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El Aleph

Raúl Trejo Delarbre

Hace pocos días, la versión electrónica de este semanario estuvo fuera de circulación por desperfectos técnicos que, quizá, nos lleven a hacer definitiva la desaparición de etcétera en línea. Nuestra experiencia en la Internet ha sido satisfactoria por los amigos que se han habituado a consultarla en ese sitio, pero infructuosa por la falta de patrocinio económico y, especialmente, por nuestra incapacidad para aprovechar todas las posibilidades de comunicación y retroalimentación que permite la red de redes.

Esa circunstancia le da al autor de esta columna pretexto para reproducir, en este espacio, la entrevista que, desde La Coruña, nos hizo hace unos meses la periodista española Mónica Pérez para la página electrónica Canal Comunicación.

Quizá no sea tan temerario ocuparnos del ciberespacio en una edición en buena medida dedicada a Jorge Luis Borges. Nadie como él imaginó, desde la escritura, las posibilidades de la Internet. ¿O no se asemeja, la red de redes, al Aleph omnipresente y vertiginoso que anunció aquel argentino maravilloso y ahora centenario?

 

¿Cómo ve la situación del mundo de las redes en la actualidad, en relación con sus reflexiones cuando publicó La nueva alfombra mágica en 1996?

Creo que, en lo fundamental, la Internet ha experimentado pocos cambios significativos desde entonces. Sé que a los partidarios de la revolución tecnológica y cultural permanente, que encuentran transformaciones drásticas a cada momento, esa afirmación puede parecerles una herejía. Sin embargo, hoy en día la situación de la red de redes es casi idéntica a la de hace tres años excepto por el evidente crecimiento de los sitios y los usuarios. Las tendencias y los problemas que el libro destacaba como principales se mantienen: usos y abusos de las redes, intentos de legislación vs. libertad en el ciberespacio, contenidos educativos e informativos frente a basura y mal gusto, etcétera.

Se ha considerado que la influencia estadounidense supone tecnología de punta para los países de Iberoamérica. Sin embargo, en muchos aspectos siguen siendo países del sur, con poca cultura informacional (en palabras de Alfons Cornella), desigualdades sociales, nivel de alfabetización bajo... ¿Cuál es su perspectiva desde México?

Por varios motivos, especialmente nuestra vecindad con Estados Unidos y el relativo pero real desarrollo económico mexicano, estamos muy al día con las innovaciones tecnológicas. En México, por ejemplo, la Internet era una realidad antes que en España y mucho antes que en Francia aunque ahora, desde luego, la proporción de usuarios respecto de la población sea mayor en Europa. Igual que en Estados Unidos, aquí el principal apoyo para el desarrollo de la Internet provino de las universidades aunque después, la participación de empresas privadas ha sido más lenta que allá.

No puede decirse que tengamos "poca cultura informacional". Lo que sucede es que esa cultura está menos extendida en la sociedad en comparación con otros países. Las posibilidades de acceso a la red, la disponibilidad de equipos, el costo de la conexión telefónica y otros requisitos técnicos y materiales están menos extendidos en México que en cualquier nación de mayor desarrollo económico. La informática, en alguna medida, sigue siendo asunto de élites aunque se trate de un conocimiento que se extiende con rapidez.

Lo que ocurre en ese panorama de desigualdad, entonces, es la creación de dos zonas de la sociedad en donde hay conocimiento informático pero con diferente profundidad. Hay un segmento amplio al que pertenecen muchos jóvenes que acuden a escuelas de informática (computación, le decimos por estos rumbos) pero en donde sólo aprenden rudimentos muy generales: saben usar un procesador de palabras pero de generación no muy reciente, por ejemplo. Y tenemos otro segmento, formado en las principales universidades, de técnicos cuyos conocimientos son de punta, competitivos con los de los técnicos estadounidenses. De hecho, en el mercado laboral en EU hay una creciente demanda de técnicos y especialistas en donde los mexicanos encuentran acomodo muy rápido.

El problema del rezago educacional que usted menciona es el fundamental. Al mismo tiempo que tenemos decenas de miles de especialistas en informática, siguen sumando millones los jóvenes con escolaridad incompleta o insuficiente. Tenemos, valga la redundante obviedad, una sociedad desigual. La Internet no es culpable de ello, pero esa desigualdad se refleja también en la red de redes.

Manuel Castells opina que más que hablar de Sociedad de la Información se debería hablar de Sociedad Informacional. La diferencia entre ambos conceptos está en que la información como comunicación del conocimiento siempre ha existido. ¿Cuál es el concepto más apropiado para referirnos al momento actual? ¿Realmente ha llegado la denominada Sociedad de la Información?

Creo que ha llegado, y no sólo gracias a la Internet, desde hace algún tiempo. Pero esa sociedad no se trasmina al conjunto de la población de cada país.

Lo que tenemos es una Sociedad de la Información, o como queramos llamarle, integrada por las élites que en cada país tienen acceso a nuevas tecnologías, participan del consumo y eventualmente la generación del conocimiento en las más diversas ramas y disciplinas y están ligadas o forman parte de los circuitos en donde se toman las decisiones políticas y económicas.

Puede ser discutible, como dice Castells, el término "Sociedad de la Información" porque para algunos supone la existencia de receptores que sean a su vez productores de mensajes de calidad. ¿Es "información", en ese sentido, la que nos llega a través de la CNN? A esa cadena de noticias la vemos sólo unos cuantos centenares de miles, no millones en todo el mundo (excepto en los momentos de noticias más dramáticas). Sin embargo, la influencia de lo que se transmite por ese canal es muy superior a la audiencia misma que tiene, debido a que muchos o algunos de esos televidentes están en posibilidad de propagar e incluso emplear, para decisiones relevantes, ese contenido noticioso.

Cuando se habla de las posibilidades de Internet se alaba la ingente cantidad de información que viaja por las redes. ¿Es necesario que los profesionales de la comunicación tomen conciencia del papel que deberán desempeñar como gestores de la información en la sociedad de las redes y las nuevas tecnologías?

Creo que es necesario, antes que nada, que aprendan a aprovechar la Internet, lo cual no sólo requiere destrezas técnicas sino también capacidad para evaluar el contenido que pulula por la red. La ética profesional, y la responsabilidad, hacen falta en el manejo de cualquier medio; también en la Internet.

La semana pasada se anunció que la suscripción al periódico Wall Street Journal en Internet durante un día costaría 1.95 dólares. ¿Confirma este anuncio los presagios del camino que seguirá la prensa digital?

Ese anuncio constituye un retroceso en la mercantilización del contenido en la red. El WSJ vendía el acceso a su página por varias decenas de dólares al mes. El hecho de disminuir el pago, aunque por día el precio es mayor, es un reconocimiento de que la empresa Dow Jones, editora del Journal, no ha tenido el éxito que esperaba.

Por las mismas fechas se anunció que la revista electrónica Slate, editada por Microsoft, dejará de cobrar el acceso y será gratuita como hasta hace poco más de un año. La venta de contenidos no parece ser, al menos ahora, el mejor negocio para la prensa digital.

De hecho, aún está por verse si los editores realmente pueden hacer dinero a través de la Internet y de ser así, será fundamentalmente por la venta de "banners" u otros espacios publicita rios. Hasta ahora, la Internet ha sido sitio de promoción y divulgación, pero no de recaudación financiera para la prensa.

¿Autorregulación o control por parte de Estados en Internet?

Los Estados no pueden controlar la Internet. Pueden vigilar, a veces incluso sancionar, la colocación de material ilegal o la comisión de delitos a través de la red. Pero el control legal no es remedio para la circulación de contenidos que sean o puedan ser considerados ilícitos. Quizá tampoco la autorregulación sea del todo posible, en una colectividad (o mejor dicho, en una suma de colectividades e individualidades) tan extensa y compleja como la que tenemos en la red. Lo que necesitamos, entonces, es tolerancia y vigilancia.

A menudo los periodistas informan de los contenidos degradantes que existen en Internet. Por el contrario, casi nunca se informa de las bondades de este nuevo medio. ¿Son los medios culpables de la "mala prensa" que se hace de Internet?

Los medios son culpables de la "mala prensa" de muchos actores e instituciones sociales, ya se sabe que las malas noticias son las mejores noticias. Pero la prensa no inventa, aunque sí magnifica a veces los rasgos escandalosos de la Internet. Los abusos y las infracciones a través de la red allí están y, por cierto, su propagación en la prensa convencional lejos de amedrentar ha incrementado el número de usuarios de la Internet.

Comparto su apreciación: la imagen de la Internet en otros medios es parcial y no refleja la versatilidad ni las complejidades de la red de redes. En su relación con los medios convencionales, la Internet es más generosa con ellos que ellos con la red de redes. Quizá hay cierta rivalidad que apenas se manifiesta: el conservadurismo de The New York Times para referirse a la Internet ha sido en ocasiones escandaloso. ¿No será que la prensa tradicional comienza a preocuparse por la competencia que, en perspectiva, le significará la red de redes? ¿No se estará mirando con recelo excesivo al hermano menor que es la Internet por miedo a que desplace a los medios convencionales? Aún es pronto para saberlo, pero me doy cuenta de que he llegado a un punto difícil: si hablo de hermano menor tengo que reconocer que hay un Hermano Mayor y como me estoy metiendo en complicaciones, creo que es momento de agradecerle su interés para que hayamos tenido esta conversación a distancia


Raúl Trejo Delarbre es director del semanario etcétera

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