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Comer y mirar

Francisco Báez Rodríguez

¿Qué hace usted cuando ve televisión?

Hace cuatro décadas la pregunta hubiera sido estúpida, y la respuesta obvia: "Pues ver televisión". Eran los tiempos en los que las familias solían tener un solo aparato, que todavía era para muchas una novedad, y se reunían alrededor de él. Eran también los tiempos de programación dirigida a toda "la familia reunida".

El aumento exponencial en el número de aparatos televisores en el mundo produjo cambios significativos. La tele entró a casas en donde la sala y el comedor son un mismo cuarto y se multiplicó en las otras. Hay familias que tienen un aparato en cada cuarto, otro en la cocina, uno más en el comedor y el último es uno portátil para cuando se van de día de campo. Se cuentan en decenas de millones las personas que lo primero que hacen al despertar es pulsar su control remoto. Son, quizá, otros tantos los que usan la televisión como si fuera radio, un acompañante siempre encendido.

Entonces, ¿qué hace usted cuando ve televisión?

La gente lee, teje, juega, hace la tarea, cocina, lava, plancha, dibuja, se pinta las uñas, hace el amor con la televisión prendida. Pero lo que más hace es comer.

Dicen los ingleses, en una encuesta nacional, que el invento del milenio es el sandwich. Esa fue una ocurrencia de un lord Sandwich en el siglo XVIII. Era un apasionado de los juegos de cartas, así que para no levantarse de la mesa de tahúres a la hora de comer, ordenó a la servidumbre que le trajeran una pieza de carne entre dos pedazos de pan. Hoy los ingleses –y no nada más ellos– utilizan el invento del milenio para poder seguir viendo tele.

Primero fueron las bandejitas en la sala, luego los televisores en el comedor, después las TV dinners, y a estas alturas una enorme cantidad de monchis de todo tipo acompaña al televidente en la sala, en la cama, en todos lados.

Son malas noticias para la salud. Estudios recientes han comprobado que lo que uno come frente a la televisión suele hacerle más daño que bien.

Las razones son varias: la primera es que solemos masticar menos la comida frente a la televisión. Comer masticando poco desfavorece a la digestión y mueve a tomar más comida para saciar el hambre. Mientras más interesante es el programa, menos masticamos, más rápido comemos y más nos dan ganas de seguir llenando el buche. ¿Cuántas veces nos hemos sorprendido de lo rápido que han volado las tortas o las papitas mientras estamos frente a la telera?

Esto nos lleva al segundo tema: dije tortas y papitas. La comida que se suele llevar frente a la tele, por lo general, es más dulce y/o más salada que la que consumimos en otros lugares. A menudo es menos nutritiva y, por definición, está menos balanceada. ¿Cuántas veces ha comido usted una ensalada del chef con galletitas o un pozole frente a la tele? Compare la cifra con las ocasiones que se ha zampado frente al aparato unos Pingüinos Marinela, una pizza, una orden de tacos o una bolsa familiar de Churrumais.

Los especialistas señalan un tercer elemento: si las escenas que estamos viendo tienen colores muy brillantes o son violentas, la digestión será más complicada. En otras palabras, usted digerirá (y obrará) mejor viendo a Derbez o la película de Pedro Infante que sintonizando Visión urbana, Pockemon o El centinela. Recomiendan que haya al menos media hora entre el fin de la comida y la vista de ese tipo de programas.

Resulta que en Estados Unidos, Italia, Gran Bretaña y Alemania han encontrado una correlación directa entre obesidad y hábitos de comida frente al televisor. No quiere decir, de manera estricta, que comer viendo tele cause obesidad, pero sí lo señala como un factor adicional. Si recordamos que un porcentaje muy elevado de los estadounidenses, adultos y menores, son obesos y vemos que en ese país los hábitos de comer chatarra (abierta o disfrazada) frente a la tv están muy arraigados, encontraremos un elemento más de soporte a la hipótesis.

Como conclusión: sería un absurdo evitarnos el placer de comer, de vez en cuando, enfrente del televisor, pero si el hábito es excesivo y lo notamos en la báscula y en nuestro organismo, bien valdría la pena revisarlo. Al fin y al cabo, hay tantas otras cosas que se pueden hacer mientras se mira la tv


Francisco Báez Rodríguez es subdirector general del periódico Crónica.

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