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Un padrote resucitado

Marcela Rodríguez Loreto

"Todos estamos en la cloaca pero algunos miramos hacia las estrellas", escribió Oscar Wilde. La frase le sirvió a Robert Lee Maupin, chulo negro que tras su última estancia en la cárcel se juró dejar de ser proxeneta, mientras "escribía en el techo"; el método consistía en tumbarse en la cama mirando el techo y crear escenas enteras. La última vez Maupin pasó casi un año encerrado en una especie de caja de acero, libró una batalla que consistió en matar sus propios demonios para no volverse loco.

Maupin echó mano de varios heterónimos, y al final triunfó Iceberg el Flaco Slim. Así se le conocía en los bajos fondos de Chicago, Nueva York y otros estados en donde se refugió cuando fue necesario. Así firmó éstas, sus Memorias.

El Flaco era alto y de cintura estrecha, tenía un físico predispuesto para ser un dandy o un chulo, y se hizo chulo entre otras cosas porque sobresalir en el mundo blanco a principios de siglo en Estados Unidos por el camino decente era apostar uno contra diez. Y Slim desde chiquillo apreció la diferencia y no hizo más que correr tras el billete fácil. Antes de los 18 ya tenía a su primera mujer azotando las banquetas.

Memorias de un chulo es un libro de culto para la comunidad negra de Estados Unidos y Gran Bretaña. En Estados Unidos se publicó en 1967 y hoy es referencia para los cantantes de rap y para un amplio sector que todavía sufre por la "alambrada de espino" que separa a blancos y negros con el marcador ya sabemos en favor de quién.

Slim nació en el South Side de Chicago en 1918, y murió en esa zona en 1992. A su muerte la revista Esquire estimó que las ventas totales de sus siete libros superaban los seis millones de volúmenes. El escritor afroestadounidense más vendido de todos los tiempos. Por si fuera poco, Memorias de un chulo encabeza la lista de los más robados en las librerías gringas y de Inglaterra, en donde se publicó en 1996 gracias a Irvine Welsh, autor de Trainspotting.

Eduardo Fuentes y Peter Muckley, estudiosos y traductores de esta obra al español, consideran que la llegada tardía de los textos de Slim se debe a que no se le considera como autor de best-sellers, sino como un escritor constantemente censurado y menospreciado por el establishment, sobra decir que debido a su turbio pasado y a lo sincero e impúdico de su testimonio.

Este es un relato que el propio Slim calificó de brutal, lleno de artimañas necesarias para alcanzar lo que durante varios años supuso era la vida: tener rebaños de chicas prostituyéndose que le otorgaban mimos y cientos de dólares como para vivir en suites de lujo, pasear en cadillacs, vestir bien, y meterse mucha coca y heroína.

A cambio, siete años intermitentes en la cárcel, porrizas a sus muchachas, crudas morales, traición, muerte, soledad… y la noche, siempre la noche.

Memorias de un chulo, para quien siga los caminos del hard-core y quien se precie de conocer los recovecos de la literatura alternativa del siglo XX.

La noticia mala: la traducción está hecha de acuerdo con el español de España. La buena: incluye un glosario del argot empleado con su respectivo significado (traducción) al castellano como tal


Iceberg Slim, Pimp. Memorias de un chulo, Barcelona, Anagrama, 1998, 304 pp.

Marcela Rodríguez Loreto es escritora, autora de Los extraditables, novela de próxima publicación bajo el sello Plaza & Janés.

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