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Residuos de sabiduría

Carlos Castillo López

Buenos poetas sobran para deleitar el alma con versos que se repiten, de boca en boca, una y otra vez; tenemos a Jorge Luis Borges, a Octavio Paz y a Pablo Neruda, entre muchos más. También existen los poetas que saltan a la fama por algún estilo particular en el cual incursionan como pioneros, tal es el caso de Rimbaud y Edgar Allan Poe. Sin embargo, los lectores cuentan con autores que no logran encontrar jamás un estilo o un lenguaje capaz de producir emoción alguna en su obra, tal es el caso de Hernán Lavín Cerda y su libro titulado La sabiduría de los idiotas.

Los temas que los "versos" de Lavín Cerda abarcan son de gran variedad, pero carecen de interés alguno, salvo para quien esté interesado en conocer las anécdotas de sus visitas a la peluquería o sus recuerdos de recién nacido. En la mayor parte de los 341 fragmentos que componen esta obra, las palabras se encuentran alteradas por un lenguaje metafórico que, en el intento de comparar la realidad, la dispersa y, en algunos casos, la torna incomprensible, por ejemplo:

El magnetismo del cuadrilátero

Dios es un cuadrilátero sin ángulos:
el único ombligo rectangular, el único
vuelo umbilical de los ángulos
convertidos en un círculo inmóvil,
                  vertiginoso.

El espíritu de los muertos

Si el espíritu de los muertos
mortifica a los vivos,
la culpa se extenderá por el mundo.
Si el espíritu de los muertos
se burla de los vivos, cantando y
                 [bailando,
la resurrección se extenderá por el
                  [mundo
en un carnaval sin principio y sin fin.

Si la orgía perpetua de los muertos
entusiasma a los vivos,
la felicidad del mundo será
                  [ingobernable.

El punto central del libro es, como su título lo indica, la sabiduría de los idiotas; el autor los describe como los sabios que deberían alejarse del conocimiento para volverse idiotas y lograr la verdadera sabiduría. Tal vez es un error esa afirmación; quizá también lo fue leer el libro en dos ocasiones con la esperanza de encontrar algún aspecto positivo que nombrar; al final, me di cuenta de que lo más valioso del volumen está en una frase: "La sabiduría de los idiotas, de acuerdo con el pandemónium de las ciencias exactas, no tiene límites".

En mi opinión, la sabiduría también es infinita, aunque buscarla y adquirirla, lejos de convertirnos en idiotas, nos hace crecer en todos los aspectos, menos en el de la idiotez


Hernán Lavín Cerda, La sabiduría de los idiotas, México, Ed. Verdehalago, 1998, 269 pp.

Carlos Castillo López es analista político en Humanismo, Desarrollo y Democracia, A.C.

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