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real politik
Ma. de Lourdes Sierra K.
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OMC, al borde del abismo María Cristina Rosas
Tres largos meses han transcurrido desde que el director general de la Organización Mundial de Comercio (OMC), Renato Ruggiero, dejó el cargo, el cual se mantuvo vacante todo ese tiempo. De hecho, la OMC estuvo acéfala porque en su seno se han polarizado las posturas entre las naciones poderosas y los países pobres. Cada grupo ha propuesto candidatos que no han logrado ganar el consenso de la comunidad internacional. Los personajes en cuestión son el neozelandés Mike Moore, respaldado por Estados Unidos y la mayor parte de los países industrializados, y el tailandés Supachai Panitchpakdi, apoyado por México y los países en desarrollo. Tras ácidas disputas que condujeron a una crisis de la institución misma, la semana pasada se llegó a un acuerdo. Mike Moore será el director general de la OMC por tres años, al término de los cuales será reemplazado por Supachai Panitchpakdi. La solución, que muchos juzgan salomónica, pone en evidencia la fragilidad de la institución y los riesgos que se corren de cara a la próxima reunión ministerial a celebrarse en la ciudad estadounidense de Seattle, en noviembre próximo. Y es que, con periodos tan breves (tres años no permiten consolidar ningún proyecto de importancia) y con el daño político que a la OMC le produjo este desgastante proceso electivo, hay quienes piensan que será muy difícil mantener la fortaleza de la institución en el largo plazo. El panorama se complica porque las agendas de los países ricos contrastan considerablemente con las de las naciones pobres. Los primeros, por ejemplo, insisten en negociar acuerdos para la apertura de mercados, así como para la desregulación financiera que posibilite grandes márgenes de maniobra a las inversiones extranjeras. Los países pobres, en cambio, luchan contra el proteccionismo del Norte, y los capitales especulativos que fácilmente pueden colapsar sus economías. Asimismo, los países ricos buscan mercados desregulados para ofrecer servicios y emplazar sus industrias, en tanto las naciones del Sur buscan promover sus propias industrias en los mercados globales. En Estados Unidos, por ejemplo, cada vez más industriales piden al presidente Clinton que restrinja el acceso de productos extranjeros al mercado estadounidense, como se ha visto en el caso del acero. Además, las naciones desarrolladas defienden vigorosamente los derechos de propiedad intelectual, de fórmulas farmacéuticas y software, entre otros productos, en tanto los países pobres tienen otras prioridades. Una de las razones por las que EU y Francia apoyaron a Mike Moore para llegar al cargo de director general de la OMC, es porque este personaje considera necesario incluir los debates sobre prácticas laborales en las negociaciones comerciales. Sin embargo, los países pobres se oponen a que esa vinculación sea puesta en marcha. Pero quizá de los temas más importantes es el acceso inminente de la República Popular China como miembro de pleno derecho a la OMC, muy a pesar de las objeciones que Washington mantiene al respecto. Al incorporarse China a la institución, numerosos temas que son prioritarios para los países en desarrollo serán abordados por la delegación asiática y ello contribuirá a incrementar aún más el debate en torno a la viabilidad de la agenda de los países poderosos. Esto es particularmente importante considerando que a diferencia del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial, donde las naciones más ricas tienen mayor influencia, en la OMC sus 134 miembros tienen los mismos derechos, no importa qué tan grande o chico sea un país. Por ahora, la administración Clinton enfrentará fuertes críticas en casa, debido al nivel histórico que ha alcanzado su déficit comercial (por arriba de los 177 mil 500 millones de dólares), situación que contribuirá a incrementar la hostilidad hacia la OMC y la apertura del mercado estadounidense
Según el Departamento de Comercio de Estados Unidos, el comercio exterior de esa nación se caracteriza por el declive en las exportaciones y un aumento acelerado de las importaciones. Esta situación coloca a la balanza comercial de la Unión Americana en un contexto escandalosamente deficitario que de enero a mayo de este año asciende a 177 mil 500 millones de dólares. No es ningún secreto que parte del déficit comercial estadounidense obedece a las relaciones entre Washington y Tokio. Sin embargo, lo novedoso de los datos sobre las importaciones y las exportaciones estadounidenses es que 20% del déficit es producto de las relaciones con México y Canadá en el contexto del Tratado de Libre Comercio. Tan sólo entre enero y mayo, el déficit comercial de EU con sus dos socios telecianos se ubicó en 21 mil 200 millones de dólares. Esta cifra se acerca peligrosamente al déficit de Washington con Japón, que en el mismo periodo fue de 27 mil 300 millones de dólares, en tanto que con China la cifra fue de 23 mil 700 millones. El ayatollah Muhammad Baqir Al-Hakim, líder del principal grupo opositor shiíta, se mantuvo escéptico durante años en torno a los esfuerzos de Estados Unidos para derrocar al presidente Saddam Hussein. Con gran habilidad, Al-Hakim mantuvo a su Consejo Supremo de la Revolución Islámica en Iraq (CSRII) alejado de los intentos estadounidenses de utilizar disidentes iraquíes. Pero ahora, Al-Hakim cambió de opinión y está dispuesto a darle a Washington una oportunidad, siempre y cuando se le garantice protección adecuada al pueblo iraquí respecto de la opresión del régimen de Hussein, antes de desarrollar cualquier iniciativa contra el Presidente. Esas garantías deberían incluir, según el líder, un claro compromiso de parte de Washington para desplegar soldados que protejan las acciones de la oposición. El CSRII fue creado en 1982 y controla a miles de hombres armados tanto en Iraq como en Irán. Se define como el único grupo viable y organizado que representa a la mayoría shiíta en Iraq, y es ampliamente respetado por los kurdos en el norte e incluso por algunos sunitas. Numerosos especialistas consideran que Al-Hakim y su grupo son esenciales en cualquier plan encaminado a derrocar a Saddam Hussein. Recientemente el CSRII envió tropas desde la frontera con Irán, para atacar al Partido Baath y oficinas gubernamentales en diversos lugares, incluyendo Bagdad y la ciudad portuaria de Basra. La prensa árabe ha dado a conocer que las tropas del CSRII ingresaron a Iraq e iniciaron una cruenta lucha contra unidades del ejército iraquí antes de retirarse a sus bases en Irán. Con esto, Al-Hakim pretende demostrar a EU y al mundo que es capaz de llevar hasta sus últimas consecuencias la intentona de derrocar a Hussein, siempre que Washington actúe en Iraq de manera análoga a como lo hizo en Kosovo
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