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el navegante
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El médico en casa Julieta García González
M. –mi mejor amiga, de apenas 30 años– le diagnosticaron diabetes hace un mes. A la conmoción inicial se sumó la sensación de no contar con información para combatir un padecimiento que modifica radicalmente la vida de quienes lo sufren. M. había vivido más de un año en un estado que ella denominaba "catatónico": en las reuniones se dedicaba a mirar fijamente la pared, conversaba muy poco, parecía ausente cuando se le hablaba y estaba tensa y ceñuda. Se agotaba en el trabajo, literalmente se apagaba varias veces al día y lo único que la "echaba a andar" nuevamente era una barra de chocolate o un puñado de gomitas o un pan untado con nutella. Se distanció de sus amigos y su pareja se quejaba de pleitos constantes. De alguna manera, el diagnóstico fue un alivio. La actitud de M. tenía una razón de ser. Pero, ¿cómo podía ser que M., tan delgada y elegante, tuviera diabetes? Y, ¿cómo iba a hacerle ella –tan dependiente del dulce– para vivir sin azúcar? M. y yo compartíamos, entre otras cosas, una extensa afición por lo dulce. Podíamos comernos un pastel de una sentada o ir a la tienda de la esquina y comprar galletas y chocolates para ponernos un atracón viendo la televisión. Y de pronto M. no podía volver a comer azúcar. Tras una batería de estudios y una casi terapia psicoanalítica con el médico que la trató, M. asumió que tenía una enfermedad incurable que la obligaría a llevar una vida muy diferente a la acostumbrada. Pero quería informarse más. Su médico le recomendó un par de libros y le dio unas direcciones en la red para que consiguiera información. Las páginas que le recomendó la tranquilizaron. Ahí encontró lo que necesitaba, desde chats hasta testimonios, pasando por definiciones técnicas de los diferentes tipos de diabetes. Tal vez la que más le interesó a M. por su contenido y la rapidez con que puede enterarse de innovaciones es La página de diabetes de Noah (Noah’s diabetes page, www.noah.cuny.edu/diabetes/diabeteshtml), con descripciones detalladas no sólo de cada caso de posible diabetes, sino los efectos secundarios de las medicinas y la prevención de enfermedades que se asocian a la diabetes (como la gangrena o las úlceras varicosas). Navego con M. de vez en cuando y me sorprende la cantidad de páginas médicas que hay en la red. Internet funciona también como el médico a domicilio, que ofrece la posibilidad de seleccionar un tratamiento alternativo o un centro de atención médica especializada. Por lo mismo, me parece que conlleva cierto peligro. Hay páginas serias, respaldadas por instituciones médicas reconocidas, pero hay otras personales (como la de Noah, precisamente). Los pacientes que consulten la red para tratar de curarse o de encontrar una medicina adecuada para sus padecimientos deben navegar a sabiendas que hay miles de páginas fraudulentas o con información distorsionada. Algunos servidores ofrecen secciones enteras dedicadas a la salud (como Yahoo!, en http://health.yahoo.com/ o Excite, con www.excite.com/health/). Excite, por ejemplo, ofrece la "enciclopedia médica" con un browser en el que uno teclea el nombre de la enfermedad o lesión y aparecen las páginas que hay al respecto. M. está más tranquila ahora. Dice que va a meditar, que va a buscar qué onda con la terapia génica, que va a encontrar una solución para curarse o mejorar o tener una muy buena calidad de vida. Encontró la página del Gourmet diabético (http://diabeticgourmet.com/) y otras de recetas (http://aggiehorticulture.tamu. edu/plantanswers/recipes/sugarless. html), además de varias de terapias alternativas (www.69degrees.com/index. html). Finalmente, bajo la supervisión de un médico y la infinita posibilidad de aprender más a través de Internet, M. tiene un médico en casa
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