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memoria
1 La tatarabuela Raúl Trejo Delarbre
Alianzas sin tradición Adrián Acosta Silva
Campa Cifrián Edgardo Bermejo Mora
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Sería el desastre nacional Pablo Hiriart
Casi un mes llevamos discutiendo si la alianza va o no va. Pocas veces un tema había durado tanto en el centro de la atención de la opinión pública, tan habituada a los escándalos y noticias bomba que han terminado por imponer una regla sobre toda publicación explosiva: ninguna noticia sensacional dura más de 15 días. Vaya, ni siquiera el informe Mackey y sus omisiones o Fobaproa y las entrañas de eso que fue el rescate por 80 mil millones de dólares a la banca han estado con tanta frecuencia y virulencia en los titulares de la prensa nacional como lo está la posibilidad de una alianza entre el PAN, el PRD y poco más de media docena de partidos chicos. No ha sido únicamente la prensa escrita, sino también el radio y los noticieros de televisión los que han dado una relevancia exagerada al tema. No se habla de otra cosa sino de la alianza. Para cualquier observador atento, que no tenga un interés político acendrado en empujar en favor o en contra de la alianza, ésta es a todas luces inviable. No tiene caso repetir aquí todo lo que ya se ha dicho y que si lo midiéramos en tinta podríamos llenar un río, pues la alianza no tiene pies ni cabeza. Ninguno de los dos grandes partidos va a entregar su pasado y su futuro a una alianza incierta, que de todas maneras los va a desdibujar como tales. Tanto los dirigentes del PAN como los del PRD, pero sobre todo los primeros, saben perfectamente que esa alianza, como gobierno, sería un detonante para el desastre nacional en prácticamente todos los órdenes. De la crisis política derivada de un gobierno aliancista no se salva nadie, ni siquiera los partidos que la conformarían. Sólo ganaría algún Chávez que todavía no conocemos, pero que de seguro ya ronda por ahí. Los líderes reales del PAN y del PRD se desprecian profundamente. No quieren la alianza y saben que no la va a haber. Lo que necesitaban, sin embargo, era un antídoto publicitario al huracán político que se venía con la elección interna del PRI para elegir al candidato presidencial. La atención del país debía estar puesta –en este momento y hasta el día que inicien campaña Cárdenas y Fox– en los cuatro priistas que recorren el país en busca del voto para la candidatura a la Presidencia. Contra eso es la alianza: contra el enorme arrastre publicitario que pudo haber tenido un proceso interno del PRI que ponía en manos de los ciudadanos la elección del candidato presidencial. Y, en ese sentido, la alianza ganó la primera y única batalla que tenía presupuestado dar: por la atención de la opinión pública en esta fase previa al arranque formal de las campañas presidenciales. Aquí hay que reconocer, porque es inevitable hacerlo, la mano de Diego. El sabe más que nadie de estas cosas y ha demostrado que su capacidad política para atraer la atención pública hacia sus objetivos (que no son otros que alejar esa atención del proceso interno del PRI) es infinitamente superior a la de sus rivales priistas. Diego ha sido capaz, en esta lucha que se veía completamente perdida para la oposición, de taparse la nariz y sentarse con los dirigentes del PRD, con los del Partido del Trabajo, con los del PARM y otros que desprecia por igual, para quitarle los reflectores al PRI y mandar a los cuatro precandidatos a páginas interiores. Así es que si alguien creía que ya no había genios en política y sólo los publicistas valen, aquí hay un ejemplo que demuestra lo contrario
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