![]() |
el país | el mundo | dinero | águila y sol |
| medios | ciberia | gente | mañana | |
| tianguis | libros | cultura | espectáculos |
|
puros cuentos
Patricia Arce
Miriam Mabel Martínez
Ana Francis Mor
Fernando Maldonado M.
Julio Chávez Sánchez
![]() |
Taxi. "Ninguno se apiada de mí" Sofía Mercado
algo del edificio a los vapores de las calles llovidas. Me llega el tufo de motores encabritados, un olor a caño, un olor a polvo apaciguado. Trato de abrirme paso entre la gente, empujo, me hacen a un lado, me pisan. Necesito encontrar un taxi, pero en esta ciudad a las seis de la tarde… En la esquina de Isabel la Católica y Netzahualcóyotl veo un puesto de esquites. Pido unos con mucho limón, los espolvoreo con chile piquín. Sigo caminando. Trueno los granos de elote entre los dientes. El tentempié me distrae, mitiga la angustia de no llegar a tiempo. Total, si me tardo, que se esperen. Me empino el vasito en la boca, saboreo las últimas gotas del jugo de limón, los granitos picosos de sal. En el estanquillo pido una Coca-Cola, me la bebo casi sin respirar. Luego, ni modo, hay que seguirle, aunque los pies no den para más. Maldigo la hora en que se me ocurrió comprar estos zapatos, mugres tacones, como que ni los quince centímetros me elevan a una altura decente para alcanzar a ver, asomarme y hacerle la parada a algún taxista. Voy a llegar bien tarde… Ya no soporto el airón ni tanto rozar gente apurada y sudorosa ni estos perros raquíticos que se me embarran a las piernas. Doy vuelta a la derecha. El callejón: vacío, oscuro. Aquí sí le corro, no vaya a ser que un tipo se me eche encima y entonces, ni quien me oiga. Me tuerzo el tobillo pero no me detengo y encima me doy ánimos: "Apúrale Lupe, tú puedes". Llego a la calle de Madero y me emociono de ver abierta la joyería, la Palacios. No tengo dinero, pero por ver no cobran y yo sueño con la gargantilla del aparador y ya me imagino luciéndola en mi cuello liso pero prieto. Si supiera de una crema blanqueadora… ya me habían dicho que la pomada de la Campana con un chorrito de limón era milagrosa. La comadre la usaba para quitarse el paño pero, quién quite y aclare. Y hablando de milagros, hace tanto que no voy a la Iglesia. La última vez que fui a confesarme salí tranquila, como si me hubieran quitado un peso de encima y es que hay de pesos a pesos, porque el de las caderas, ese mi chula, nadie te lo quita, ni yendo a bailar a Chalma. ¡Taxi! ¡Taxi! Por lo menos no salpique, baboso. Eso de los bailes me encanta pero, ¿hace cuánto que no bailo?, ¿cuánto? Pero ya es hora, voy a decirle a las vecinas que cooperen con la comida. Yo voy a convencer a los cuates del conjunto, ese de Los Tropicales, tal vez hasta les saque las primeras piezas de a gratis. A ver si quieren, ahora ya lo único que quiero es sentarme un rato. Me recargo en un poste. Veo pasar un taxi, dos, tres, ninguno se apiada de mí. De perdida un pesero, digo yo, pero van tan cargados que parecen vacas antes de parir. Carajo, hasta dan ganas de pedir un aventón. Otra vez va a soltarse el aguacero, me lleva… A lo lejos, por la misma calle veo el edificio de azulejos. Casi puedo saborearme el rollo de canela y el chocolate caliente pero… ¿con qué?, sólo me queda lo del pasaje y este papel arrugado donde mi jefe me anotó su domicilio: santo y seña de un viejo raboverde que aquel día me dijo: "Piénselo, Lupita, y si se anima, ya sabe dónde encontrarme". Ya parece que le ibas a estar hablando, si di que antes pudiste zafarte a tiempo cuando te apretó bien fuerte con sus brazotes; si di que Dios te iluminó con eso de que tu esposo te esperaba en la recepción. Recepción la que van a darte en la casa. Mira la hora que es, Lupe, cómo pierdes tiempo buscando un coche. Si no encuentro un taxi pronto, les voy a hablar. Por lo menos para saber cómo están La Chata y el niño… no sé por qué me fui a casar con ese bulto, no sirve ni para calentar las sábanas, bueno eso sí; infeliz, deberías echarle un vistazo a los niños cuando no llego a tiempo para darles la merienda, sabes lo difícil que es conseguir transporte. Bueno, sabías, porque desde que te compraste la carcachita ésa en la que andas, te vale un pepino cómo le hago yo para moverme. ¿De qué te ríes, Lupe, de qué? Claro, eres una alburera, tienes la mente cochambrosa, tu maridito no sabe nada de entibiar meriendas, pero qué tal calienta faldas, y no es eso lo que te da risa, no eso no… pero… ya de plano, suelta la carcajada. Las calles están llenas de locas como tú. ¡Taxi! ¡Taxi! Chin, me lo ganaron por andar distraída, pensando estupideces. Ya empezó a llover. Las gotas me resbalan por la cara. Siento cómo me escurre el rímel de las pestañas. Cómo me dan ganas de llorar, palabra, con qué ganas me pondría ahorita mismo a llorar. No sé ni para qué pienso en ti, ni siquiera sabes por lo que tengo que pasar todos los días. Tanto apuro y a lo mejor ni has llegado a la casa. A lo mejor andas gastando el poco dinero que ganas en alguna vieja… Si no fuera por los niños, de buena gana te pintaba el cuerno. Hace años que me repugnan tú y tu cuerpo, tu aliento alcohólico, los olores de colonias baratas de las mujeres baratas que tienes impregnado; eso más tu cuerpo encima de mí, aplastándome, recordándome a cada momento, en cada gemido que no soy más que tu sirvienta. Ahí viene un taxi: ¡Taxi! ¡Taxi! ¡Libre! Por fin. Me subo, me pregunta a dónde voy, le doy la dirección de mi casa. "Está empapada seño, séquese con este periódico si quiere, por lo menos… Empapada me quedo yo tendida en la cama apaciguando las ganas, viendo cómo te levantas tú con las ganas satisfechas escurriéndote entre las piernas. Al diablo contigo, al diablo con la tormenta de seguir viviendo así… –¿Decía seño? –Digo que dé vuelta. Me acordé que voy a otro lado, mire… Abro mi bolsa, busco el papel arrugado y se lo doy al taxista: "Esta es la dirección, necesito que me lleve"
|
|
|
|