo que cuando leí la novela en 1964 me gustó y me interesó tanto que pedí conocer a Gabriel García Márquez. Tiempo después, cuando trabajábamos en el guión de mi primera película, Tiempo de morir, basada también en un argumento de García Márquez, le comenté que El coronel no tiene quien le escriba me gustaba muchísimo y quedamos en que dicha cinta quedaría pendiente. Pasaron más de 30 años y ese proyecto se convirtió en realidad. García Márquez, después de tantos años, siguió viendo mis trabajos y llegó un momento en que aceptó que nosotros cogiéramos la película y la hiciéramos como mejor nos pareciera, porque no intervino, en absoluto, para la realización; no estuvo en el guión, en el rodaje, ni en los procesos finales y únicamente se presentó, en calidad de espectador, una vez terminada. ¿Hay diferencia entre Tiempo de morir y El coronel no tiene quien le escriba? Simplemente hay 34 años de diferencia. Cuando comencé yo era un director joven, bisoño y novato. No obstante, hay una serie de puntos de contacto entre estas dos películas: las dos son historias de viejos que pretenden crear ciertas realidades benéficas para ellos. Tiempo de morir es la historia de un viejo, vista por un director jovencito y El coronel no tiene quien le escriba también es la historia de un viejo, vista por un director viejo. Entonces, miro a mi personaje de frente y a los ojos. ¿Hasta qué punto se apegó a la historia de García Márquez? Cuento la misma historia pero desde mi óptica, aunque me apegué hasta donde fue necesario. Es la traducción de una novela a una obra cinematográfica, incluida una serie de elementos de diferencia, pero no es otra cosa que la novela. En alguna ocasión García Márquez afirmó que escribía para que lo quisieran sus amigos, ¿usted, para qué hace cine? También para que me quieran los amigos de García Márquez. ¿Es cierto que el cine de Ripstein es mejor recibido por el público europeo que en su propio país? Esto es una pena, porque finalmente he trabajado toda mi vida en México y soy de aquí. Lo que pasa es que no es rigurosamente un problema de mis películas, sino en general del cine mexicano. Yo he conocido a montones de personas que se jactan, incluso, de no haber visto nunca una cinta mexicana. En algunas ocasiones, en México, cambian ciertas actitudes y hay ciertas películas que tienen grandes éxitos, pero hay otras que tienen sus nichos en otros lugares. Ocasionalmente este es el caso de mis cosas y es una pena que no solamente mis cintas, sino las películas mexicanas tengan un público minoritario en México. Estamos muy invadidos por el cine de Hollywood y el gusto ha permeado determinantemente, pero no es mi responsabilidad hacer un cine complaciente para el público y que éste responda, porque nadie sabe cómo se logra esto. También es responsabilidad del público optar por un cine distinto del que se ve habitualmente. ¿También es responsabilidad de los distribuidores y de los exhibidores? Naturalmente, los distribuidores le ponen menos atención a una película que representa un riesgo infinitamente mayor que a las cintas ya asentadas como éxitos prácticamente seguros. Entonces, no solamente es responsabilidad de los distribuidores sino también del público. ¿Hace sus películas pensando más en el público extranjero que en el de México? Eso no es verdad. Yo no pienso en ningún público específico, hago lo mejor que puedo y sale lo que sale y es responsabilidad de quien va al cine optar por qué película ve. En el mundo entero la respuesta es hacia el cine de Hollywood, y es que se ha convertido en un simple pasatiempo; entre cierto público, ha perdido la posibilidad de ir más allá que la de ofrecer el mismo entretenimiento que un viaje en una feria. ¿Cómo vive la realidad de lo que está pasando con el cine mexicano? El cine mexicano no es una entidad abstracta que esté determinada por ciertas opciones. Finalmente, con seis u ocho películas anuales es el producto de obra individual. Entonces, no se vive una realidad específica del cine mexicano, salvo las enormes dificultades que padecemos todos. Lo que sucede con una industria o una ex industria, más o menos empobrecida, lo que padecemos en conjunto son las dificultades de financiamiento. Fuera de ello, cada uno de los que forman parte de esta entelequia, llamada el cine mexicano, hace lo que puede. ¿Es cierto que usted ha sido uno de los cineastas más favorecidos por el sistema gubernamental y que el fenómeno Ripstein, de alguna manera, ha afectado al cine nacional? Eso es algo que han dicho durante 34 años; entonces, yo tendría que haber sido más vigente y vigoroso que Fidel Velázquez. ¡Esa es una cabal y sorprendente imbecilidad! ¿Cómo es posible que yo haya sido beneficiado por seis regímenes presidenciales? ¡Esa es una estupidez sorprendente! Eso equivale a decir que Carlos Monsiváis o Carlos Fuentes son beneficiados por el régimen, simplemente porque siguen vigentes. ¡Esas son estupideces absolutamente crasas, con ganas de suponer que es gracias a la exterioridad que yo puedo seguir filmando! Yo tendría que haber sido uno de los hombres más poderosos que ha habido en la historia de México para lograr ese propósito. Llevo filmando 34 años por tenaz y tozudo y no porque me estén beneficiando únicamente a mí, además seis regímenes. ¡Por amor del cielo! ¿Qué opina de las nuevas generaciones de cineastas? Hay unos más brillantes que otros; hay algunos que producen la esperanza de que su obra será importante o determinante pero, específicamente, no se cuál sería un gran cineasta. ¿Qué cine ve y cuáles son sus realizadores favoritos? Veo todo lo que puedo. Le tengo puesto los ojos a los que todos conocemos. Cada vez que sale una película de Wenders, de Sokuro o de Lynch procuro verlas. No es una lista esotérica, sino que veo todo lo que puedo y le tengo puesto el ojo a ciertos directores que me gustan más que otros. ¿Y de los realizadores mexicanos? Trato de ver todo lo que se hace y finalmente no es tan complicado, porque se hacen tan pocas cosas. Pero, ¿me podría dar algún ejemplo? Prefiero no hablar al respecto, porque de pronto me gusta una película de fulano y la siguiente, de pronto, ya no me gusta nada. Pero aún no tengo puestas mis esperanzas en algún joven cineasta mexicano. ¿Qué piensa de los cineastas que se han tenido que ir a Hollywood? No es que se hayan tenido que ir, sino que se han querido ir. No es un problema de exilio el de los cineastas que se han ido a Hollywood. Su intención era irse y lo han logrado, pero no es que los hayan forzado a irse; no es que, como en México no pudieron hacer las cosas que quisieron, tuvieron penosamente que salir a Estados Unidos. Son los que querían irse, y muchos quieren irse a ese país, porque es un espejismo general y lo logran muy pocos. En el caso de Guillermo del Toro calculó que en México es más complicado hacer películas de efectos especiales o de los presupuestos necesarios para lograr el filme que él quiso hacer, entonces buscó sus opciones en Estados Unidos, pero no era un problema de disyuntivas. Generalmente en México no se hace cine sobre la historia reciente de nuestro país, ¿a usted le gustaría abordar esta temática? Sí, pero no una película de ficción sino documentales. La historia reciente del país necesita tiempo para consolidar estructura, o sea, para que el tamiz del arte pase por encima de eso. Lo inmediato, que es interesante desde ciertos puntos de vista, respecto al cine, tendría mejores opciones o mejor salida dentro del cine documental, que es importante y se ha visto relegado hasta llegar a la casi inexistencia. Por otro lado, no sólo es un problema de intereses particulares. Hay cineastas a quienes les mueve más lo inmediato que a otros. Yo prefiero contar otro tipo de cuentos y nunca he tenido una vocación de hacer un cine directamente político, en el sentido más amplio o más estrecho del término. ¿La censura también ha tenido que ver? Claro que también ha sido un frecuente obstáculo, porque si alguien quiere hablar de la corrupción gubernamental, de pronto, eso no se puede contar por problemas de censura o por problemas de autocensura, que son todavía más graves, o la censura económica que es aún más grave, porque te dicen no te doy dinero para hacer eso. Entonces es un tema que se ha dejado un poco de lado, además de que no se tiene cierta actitud en este país al respecto. ¿Ha enfrentado la censura económica? Muchas veces, pero no por problemas políticos, no porque yo quiera hacer una película sobre las componendas de ciertos partidos. He enfrentado la censura en el sentido que algunas de mis cosas son un tanto crudas y de pronto me dicen, por ahí no le dejo. ¿Qué opina de la nueva Ley de Fomento Cinematográfico en México? Mientras se defienda lo que nosotros estamos haciendo es muy bueno. Es una ley que ha producido enormes dolores de cabeza, porque finalmente se trata de defender nuestro patrimonio y cuando éste se defiende en contra de los intereses hegemónicos las cosas son muy complejas. ¿Cómo surge en Ripstein el oficio cinematográfico? Soy hijo de productor; crecí en los foros cinematográficos y me gustó mucho vivir dentro de ese medio. Pretendía quedarme, pero no sabía muy bien en qué categoría, hasta que me di cuenta que lo que pretendía era ser director. No sabía por dónde caminar hasta que vi una película de Buñuel y eso fue muy determinante en mi vida porque me dio la posibilidad de la opción. Es decir, el cine no solamente se hace de la manera A y B, sino también puede hacerse de la manera X-Y. Por ahí caminé y ésa fue mi primera influencia. Después vienen los gustos, las emociones, las pasiones y las películas que uno hubiera querido hacer. ¿Cuáles fueron sus influencias? En el caso de mi generación le puedo mencionar a Fritz Lang, Buñuel, Ford, Kurosawa, la nueva ola francesa, por un lado, y los italianos por otro; era un momento en que se podía optar con mucha mayor plasticidad que en este momento. ¿De qué forma influyó Buñuel en usted? En el aspecto estético y ético, porque mis películas se parecen muy poco a las de Buñuel. Lo que yo quería era hacer películas no como las del él sino trabajar como Buñuel. ¿Cómo vislumbra el proceso político que estamos viviendo los mexicanos? Es muy interesante porque en mi vida había visto la efervescencia y las singularidades que están ocurriendo. Es un momento francamente interesante de la vida política del país. En este momento pueden ocurrir cambios, transformaciones, que hasta hace unos cuantos años era difícil pensar. De los precandidatos a la Presidencia, ¿con quiénes se identifica más? No le puedo dar un nombre específico, pero busco las opciones del mejor país posible, que finalmente se llaman utopía o que no hay tal lugar. ¿Cuál es su tendencia política? Por supuesto que soy de izquierda, eso ha sido claro a través de mis trabajos. ¿Qué nos puede comentar acerca de sus próximos proyectos? Tengo un pequeño proyecto que espero realizar este año, se trata de un video que queremos llevar al cine, y en septiembre voy a poner en escena una ópera de Strauss. Asociaciones de Ripstein Cine Mexicano: Virtual. Oscar: Pedro. Hollywood: Guillermo. Intelectual: García Márquez_ no, porque ése es el menos intelectual de los intelectuales; entonces, Monsiváis. Buñuel: Padre y señor nuestro. Política: Es muy complejo, pero sería complejidad. Amor: Cine. Sexo: Sudor. Cannes: Perros. Mujeres: Sí. Vicios: Menores. Televisión: Bien. Historia: Mal necesario. Sociedad: Bien necesario. Consumo: Vocación. Familia: El término sería difícil. Pecado: La mejor opción narrativa. Muerte: Culminación de la opción narrativa. Democracia: Opción estadística. Crítica: En su acepción de los principios griegos, fundamental. Religión: Historia de las ideas. Sentimientos: Inevitables. Injusticia: Espléndida opción narrativa. Fortuna: Le corresponde a otros. Compromiso: Intereses ajenos a la vocación. Autoridad: Dificultad. Ocio: Placer. Principio: Y fin Salvador Sierra es periodista. |
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