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real politik
Ciro Murayama
Naief Yehya
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Doctrina Clinton María Cristina Rosas
La crisis en Kosovo y la manera como se han desescalado los múltiples conflictos que aquejan a los Balcanes plantean grandes desafíos no sólo al presidente Clinton sino a su sucesor. Los especialistas acotan que tanto la voluntad política como el liderazgo deben unirse para hacer frente a nuevos conflictos que atenten contra la seguridad de Estados Unidos o la de sus principales aliados. Clinton ha dicho que vislumbra un futuro en el cual la Unión Americana debe estar lista para intervenir militarmente cuando considere que puede detener el odio racial o la intolerancia étnica "dentro o fuera" del país. Asimismo, percibe un futuro en el que Washington trabajaría estrechamente con la ONU y otros organismos internacionales, con el fin de evitar y castigar las ejecuciones masivas. Clinton ha ido más lejos que su antecesor George Bush, al prometer un nuevo orden mundial. Durante su viaje por los Balcanes en junio pasado, Clinton afirmó que EU no se alejaría de las consecuencias que representó hacer una guerra de alta tecnología en un territorio devastado, de manera inversa a como actuó Bush en la crisis del Golfo Pérsico a principios de los 90. En esa visita, Clinton arengó a las tropas estadounidenses afirmando: "¡Debemos ganar la paz! (...) Si podemos lograrlo aquí, entonces podremos decirle a los habitantes del mundo que sin importar si viven en Africa o en Europa central o en cualquier otro lugar, si alguien persigue a civiles inocentes e intenta asesinarlos masivamente por su raza, etnia o religión, si está en nuestras manos impedirlo lo haremos". Tras siete años al frente del gobierno estadounidense por fin se vislumbra una doctrina de política exterior de un Presidente sumamente aldeano. La "Doctrina Clinton" no parece ser parte de la retórica. El mandatario estadounidense la ha elaborado y dado a conocer en la base aérea de Aviano en Italia, en Macedonia ante los refugiados kosovares y en entrevistas para la televisión. La seriedad con la que Clinton ha tomado la crisis en Kosovo queda de manifiesto con el envío de 59 expertos forenses a Kosovo en junio, para que obtengan evidencias para ser utilizadas por el Tribunal Internacional para Crímenes de Guerra de La Haya. Este activismo para apoyar al organismo internacional contrasta significativamente con la postura de George Bush, quien desistió de perseguir o procesar a Saddam Hussein en 1991. Asimismo, esta decisión revierte la actitud clintoniana de hace un año, cuando se pronunció en contra de dotar al Tribunal Internacional de la autoridad para lidiar con criminales de guerra. Sin embargo, la Doctrina Clinton plantea dilemas en torno al concepto tradicional de soberanía nacional y respecto a principios de política exterior considerados como sacrosantos, por ejemplo, el de la no intervención en los asuntos internos de los Estados. Para muchos, la no intervención ha posibilitado las violaciones más dramáticas a los derechos humanos en Iraq, Ruanda, Bosnia, Kosovo y otros lugares del mundo. Por tanto, la misión efectuada en Kosovo, al decir de Clinton, ha desmantelado las fronteras que eran el mayor obstáculo para la intervención militar. Supuestamente ahora los líderes de las naciones poderosas tenderán a decidir en qué momento intervenir para frenar las ejecuciones masivas, donde quiera que éstas ocurran. Empero, si bien los bombardeos de la OTAN en los Balcanes permiten tomar con seriedad la Doctrina Clinton, no es tan claro que se aplique una estrategia idéntica en zonas del globo no tan prioritarias a los intereses de EU. Es altamente improbable que, de producirse una crisis en las Islas Fiji, Washington responda con el mismo vigor y la clara determinación mostrados en los Balcanes
En momentos en que la globalización pone en evidencia la diversidad cultural y lingüística del mundo, llama la atención el hecho de que el presidente Jacques Chirac rechazó la propuesta formulada por el primer ministro Lionel Jospin de modificar la Constitución gala con el fin de reconocer oficialmente a las siete lenguas regionales que se hablan en Francia. La decisión de Chirac viene a ratificar el veredicto dado a conocer recientemente por las cortes francesas en el sentido de que la diversidad lingüística plantea una seria amenaza a la unidad del pueblo francés y a la indivisibilidad de la República. Asimismo, las cortes han dicho que la diversidad lingüística viola la Constitución francesa, especialmente su artículo 2 que a la letra dice: "El idioma de la república es el francés". En Francia se hablan el alsacio, el vasco, el bretón, el catalán, el corso, el flamenco y el provenzal, por lo que la postura de Chirac es considerada como lamentable. El desacuerdo entre el Presidente y el primer ministro desde luego tiene tintes partidistas, pero el problema es más complejo. Por ejemplo, en el marco de la Unión Europea, en mayo pasado Francia suscribió la Carta Europea sobre Lenguas Regionales y de las Minorías, si bien no la ha ratificado. El temor de Francia es que al reconocer lenguas habladas por menos de 2% de la población y que son enseñadas a solamente 350 mil niños en las escuelas, Francia experimente un proceso de "balcanización", según el ministro del Interior, Jean-Pierre Chevénement. Los defensores de las lenguas regionales consideran absurdos esos temores y acusan al gobierno de adoptar una actitud centralizadora típica de los tiempos napoleónicos. Si bien es cierto que Francia ha experimentado un resurgimiento reciente en sus lenguas regionales, éste no ha sido acompañado por un incremento en la agresión, que parece limitarse exclusivamente a Córcega
Tradicionalmente se ha considerado que los refugiados del mundo huyen de los conflictos armados. Pues bien, en 1998, según el reporte Desastres mundiales 1999 (un estudio sobre la situación humanitaria en el planeta), 58% de los refugiados fueron generados por catástrofes ambientales. El panorama que presenta el estudio es deprimente, dado que señala evidencias de interconexión entre el ecocidio global y los problemas sociales como la pobreza, lo cual crea una situación explosiva. El año pasado, los problemas ambientales llevaron a que 25 millones de personas abandonaran sus comunidades rumbo a ciudades de alto crecimiento. En el informe, por ejemplo, se señalan los efectos ambientales de los "terribles gemelos", El Niño y La Niña que alteraron las temperaturas en el Pacífico y el Atlántico, causando inundaciones e incendios en los continentes y se cree fueron muy severos debido al calentamiento global. En 1998 se presentaron las temperaturas más altas en la historia reciente. El Niño provocó la peor sequía en Indonesia en los pasados 50 años, creando una reacción en cadena de crisis y devastación. Así, las cosechas de arroz cayeron, el precio del arroz importado se cuadruplicó, la moneda se devaluó 80% y el malestar social se manifestó en las calles. Se estima que El Niño cobró 21 mil vidas en 1998, a la vez que la deforestación en el río Yangtze de China contribuyó a las inundaciones que afectaron a 180 millones de personas. Especialistas de la Cruz Roja consideran que el problema es potencialmente catastrófico. Por ejemplo, baste mencionar que mil millones de personas viven en pueblos o aldeas con viviendas precarias (chozas), en tanto 40 de las 50 ciudades de más alto crecimiento se ubican en áreas sísmicas. Otros diez millones viven bajo la amenaza constante de inundaciones. Ciertamente el problema es muy complejo, pero la prevención puede hacer milagros, siempre que exista la voluntad política para llevarla a cabo
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