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Miami La primera megalópolis panamericana Naief Yehya
Una Venecia postmoderna erigida sobre tierras conquistadas al agua; una Atlántida de jardines flotantes y caprichosas construcciones monumentales; una aglomeración urbana que extiende su delirante geografía sobre decenas de islotes y cayos. Así describre Naief Yehya a la ciudad de Miami en este enterado y revelador ensayo.
Sede de inmensos centros comerciales y cortejada por asombrosas playas; con un expansivo distrito financiero y un complejo sistema de navegación, Miami –ese intrincado mosaico cultural fascinado con lo nuevo y lo gigantesco– está en camino de convertirse en un Hong Kong estadounidense y anhela no sólo posicionarse como un poderoso centro financiero a nivel continental, sino ser también una "ciberciudad" hiperconectada y la capital del entretenimiento de América Latina.
Hace unos diez mil años los indios tequesta decidieron asentarse en la región subtropical y pantanosa que hoy conocemos como el sur de la Florida, una zona que permaneció al margen de la historia hasta que en el siglo XVI fue reclamada por Juan Ponce de León y Pedro Menéndez de Avilés para España. Otros pueblos indígenas como los seminolas y los micosukis llegaron ahí huyendo de la persecución del hombre blanco; igualmente ahí encontraron refugio muchos esclavos que escaparon de plantaciones en el sur estadounidense. Mientras tanto, algunos marinos ingeniosos de las Bahamas y las Antillas se establecieron en la zona para recuperar los tesoros perdidos en las numerosas tragedias navieras que tuvieron lugar en la barrera de coral de Florida. En 1821 la Florida dejó de pertenecer a la corona española y fue integrada a Estados Unidos, no obstante siguió siendo una tierra abandonada y con muy mala reputación. Desde 1836 hasta 1858 el gobierno de Washington estuvo en guerra contra los indios, quienes se negaban a ser desplazados a una reservación. Tras la guerra civil el sur de la Florida era una zona infestada de vividores, forajidos, ex convictos, aventureros y mercenarios; sin embargo se consolidó como una de las zonas con mayor diversidad racial, religiosa y cultural en todo el continente. En 1884 dos británicos, Charles e Isabella Peacock, se instalaron en Coconut Grove y abrieron un hotel. Esa área atrajo a intelectuales de Nueva Inglaterra, artistas europeos, nobles, pescadores y a muchos inadaptados de diferentes partes del mundo. Pero el verdadero desarrollo se debió a la intrépida viuda Julia Tuttle, quien compró tierras en la orilla norte del río Miami y se instaló en el fuerte que había sido abandonado desde el fin de las guerras contra los indios. Durante una terrible helada que afectó trágicamente las cosechas del sur estadounidense, Tuttle envió un racimo con naranjas al industrial y empresario Henry Flager, con el mensaje: aquí no hace frío, para convencerlo de que extendiera el servicio del tren hasta al sur de la Florida. Flager hizo caso, en 1896 el tren llegó a la ciudad de Miami y en enero del año siguiente se inauguró la primera temporada vacacional. Flager construyó un hotel de lujo y poco después su flota de barcos recorría las ruta entre Miami y Key West, Nassau y La Habana. Flager fue el primero de una serie de millonarios que tuvieron la visión de invertir en Miami, le siguieron Carl Fisher, John Collins y Charles Merrick, entre otros, quienes construyeron carreteras, puentes y urbanizaron la zona teniendo en mente diferentes fantasías de desarrollo e intereses comerciales. Hoy en día desde cualquier rascacielos del centro de la ciudad de Miami la vista es portentosa, parecería que estamos ante una Venecia postmoderna erigida sobre tierras conquistadas al agua, una metrópoli que podría haber salido de las utopías urbanistas del software Sim-City, una Atlántida de jardines flotantes y caprichosas construcciones monumentales, una aglomeración urbana que extiende su delirante geografía sobre tierra firme y decenas de islotes y cayos. En un área relativamente pequeña están reunidos el puerto de cruceros más grande del mundo, uno de los aeropuertos más grandes del país (primer lugar en carga y segundo en pasajeros, sólo inferior al John F. Kennedy de Nueva York), inmensos centros comerciales, asombrosas playas, un expansivo distrito financiero, un complejo sistema de navegación, la ambiciosa arena American Airlines, la futura sede del equipo de basquetbol Heat (que se inaugurará en diciembre) que contará también con un impresionante foro multiusos para espectáculos; además, en el año 2002 se abrirá el centro de las artes Metro-Dade (diseñado por el prestigiado arquitecto argentino Cesar Pelli), próxima sede de la Opera de Florida, de la Orquesta Sinfónica del Nuevo Mundo, del Ballet de la ciudad de Miami y de la Filarmónica de Florida. Durante la era de la depresión, Miami paradójicamente siguió creciendo, la comunidad judía desarrolló una zona en Miami Beach al tiempo que muchos sudamericanos pasaban aquí sus vacaciones. Asimismo, durante esa época esta ciudad se convirtió en santuario de tiranos derrotados y líderes latinoamericanos depuestos. La Segunda Guerra Mundial tuvo un gran impacto en el sur de la Florida, pues la Fuerza Aérea y la Marina instalaron ahí enormes bases de entrenamiento. Muchos soldados decidieron permanecer aquí al término del conflicto. Hace apenas tres décadas Miami era una apacible, próspera y amodorrada comunidad vacacional que sólo tenía vida durante el invierno, cuando se veía invadida por miles de turistas que huían del frío. Durante la década de los 50 ejecutivos de la empresa Disney intentaron establecer Disneyworld en Miami, pero las cosas iban tan bien que las autoridades de Miami se dieron el lujo de rechazar las ofertas de Mickey Mouse, quien terminó instalado al norte del estado, en Orlando. Hasta 1954 sólo había en la zona pequeños hoteles familiares, pero ese año se construyó el Fontainebleu, el pri mer hotel que contaba con boutiques de lujo y una variedad de restaurantes. Su aparición tuvo un gran impacto, pues a partir de entonces comenzaron a proliferar los hoteles que ofrecían a sus huéspedes la oportunidad de no tener que salir a calle en lo absoluto. Esto por supuesto afectó a los comercios que vivían del turismo y no podían pagar las altas rentas que se pedían en los locales de los hoteles. El crecimiento era constante y vertiginoso; entre 1954 y 1967 se construía en promedio un nuevo hotel de lujo cada año. Pero la revolución cubana y el exilio de decenas de miles de personas que provocó, fue el factor que transformó a Miami de manera radical. Las necesidades de la gran masa de inmigrados obligaron a que la industria local se modernizara, diversificara y dejara de depender únicamente del turismo y la agricultura. Inicialmente empresarios e inversionistas cubanos crearon comercios y servicios dirigidos especialmente a su comunidad, pero pronto éstos comenzaron a crecer y a ofrecer productos y servicios a un público más amplio. Cuenta la leyenda que los expatriados llegaron sin nada y valiéndose únicamente de su ingenio, dedicación y perseverancia erigieron sobre los pantanos del sur de Florida una rica metrópoli, en menos de 30 años. Si bien es innegable que el espíritu intrépido y aventurero de algunos hombres de negocios cubanos dio brillantes resultados, esta historia es una verdad a medias, pues muchos exiliados (especialmente los de la primera oleada quienes, como todos sabemos, no eran precisamente campesinos u obreros) llegaron con más que la proverbial caja de zapatos, además de que recibieron (y algunos siguen recibiendo) considerable asistencia federal sólo por huir del comunismo. A finales de la década de los 60 el turismo comenzó a cambiar de manera dramática: los vuelos en avión se hicieron populares, por lo que las distancias dejaron de ser la principal limitación de los viajeros; igualmente surgió el concepto del condominio vacacional, el cual resultaba especialmente atractivo para el tipo de turistas más comunes en Miami, es decir, aquellos que pasaban cada año la temporada completa en un solo lugar. Los hoteles de Miami no reaccionaron a tiempo a los cambios de la época, quedaron rezagados con respecto a la oferta de otros mercados turísticos y comenzaron entonces la que sería una larga y tortuosa decadencia. No fue sino hasta 1989 cuando algunos empresarios redescubrieron el potencial de South Beach y planearon convertirlo en una especie de Riviera de la costa este. En extraordinaria sinergia una serie de factores empezaron a afectar simultáneamente la economía regional. Las dos empresas de cruceros más grandes del mundo se mudaron a Miami, más de 400 megacorporaciones multinacionales eligieron a esta ciudad para establecer sus oficinas para América Latina debido a su situación estratégica, las principales compañías de televisión por cable eligieron a Miami como centro de operaciones para conquistar el mercado "latino"; asimismo, Madonna, Stallone, Gloria Estefan, William Clinton, Cristina y otras celebridades lograron desatar una auténtica fiebre de glamour que atrajo a muchos otros ricos y famosos con todo y sus cortes de personal, proveedores de servicios, seguidores y fanáticos. Se afirma que lo que puso a Miami en el mapa de los sitios de moda fue una simple sesión fotográfica, una exitosa campaña promocional de Calvin Klein que llamó la atención de publicistas, scouts de locaciones, modistas, artistas y agentes. Durante 32 años no se construyó un solo hotel en Miami, pero en 1999 abrió sus puertas el nuevo Loews y ese suceso marcó el renacimiento turístico de la ciudad, pues ahora se están construyendo más de una docena de hoteles de lujo que abrirán sus puertas en los primeros años del nuevo milenio. Hoy el turismo sigue siendo el principal motor económico de esta ciudad del sur de Florida. Miami ha sido el principal punto de contacto entre Estados Unidos, el Caribe y América Latina; 58% de la inmensa cantidad de productos (69 mil millones de dólares) que pasan por este puerto viene o va al sur del continente. No obstante, esta ciudad aspira a ser más que un simple punto de embarque y de arribo de mercancías, más que un enlace con los mercados latinoamericanos (como el Mercosur y el TLC) y más que una economía dependiente de la estabilidad financiera de Brasil (cuyo reciente desplome ha tenido serias consecuencias en la economía local), Argentina y Venezuela. Es por eso que, como señala el vicepresidente de comercio internacional de Enterprise Florida, Manuel Mencia, Miami está en camino de volverse una especie de Singapur del Caribe, un Hong Kong de la Unión Americana y una Bruselas del Caribe. Esta urbe anhela convertirse en un poderoso centro financiero a nivel continental; en un virtual compendio de conocimientos, información y servicios; en una cibercapital hiperconectada (actualmente es la segunda ciudad más conectada de Estados Unidos) con un vertiginoso crecimiento en los sectores de alta tecnología, como la simulación computarizada (se espera que en dos años Miami sea el principal centro mundial de simulación aérea), la industria aeroespacial, farmacéutica, electrónica, biomédica e informática. Miami Beach cuenta con un incipiente corredor tecnológico al estilo del Silicon Valley de Nueva York, que se empieza a conocer como Silicon Beach. Miami es un complejo mosaico cultural en donde aparte de las comunidades cubana, anglosajona, haitiana y brasileña hay una impresionante diversidad étnica, lingüística, religiosa y racial. La convivencia relativamente armoniosa de culturas, tradiciones y costumbres es un sorprendente e impredecible caldo de cultivo de ideas. Paralelamente al gran énfasis de cada grupo para proteger su herencia, esta sociedad carente de vínculos de cohesión universales que unan habitantes de diversos orígenes, está fascinada por lo nuevo y lo gigantesco además de que está obsesionada con las posibilidades de lo artificial: la arena de las despampanantes playas es traída de Bermudas; el famoso distrito art de có de South Beach, más que tener algún vínculo con aquel movimiento cultural es una curiosa y heterogénea colección de cerca de 800 extraños edificios (que evocan la arquitectura de la colonia Roma) de la década de los 30 y 40 revitalizados (gracias a la magia de muchos botes de pinturas coloridas) e incluso la mayoría de los cayos de la zona han sido creados por el hombre (algunos son productos secundarios de la construcción de puentes, del puerto y de otras grandes obras). Pero si bien Miami aún está lejos de ser considerada una potencia cultural en términos convencionales, esta ciudad tiene el claro objetivo de convertirse a corto plazo en la capital del entretenimiento de América Latina. Desde 1993 Miami está en proceso de adquirir el estatus de potencia televisiva (compitiendo ferozmente con los sueños expansionistas de Televisa, TVGlobo y el grupo venezolano Cisneros) debido a que más de 37 canales de televisión por cable se han establecido aquí con el objetivo de programar en lengua hispana para el sur del continente. Algunos canales sólo se dedican a doblar series y películas al español, no obstante, otras como MTV Latino, Nickelodeon y Discovery están creando programación original en español para lo que reclutan un pequeño ejército de profesionales, incluyendo actores, animadores, conductores, técnicos y guionistas de diversos orígenes nacionales. Esto, aparte de abrir un productivo mercado y generar empleos, ha dado lugar a un nuevo lenguaje que fusiona diferentes regionalismos y acentos en una especie de lengua neutra e indefinida que ha sustituido en su calidad de "esperanto" hispano al español de las películas mexicanas de la "edad de oro", que durante décadas era lo más parecido a un estándar lingüístico de la cultura popular transamericana. Basta recordar que hasta hace unos años este new-speak o neodialecto nos provocaba risa pero hoy en día nos hemos acostumbrado a sus resonancias indeterminadas e impersonales. Aparte de la televisión, Miami está en camino de convertirse en la meca de la música latina (todas las grandes disqueras tienen ahí sus sedes para América Latina), una puerta de acceso para que los artistas latinos accedan al mercado más grande del mundo y una plataforma para lanzar cantantes y estrellas hacia los mercados del sur. Asimismo, hay quienes auguran que pronto Miami se volverá el Hollywood hispano. Aunque para ser realistas, a pesar de que Miami es la tercera capital cinematográfica del país (después de Los Angeles y Nueva York) y de que anualmente se filman aquí alrededor de cinco grandes producciones, aún falta mucho para que se desarrolle una verdadera industria local. Sin embargo, la empresa Big Time construye un ambicioso estudio (el Ice Palace) que espera ser la primera piedra de un pequeño imperio fílmico que se erigirá en la zona donde estaba situado Over-town, la ciudad donde vivían los negros, quienes no podían pasar la noche en Miami. México ocupa actualmente el decimoctavo lugar en exportaciones a Miami, el decimoquinto en importaciones y no está entre las cinco principales relaciones comerciales latinoamericanas con esta comunidad. Pero el actual gobierno del estado tiene determinado cambiar la situación. La visita a México que esta semana realiza el gobernador de Florida, John Elliot Bush, quien viaja acompañado de un grupo de líderes de la industria y el comercio de su estado, tiene como objetivo incrementar los canales comerciales y los intercambios de todo tipo con nuestro país
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