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Y tú, ¿enciendes con Zippo?

 

Se tutea con la eternidad
José Luis Durán King

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fetiche feo y estorboso

Antulio Sánchez

Es el mundo de los negocios: para tener éxito unos parten de lo grande y oneroso y otros se van por lo pequeño o barato. En el segundo caso están los lentes Ray Ban, los pantalones Levis o los encendedores Zippo.

Producto de la inspiración de George G. Blaisdell, quien fundó en 1932 la compañía Zippo Manufacturing Co., los Zippo han logrado una notoriedad y un éxito económico que no deja de ser paradójico. Son un producto tan simple, un vil y rústico instrumento manual que se ha convertido en un estandarte de la cultura y la gloria estadounidenses.

Zippo no ha invertido grandes cantidades de dinero en publicidad, pero en su favor ha tenido que el cine lo ha adoptado como un gran referente y ramificado así su fama y sus supuestas virtudes por el planeta. Ejemplo de esto es que algunos clásicos del cine (Humphrey Bogart y James Dean, entre otros) o hasta los modernos (Bruce Willis, Arnold Schwarzenegger o Clint Eastwood) han aparecido con su Zippo en varios de los filmes en donde han participado.

El mito se construye con la vulgata de que es el amuleto, el artefacto o fetiche de la masculinidad gringa. No por algo se dice que los cigarros, puros o toques que se encienden en los campos de batalla o labores "humanitarias" en que han participado los soldados estadounidenses se hacen con los encendedores Zippo.

El éxito de Zippo en ventas no puede soslayarse: de 1986 a 1998 pasó de una facturación de 32 millones a 180 millones de dólares, estando una buena parte de sus compradores fuera de la región estadounidense, en particular en Asia y Europa. Esto echa por tierra el lema de que los integrantes de las fuerzas armadas de Estados Unidos se pelean por tener uno: como han demostrado algunos estudios, ni siquiera 15% de los integrantes del ejército usan algún modelo Zippo; 30% de las ventas de encendedores queda en manos de coleccionistas. El éxito de los encendedores Zippo tampoco está tanto en lo que dice su promoción: ser un producto que no falla en ninguna circunstancia y que está garantizado de por vida.

Es un mito que sea a prueba de viento: cuando las rachas de aire son fuertes es una lata encender un cigarro con estos encendedores; también es puro rollo que sea algo fácil de transportar, pues por su peso es un problema llevarlo consigo. Sus piedras son un estorbo y necesitan cambiarse cada determinado tiempo, además que son escandalosos a la hora de encenderlos. No me gustan los Zippo, me parecen feos y sus modelos (línea selecto, clasic o Harley-Davidson) no los llevaría a un reventón ni a ninguna parte. Pienso que la supuesta dinamita varonil con la cual se le asocia termina siendo siempre puro chiste de salva. Además, me tiene sin cuidado la gloria estadounidense. Como en buen mexicano se dice, son mucho ronquido y poco sueño. O como dicen Patricio Rey y sus recónditos de Ricota, en una de sus rolas que dedica a los Zippo: "Demasiado los moretones/ muy poco los encantamientos/ Son tantos los cocineros que joden la sopa/ pero su sonrisa esta cargada de azufre"


Antulio Sánchez es periodista, ha colaborado en diversas publicaciones.

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