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Washington Consensus Guía para entender neoliberales Ricardo Becerra
Situémonos a la mitad de los años 70 y comienzos de los 80. El mundo estaba atravesando una crisis mayor, un trastocamiento de todo lo que había sido "normal" durante casi 30 años: se multiplicaron los precios del petróleo; se endurecieron las políticas monetarias de los países industrializados acreedores (sus monedas se volvieron caras); incremento de la deuda a partir del aumento de las tasas de interés (casi 50%); caída de los precios de las exportaciones de los países endeudados; un cambio radical en los flujos de capital (los recursos se iban de los países pobres a los ricos). ¿Resultado? Un deterioro profundo de la solvencia de los Estados, déficit en la balanza de pagos, estancamiento, inflación galopante: muchos gobiernos del Tercer Mundo (así se les llamaba entonces) entraron en una profunda crisis fiscal. Era la hora de los neoliberales: sus diagnósticos cuadraban con la realidad; es más, eran ellos los que hacía años venían advirtiendo sobre los peligros de los Estados grandes, de las estrategias proteccionistas, de la excesiva regulación, del tremendo endeudamiento y del enorme gasto de los gobiernos. El pensamiento neoliberal ofrecía una explicación a lo que estaba pasando y, mejor, tenía recetas para remediarlo. En América Latina y Estados Unidos se fermentó y se expandió una discusión política e intelectual que tuvo un momento cumbre: 1990. En Washington DC, representantes de organismos internacionales, académicos y funcionarios de América Latina y el Caribe, se reunieron en un foro auspiciado por el Instituto de Economía Internacional para evaluar el progreso económico de la región. No se crea que fue un encuentro sectario: había economistas estructuralistas, keynesianos, incluso marxistas. Pero la reunión demostró que la hegemonía intelectual (los estudios, argumentos, evidencias y, sobre todo, el apoyo de los organismos internacionales) había pasado al bando liberal. Ese cónclave produjo un recetario de política económica que prometía, en definitiva, sacar de su crisis a los países latinoamericanos. Y casi todos los asistentes, neoliberales y no, estuvieron de acuerdo con las recomendaciones; por eso John Williamson, un entusiasta economista promotor de esa reunión, lo llamó "Consenso" de Washington. La reforma económica neoliberal ya estaba en marcha en México antes de esa reunión. Tal y como lo recuerda Ludolfo Paramio o, por su lado, Juan Carlos Torre, "el Consenso de Washington era más una sistematización de lo que se estaba haciendo a duras penas, sobre la marcha, que una formulación previsora del futuro económico". Con todo, los resultados de esa reunión orientaron programas de estabilización y reformas económicas estructurales más allá de América Latina. Aquí y allá, los efectos de su aplicación fueron inevitablemente duros: desempleo, reducción de salarios reales, cierre de empresas, disminución del consumo y la demanda. El Consenso de Washington no ocultaba que sus recetas inyectarían "temporalmente, sangre, sudor y lágrimas" a las sociedades en terapia neoliberal; pero luego, decían, vendrá la recuperación del crecimiento. ¿Han valido la pena sus recetas? ¿A casi diez años, el famoso consenso ha cumplido su promesa? Más importante, ¿la va a poder cumplir? Lo veremos en la próxima entrega
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