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Chávez
Joel Hernández Santiago
El hombre no es carismático de fuste ni tiene la mejor oratoria del mundo. Es, por decirlo así, un personaje con más pasión que razonamiento y con más argumentos sustentados en verdades que verdades a toda prueba. No obstante, Hugo Chávez, el presidente de la República de Venezuela desde el 6 de diciembre de 1998, es una especie de caudillo político y figura mesiánica de las que parecía no surgirían al concluir el siglo XX latinoamericano pero que, sin embargo, tiene arrobados a los venezolanos que en una considerable mayoría ven en él al salvador de los pobres y luchador de la justicia que les fue arrebatada durante 40 años de gobiernos inescrupulosos. Es Hugo Chávez el mismo que tiene preocupados a algunos líderes latinoamericanos por el riesgo de que, dicen, la política chavista pudiera extenderse al ámbito sudamericano y de quien los estadounidenses han dicho que ya rebasa los espacios de la política ortodoxa para utilizar su poder en derrocar a las instituciones democráticas de su país aunque, para él, lo que hace tiene la ruta de una revolución pacífica para dar forma a una V República de lo que podría ser la República Bolivariana. El hombre que nació en el estado Barinas en junio de 1954 y estudió en la Academia Militar venezolana, de donde egresó en 1975 como subteniente y quien más tarde estudió Ciencias Políticas en la Universidad Simón Bolívar es, a decir de sus seguidores, "esforzado, humilde, sencillo y cojonudo", aunque muchos recuerdan también al "Centauro de los llanos" como el hombre que el 4 de febrero de 1992 encabezó en Venezuela a unos diez mil efectivos militares con la intención de derrocar por la fuerza al gobierno socialdemócrata de Carlos Andrés Pérez, a quien acusó de corrupto y del empobrecimiento del país. Su fracaso en aquella ocasión es conocido, pero no lo es tanto que durante su exilio se preparó y se fortaleció para regresar, luego de ser amnistiado, y retomar el camino de la política, esta vez por la vía electoral. En 1998, el "golpista" consiguió llevar a cabo una campaña por la Presidencia de su país sustentada en sólo dos propuestas: la creación de una nueva Constitución y la erradicación de la corrupción, la pobreza y la injusticia. Eso fue todo. No obstante, Chávez supo aglutinar en su favor los índices en los que sustentaba sus dichos: en 1992 el desempleo en Venezuela era de 7.1%, en 1997 ya era de 12.4%; la pobreza extrema en 1992 era de 35.8% mientras que la global era de 37% y en 1997 era de 65%, al tiempo que las exportaciones en el primer año eran de 17.5 mdd para ser 22.8 mdd en 1997 y por importaciones 7.3 mdd en 1992, mientras que éstas aumentaron a 10.2 en 1997. Se dice que su modelo de acción política tiene que ver con un ideal revolucionario que para algunos está rebasado pero que para muchos otros aún tiene grandes posibilidades: el socialismo a la manera cubana de Fidel Castro y el control legislativo a la manera de Alberto Fujimori. De hecho, eso se atribuye a su exilio en Perú y a haber sido testigo del desafuero legislativo que el Presidente peruano ordenó durante los años críticos de su gobierno y es, también, un heredero de la política populista de Juan Domingo Perón en Argentina. Como quiera que sea, ya en el gobierno Hugo Chávez inició su procedimiento de desmantelamiento de la vieja estructura institucional, para lo cual el 25 de julio llevó a las urnas a la población nacional para votar en favor de un Congreso Constituyente y de la composición de éste. Sin duda, el triunfo fue arrollador y la configuración del Constituyente recayó en una mayoría afín al Presidente venezolano y al cual, en un acto que para muchos fue el sumum del populismo chavista, entregó el poder para que fuera éste quien decidiera, como representante de los venezolanos, si continuaría en el gobierno, lo cual por supuesto ocurrió pero, también, sirvió para fortalecerlo y para iniciar un proceso de "emergencia nacional" por la cual las instituciones del país se pusieron a disposición del Congreso recién elegido. Ya lo había dicho durante su campaña: "... la Asamblea Nacional Constituyente es de soberanía plena y en el proceso de refundación de la República, debe reestructurar el poder constituido", y será esa nueva República la que enfrente con firmeza el reto del futuro e inicie la reconstrucción de un país democrático, soberano, pacífico y próspero, dijo alguna vez. Así, para el caudillo venezolano, el Estado eficiente debe ser rector de las políticas, promotor y estimulador del desarrollo, que garantice la paz interna, la justicia social y la seguridad jurídica mediante un Poder Judicial autónomo e imparcial y un Congreso genuinamente representativo. Debe ser -según su criterio- un Estado que devuelva a la sociedad formas de participación confiscadas por esquemas centralizadores y que disponga de una administración pública ágil, flexible, de cara al ciudadano, orientada hacia el logro de objetivos y no al control de procedimientos. La política de Hugo Chávez camina al filo de la navaja, entre el populismo peligroso y la aspiración de hacer un gobierno en donde él sea el caudillo máximo que habrá de transformar el delirio actual en hechos que beneficiarán a esa República Bolivariana con lo que ésta tiene de expansión y de unidad latinoamericana. En la política de Hugo Chávez hay más peligros que certezas, pero tanto el gobierno como la mayoría de los venezolanos viven un romance que, ojalá no, podría concluir en tragedia y dolor Joel Hernández Santiago es periodista. Ha colaborado en diversas publicaciones e instituciones. |
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