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Sería el desastre nacional Pablo Hiriart
Campa Cifrián Edgardo Bermejo Mora
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Fragilidad. Alianzas sin tradición Adrián Acosta Silva
Contra muchos pronósticos de observadores, analistas y líderes políticos, durante julio y lo que va de agosto los principales partidos de oposición del país han avanzado en la conformación de la que será, según sus propios decires, la gran alianza política que sacará al PRI de Palacio Nacional. Ello confirma el hecho de que, para bien o para mal, los políticos poco o ningún caso suelen hacer a los intelectuales, críticos o comentaristas que los analizan, y en general ignoran a todo aquel que intente hablar de política sin estar metido directamente en alguna de las varias arenas donde todos los días se disputa alguna cuestión política relevante. Pero más allá de eso, el asunto crucial es valorar la factibilidad política de que cuaje una alianza entre un conjunto de agrupaciones tan distintas como el PAN, PRD, PT, PVEM, más algunos partidos que recién obtuvieron su registro electoral ante el IFE. La formación de alianzas que trasciendan el ámbito de lo electoral no tiene una tradición fuertemente arraigada en nuestro medio. La revolución mexicana, por ejemplo, fue en realidad un conjunto de movimientos revolucionarios que dieron como resultado una gran cantidad de pequeños grupos regionales comandados por un cacique o un caudillo militar que negociaba con otros personajes similares sus intereses y ámbitos de influencia. El Partido Nacional Revolucionario, el embrión del PRI, nació en 1929 como resultado de la inteligencia política del caudillo de caudillos, Plutarco Elías Calles, que logró someter y subordinar a su arbitrio a la gran mayoría de los pequeños grupos que dominaban zonas específicas del país. Ello fue la base política del PNR, del PRM y, luego, del PRI, a través de su organización sectorial. Si hubo una gran alianza en el siglo XX mexicano, impuesta o inducida por los jefes revolucionarios, de inclusión autoritaria, fue la que dio origen al PRI y al dominio político de ese partido durante casi 70 años. Sin embargo, desde por lo menos 1988, cuando se creó el FDN a partir de una escisión del PRI y la confluencia de varias organizaciones de centro-izquierda, el tema de las alianzas se ha considerado seriamente como una posibilidad para que las oposiciones políticas reconocidas triunfen electoralmente sobre el PRI. No se logró en el 94, y el distanciamiento entre el PRD y el PAN se agudizó en los años siguientes. Sin embargo, es luego de triunfos electorales del PRD en el DF, Zacatecas, Tlaxcala y, sobre todo, por el que hace un mes obtuvo este partido en compañía del PAN y otros en Nayarit, cuando la probabilidad de la alianza fue reconsiderada por el PRD y el PAN para avanzar en la formación de una gran coalición opositora. Problemas de método del candidato, de plataforma mínima común, y de control de la reacción de los candidatos que, a la postre, resulten perdedores, son algunos de los sitios que forman el complicado y barroco mapa que está surgiendo de las pláticas entre los grupos técnicos y políticos que impulsan la formación de la alianza. Animados por el pragmatismo y el cálculo político, los líderes de los partidos no parecen reparar en las dificultades y costos políticos que puede tener una alianza fallida. Si no hay acuerdo en el método de selección, las posibilidades de que la alianza aborte son muy altas, y así, PAN y PRD se irán solos, o con algunos partidos satélite, afirmando que el otro tuvo la culpa de que el experimento fallara, como ocurrió en el 88 y en el 94. El neocaudillismo de Cárdenas pagará entonces las consecuencias de haber creado un partido a su medida, y el PAN probablemente pierda la credibilidad y los votos que ha acumulado pacientemente en la última década. Con ello tal vez se vaya la última posibilidad a Cárdenas de ser Presidente como su padre, y Fox y el PAN tendrían que hacer un mayor esfuerzo por persuadir y convencer con ideas, más que vomitar ocurrencias, pero se fortalecería la singularidad de las organizaciones políticas de la joven democracia mexicana
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