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la granja
Sería el desastre nacional Pablo Hiriart
Alianzas sin tradición Adrián Acosta Silva
Campa Cifrián Edgardo Bermejo Mora
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1 La tatarabuela Raúl Trejo Delarbre
Estamos cercados por momentos perentorios. El sensacionalismo mediático, la confusión de ideas y las ínfulas desbordadas de cada grupo o cada personaje que no quiere dejar de serlo, nos dan noticia, a cada momento, de acontecimientos terminantes. Cada episodio, por relativo o incidental que parezca, se nos muestra como parteaguas. No hay elección reciente, no sólo nacional sino aun en el más modesto municipio, que no reciba la denominación de trascendental, o definitoria. Hace varios comicios que, cada tres años, se habla de "la madre de todas las elecciones": así le decían a la de 1988, o sea que la del 2000 tendría que ser, la tatarabuela. Quizá ese calificativo no sea tan desproporcionado. A fuerza de estar enfrentados a hechos que se pretende son contundentes, muchos ciudadanos estamos tan exhaustos como un tatarabuelo que mira con cierta simpatía, pero sobre todo aburrida fatiga, las travesuras de los tataranietos. La diferencia, claro, es que los comicios no son juego de niños. 2 Sin mayúsculas
Pero quizá no sea tan mala idea: la tatarabuela de todas las elecciones. Hasta que, en el apogeo de la fatiga, alguien entienda, o dictamine, que ha llegado el momento en que no hace falta que cada elección sea La Batalla Final, ni La Revancha de la Historia, ni El Asalto al Cielo. Cuando tengamos acontecimientos políticos a los cuales nos podamos referir con sencillez, sin impostada grandilocuencia, quizá sea porque hayamos arribado, de veras, a la democracia. Entonces los partidos dejarán de ser protagónicos para fundirse con los ciudadanos, los medios tendrían otros motivos para asombrar y lucrar, las urnas no requerirían tantos candados ni serían vistas como el caldero del diablo y, ni modo, los comentaristas políticos estarían obligados a ocuparse de asuntos menos culminantes, pero más entretenidos. Cuando a los asuntos públicos se les designa de manera tan ampulosa en ocasiones se debe a que, a falta de explicaciones suficientes, se elige el principio de autoridad. Ese recurso se traduce en frases apantalladoras, comenzando por la manera de presentarlas. Decimos, y escribimos, La Revolución Mexicana, La Presidencia de la República, La Transición Democrática, en grandilocuentes y contundentes mayúsculas. Acaso, cuando cada comicio deje de ser La Madre de Todos las Sufragios, podremos pensar que, ahora sí, hemos podido avanzar en nuestra accidentada y después de todo modesta transición democrática –así, con minúsculas–. 3 Predicciones
Varios de los asuntos políticos de los días recientes son presentados como si estuvieran al borde de grandes definiciones. Se dice que esta es la semana para que los partidos de la oposición decidan si llegan aliados a las elecciones del 2000. Se asegura también que, ahora sí, llegó el momento para una definición en la huelga de la UNAM. Y por si fuera poco, hay quienes están convencidos de que este miércoles, con el eclipse en Europa, habría llegado la hora del fin del mundo. Ocupémonos de lo que se puede. Alianza partidaria y huelga universitaria son dos procesos que, cada uno con sus notorias peculiaridades, han creado tal tensión en la sociedad que posiblemente al cabo de varias semanas la gente les pierda el interés, o no se preocupe del desenlace de cada uno de ellos. El PAN y el PRD, cada uno con sus propios motivos, han asegurado que es ahora o nunca: sólo juntos, aseguran, estarán en capacidad de vencer incuestionablemente al PRI. La ventaja de las aseveraciones terminantes es la sensación de energía que dejan: "ésos sí quieren", o incluso "ésos sí pueden", llega a pensarse. El problema con esas afirmaciones viene cuando no se cumplen. Muchos políticos y personajes (incluso, aunque en un plano muy menor del escalafón público, no pocos comentaristas políticos) a menudo actúan como si la gente no tuviera memoria, o como si las hemerotecas fuesen nada más para que los niños de secundaria hagan la tarea. Dicen, prometen, o pronostican con tal certeza que pocas veces resisten la confrontación con sus propios dichos. Si sus presagios se cumplen, ellos se encargarán de recordar y ufanarse de esa capacidad predictiva. Si no le atinan, chitón, que nadie diga que se hacen conjeturas fallidas. Tienen la ventaja de los horóscopos: la gente se acuerda de los aciertos, y suele dispensar los yerros de esos agoreros. 4 Expectativas
El asunto de la alianza electoral ha despertado tales expectativas que, si se logra, tan sólo por ese hecho los partidos que la promueven habrán avanzado de manera significativa en la contienda por el gobierno. Pero si no ocurre habrá una extendida sensación de derrota anticipada, aderezada por amargas reconvenciones mutuas. Esos no son costos de la política, o de la alianza misma, sino de la magnificación artificial de expectativas. En todo caso, los promotores de la alianza tienen plazos fatales, que todavía no llegan. Deben comprobar su coalición, si la logran, en la primera semana de diciembre. Antes de eso, quedan más de tres largos meses. Pero por algún inexplicado motivo, a alguien se le ha ocurrido que si no es en estos días, no será. La huelga en la UNAM, en los casi cuatro meses que lleva, ha sido desconcertante, entre otros motivos, por la incertidumbre que se renueva a cada intento fallido para resolverla. Ahora, diversos observadores e incluso actores de ese conflicto aseguran que llegó la fase final. ¿A dónde conduce? Nadie sabe. ¿En qué consiste? Tampoco dicen. La verdad es que, en ese penoso asunto, los ansias se confunden con los augurios. Todos, o casi todos, quisiéramos que la huelga se resolviera ya. Pero a estas alturas nadie sabe exactamente cómo será el desenlace de ese sordo y absurdo conflicto. No quisiéramos reconocerlo, pero no hay motivos para asegurar que la huelga no pueda prolongarse varios meses más. Claro que cada día que pasa es un día menos sin huelga. Pero ese reconocimiento no es más que otra inútil verdad de Perogrullo. 5 Eclipse
Del eclipse, en vez de ocuparnos tocamos madera. Si usted está leyendo estas líneas es porque el mundo no se acabó el miércoles por la mañana. Así que salud. Nos salvamos de otro parteaguas. Y si no fue así, pues ya ni modo. Ni usted leerá estas líneas, ni yo estaré para reclamárselo
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