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Más allá del Fobaproa
Eduardo Torreblanca

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Sí había opciones

Ricardo Becerra

Uno de los puntos más importantes a subrayar en el Informe Mackey es que sí había otras alternativas. El Banco de México, el presidente Zedillo y la Comisión Nacional Bancaria y de Valores han argumentado que se hizo lo que estaba en sus manos, pero Mackey deja entrever otras rutas de rescate de los bancos frente a una crisis devaluatoria como la vivida en 1994-1995.

1) Capitalizar, prestar dinero a los bancos y subsidiar a los deudores ofreciendo recursos públicos para programas de reducción y estímulo de pagos (este es el esquema japonés), y 2) que el Estado se hiciera cargo de los bancos más frágiles, nacionalizarlos, para administrarlos temporalmente y capitalizarlos, de este modo no tendría carteras vencidas (que cada vez valen menos) sino acciones bancarias cuyo valor aumentaría conforme la situación volvía a la normalidad. En otras palabras, ejecutar lo que se acabó haciendo con Serfin.

Incluso pudo pensarse en programas de cierres o de fusiones de aquellos bancos que son definitivamente inviables. Según Alan Greenspan, si se hace con orden, si se rescata a los ahorradores directamente -y no a través de los bancos- no hay por qué espantarse de la quiebra de uno o dos bancos, "el número ideal de quiebras bancarias nunca puede ser igual a cero, siempre hay accidentes, malas administraciones que cancelan el desarrollo de esas instituciones; hay que reconocerlo si no se quiere seguir dando respiración a un muerto".

Con el rescate realizado a través de Fobaproa, los bancos pudieron seguir funcionando, es cierto, y la gente conservó la confianza de llegar a su banco y retirar sus ahorros normalmente. Pero las instituciones bancarias permanecieron en un estado extremadamente vulnerable, con poco capital, con un mar de deudas y todas enganchadas al auxilio prestado por el Fobaproa.

Según Michael Mackey, el respaldo elegido por el gobierno creció espectacularmente, y no sólo por la crisis. Cuando los bancos trasladaban las deudas al Fondo Bancario al mismo tiempo se desentendían de su administración. Una vez que la deuda entraba en el barril del Fobaproa, los banqueros perdían incentivos para renegociarla o cobrarla. Así, un montón de pasivos entraron a una hibernación que, sin embargo, seguía generando intereses. Este mecanismo explica, más que cualquier otra cosa, el crecimiento exponencial de la deuda acumulada en el fondo: nadie se ocupó de cobrar.

Mackey anota un punto esencial: el problema del Fobaproa se explica por el encadenamiento de errores, más que por la deshonestidad o el robo. De los 633 mil millones de pesos que costó el rescate, los tres fraudes de banqueros hasta ahora detectados (Carlos Cabal Peniche, Angel Isidoro Rodríguez y Jorge Lankenau) suman seis mil millones de pesos, cifra enorme en sí misma pero que representa 1% del total.

En resumidas cuentas: si bien es cierto que la crisis bancaria no surgió en este sexenio, también lo es que había otras alternativas, otras formas para encararla. Y peor, una vez elegida la alternativa, la compra de cartera vencida, fue mal ejecutada, mal administrada; ése es, de manera inocultable, uno de los factores que propiciaron el enorme abultamiento del rescate bancario


Ricardo Becerra estudió Economía en la UNAM.

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