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La Procu del DF, puro show Pablo Hiriart
El caso Stanley, presentado como la prueba de la eficacia de las autoridades judiciales capitalinas, se desmorona. Mario Bezares, señalado como el presunto autor intelectual del crimen, ya está en su casa. Arraigado, pero en su casa. Tal vez tenga responsabilidad en el crimen, tal vez no. No lo sabemos. Lo que sí está claro es que hasta el momento no se ha sostenido ninguna prueba en su contra. Todas han sido llamaradas de petate, infladas por medios de comunicación. Primero se exhibió por todos lados una supuesta paternidad de Stanley sobre un hijo de Bezares. Se hizo sin el mínimo recato ante el daño irreparable que se le causaba a un niño al exponerlo ante los medios de comunicación como la causa del crimen, e hijo de alguien que supuestamente no es su padre. La Procuraduría de Justicia del Distrito Federal filtró el dato, y luego se echó para atrás cuando la esposa de Bezares pidió que su hijo fuera sometido a la prueba del ADN. Ese niño fue la primera víctima de una investigación judicial hecha para ganar puntos ante los medios de comunicación, para aparentar eficacia ante la opinión pública. Sin embargo, la fabricación se cayó. Al fracasar la teoría de la supuesta paternidad de Stanley sobre un hijo de su compañero de programa y ahora sospechoso oficial del crimen, de inme diato se tejió otra. De nueva cuenta la Procuraduría capitalina filtró que Mario Bezares era amigo de los hermanos Amezcua, los "reyes de las anfetaminas", y que los había ido a visitar a la cárcel. Stanley habría sido asesinado porque les debía un dinero a los Amezcua, según se filtró desde las instancias oficiales. Hasta donde se sabe, no hay relación entre Bezares y los hermanos dedicados al tráfico de anfetaminas. Por lo menos, no hay ningún dato público que corrobore esa supuesta amistad. Dice Bezares que no los conocía y que nunca los vio en el reclusorio. ¿Qué prueba hay de que los visitó en la cárcel, o de que los conocía? Ninguna. Si la hubiera ya se habría dado un careo entre los narcotraficantes y Bezares. Pero el enredo no termina ahí. Alguien dio el "pitazo" a la Procuraduría de Justicia capitalina de que el asesino de Stanley era el "Cholo", porque se parecía al retrato hablado de uno de los criminales. Como parte del show, la Procu del DF detuvo al "Cholo" en una acción en la que un periódico amigo suyo fue invitado a la captura para tener la exclusiva y cabecear a ocho columnas que la PGJDF había detenido al asesino de Stanley. A cambio recibió carretadas de elogios y afirmaciones categóricas de que, ahora sí, había eficacia en la Procu. Puro show, pues del "Cholo" no tenían más referencias que el parecido con el retrato del asesino, y nada más. Al ser entrevistado, el "Cholo" dijo que recuerda bien el día del crimen, y que estuvo en un taller de bicicletas, ayudando en unas reparaciones. Los trabajadores del taller dicen que, en efecto, el "Cholo" estuvo con ellos ese día. El castillo de naipes sobre el cual se construyó el esclarecimiento de un crimen ha comenzado ha desmoronarse. Todo indica que muy pronto se confirmará que todo fue un montaje para ganar puntos ante la opinión pública, y no para resolver el homicidio del conductor de televisión
Pablo Hiriart es director general del periódico Crónica. |
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