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primera plana
Francisco Báez Rodríguez
Fernando Mejía Barquera
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Erratas. Las hay en todos lados Marco Levario Turcott
¿Que quién es uno para comentar los errores de otros? Sólo alguien falible que, en esta ocasión, quiere empezar por reconocer los propios. Hace tres ediciones de etcétera escribí, a propósito del registro de los nuevos partidos, que "hay otras cuestiones que la ley necesita contemplar...". Error, me dijo telefónicamente Carlos Castillo López algunos días después: la ley no contempla, ni mira, ni piensa, ni corre; inmisericorde en la corrección, Carlos dijo: "En todo caso, la ley es ciega, ¿no?". –Nosotros lo llamamos sinestesia, me documentó la especialista en lingüística y colaboradora de este semanario, Patricia Córdova: "Dentro de la filología contamos con un catálogo de figuras retóricas que, en ciertos textos, son aceptadas y en otros no. Decir ‘la ley contempla’ es, desde la apreciación filológica, otorgar animación (contemplar) a un objeto inanimado (la ley) y esa es la definición de sinestesia". En rigor, el pasaje descrito no remite al título de este artículo –fue un dislate puro y llano de este articulista–. La correspondencia está en la serie de erratas que, aun escasas, casi nunca faltan en etcétera: nos sucede lo mismo en el cuerpo de los textos que en los pies de fotos o en alguna que otra nota. Nos ha ocurrido también en los anuncios que, por intercambio de publicidad, entregamos a La Crónica de Hoy para su difusión. El más reciente fue cuando escribimos: "Raúl Alvarez Garín, uno de los principales dirigentes de aquel movimiento estudiantil, dice que ahora el Presidente tiene la palabra para que los mexicanos conozcan con presición lo ocurrido" (se publicó el domingo 4 de julio en Crónica). Yo revisé el texto. Erratas hay en todos lados, lo mismo en un anuncio de la Asamblea Legislativa donde se lee dos veces la palabra aprobado con v (publicado en varias revistas la semana antepasada), que en el mensuario Letras libres correspondiente a julio: en un texto de Adolfo Castañón se cita la obra El impulso perdido, de José María Pérez Gay, cuando el título correcto es El imperio perdido, editada por Cal y arena en 1991. (Por cierto, una de las erratas más persistentes que he visto se dio en la desaparecida revista Vuelta, donde durante varios años se leyó en su talón promocional de suscripciones "Espere por favor entre cuatro y seis seamanas para recibir su primer ejemplar". Me hacía gracia, además, la falta de correspondencia entre la amable frase "Espere por favor", con el tiempo que duró la errata y con el tiempo, poco más de un mes, que debía esperar el lector para recibir su primer ejemplar.) Citemos otros tantos errores tomando algunas ediciones recientes de los diarios (el tema es inagotable porque cada día hay decenas de ellos). El viernes 9 de julio en La Jornada hay una nota que da cuenta de un debate entre los senadores reproduciéndose esta línea: "(Eduardo) Andrade pidió que se leyera el artículo II del Cofipe". Error, tal artículo no existe, en todo caso, es muy probable que el legislador se estuviera refiriendo al artículo 2 (así, en número arábigo). Ese mismo día hay un párrafo inentendible, se trata de una declaración atribuida a Juan Rebolledo Gout, subsecretario de Relaciones Exteriores: "El funcionario mencionó que la reunión también permitirá estudiar las peticiones de extradición de México y de Estados Unidos, las listas de los extraditables". Un día antes, en El Heraldo de México encontramos puesto así el título de una nota: "Condena Sarukhán las medidas facistoides de los paristas"; es probable que la s faltante en la palabra fascistoide haya quedado como una letra en espera de ser usada, acaso, para colarse en otra errata. El mismo jueves 8 en El Universal se lee esta frase: "Muñoz Ledo indicó que Pablo Gómez habría reaccionado de ese tono, pero porque un...". Y a propósito del legislador perredista, en la misma fecha, pero en Reforma, se publicaron las líneas: "El diputado aseguró que de acuerdo con los sondeos y encuestas públicas, a dos años de iniciada la gestión de Cárdenas, la obra de Gobierno de la Capital es de las manos aceptadas por los ciudadanos". La palabra correcta es menos. Ese mismo día en Crónica se lee una entrevista con Johnny Laboriel; en un párrafo se lee: "El primero que se empieza ha discriminar es uno mismo; esa es la cosa más gruesa". De la frase puede desprenderse que la cosa más gruesa es que sobró una h
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