el país el mundo dinero águila y sol
medios ciberia gente mañana
tianguis libros cultura espectáculos
columnas
correo

 

Sociedad informal
Renward García Medrano

Saldar el caso Colosio
Julián Andrade Jardí

Manual para coaliciones
Pedro Salazar Ugarte

A contracorriente
Rafael Cordera Campos

Los dueños del crédito
Rubén Mújica Vélez

Geopolítica del caos
Luis T. Díaz Muller

Mitología erótica mexicana
Patricia Córdova Abundis

Demasiado Charly, loco
Patricia Peñaloza

 

 

 

 

 

 

 

Pancho Villa bebía poco

Sr. Marco Levario
Subdirector del semanario etcétera

Estimado Marco:

Agradezco a ti y a los editores del semanario la publicación impecable y la atinada ilustración del relato sobre la otra obsesión de Pancho de Villa (etcétera, núm. 340). Se trata ciertamente de un texto de creación e invención literaria y no de un trabajo de reconstrucción histórica en el sentido estricto, el cual tendría que ajustarse a otro formato estableciendo con todo rigor los hechos pasados tal como sucedieron. Sobra decir, por lo tanto, que el texto de marras se confeccionó con hilos de ficción y retazos de la realidad histórica a la que, debo insistir, no se apega necesariamente pues no encuentra en ello su principal propósito.

Pese a todo, hay algunas precisiones que quisiera establecer en beneficio del propio texto, pues su lectura ciertamente demanda un mínimo de credibilidad para cumplir a plenitud su propósito narrativo.

1. Aparece casi al principio del texto una referencia equivocada a Villa como un gran bebedor; no era precisamente un abstemio devoto, pero bebía solamente en ocasiones muy especiales. Sirva al respecto la confesión que aparece en sus memorias publicadas por Martín Luis Guzmán. En ellas, al mencionar la comida en Xochimilco con Zapata el 4 de diciembre de 1914 –misma que se menciona en mi relato– recuerda: "Y declaro yo, Pancho Villa, que Emiliano Zapata me brindó una copa, que yo acepté, aunque en verdad casi nunca bebía" (p. 727 de la edición de 1960).

2. Cuando Villa viajó a la ciudad de México no fue precisamente "para derrocar al usurpador Huerta", como establece el texto sino para encontrarse con Zapata tras la renuncia del usurpador, la alianza establecida en la Convención de Aguascalientes y el rompimiento con Carranza. De manera que Huerta no fue derrocado en el sentido estricto de la expresión sino que renunció al puesto, entre otros factores, tras la toma de Villa de la ciudad de Zacatecas en junio de 1914.

Estas y otras precisiones y ampliaciones aparecerán en la versión definitiva del texto, que actualmente preparo como parte de un volumen de relatos históricos gracias a una beca que me otorgó el Centro de Escritores Juan José Arreola.

Te reitero mi agradecimiento y te envío un cordial saludo.

Edgardo Bermejo.


volver a columnas

columnas | sociedad y poder | sic | visitas | correo
publicidad | suscripciones | anteriores | búsquedas | principal