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Aguila que cae

Pablo Hiriart

Quizá fue demasiado lapidario el juicio del Washington Post sobre el resultado de las elecciones en el Estado de México, dos días después de los comicios: "Esta es una verdadera patada en el trasero para Cárdenas porque él fue un claro lastre" para el candidato de su partido, Higinio Martínez. Hay mucho de cierto en ello, pero Cárdenas no es el único responsable de la debacle perredista en esa entidad . Cuando menos, no todo lo ocurrido con el PRD ese día en que perdió 651 mil votos: más de 50% de la votación obtenida en la jornada de julio de 1997, es culpa de Cuauhtémoc Cárdenas.

Es verdad que el torrente de votos logrado en el Estado de México hace apenas dos años estuvo influido por el fenómeno Cárdenas. El PRD arrasó en todos los distritos de la capital y contagió de ánimo al Estado de México, donde alcanzó un millón 320 mil sufragios. Sí, Cárdenas tuvo mucho que ver con el éxito perredista en el 97, pero también tiene responsabilidad en la debacle de hace una semana.

El problema de Cárdenas es que sólo le va bien cuando hay devaluaciones y satanizaciones. El efecto de esos dos factores no es eterno. A la hora de gobernar, Cárdenas se entierra solo.

Un par de ejemplos recientes. El día que la ciudad de México se estremeció por un temblor de 6.7 grados Richter, Cárdenas brilló por su ausencia. Su interés parece estar tan distante de la capital que gobierna, que no pasó por su mente la idea de salir a recorrer las zonas más riesgosas de la ciudad. Aunque no hubiera pasado nada más allá del susto y unas cuantas láminas viejas en el suelo, su presencia era elemental. Ni siquiera tuvo la iniciativa de darse una vuelta en helicóptero para constatar que todo estuviese en orden. O para que la gente se sintiera acompañada de su autoridad.

La prensa que lo protege ocultó el desinterés del jefe de gobierno. Su lejanía es evidente y la gente lo percibe. Qué habrán sentido los votantes de Cárdenas en Tláhuac, donde se desgajó un cerro, o en las colonias Morelos y Guerrero que hasta las 11 de la noche no se atrevían a entrar a sus casas porque hubo cuarteaduras e inclinaciones de edificios. Qué habrán sentido al oír esa noche al líder del PRD en la ALDF, Martí Batres, que encabezaba una reunión muy importante, pero no para tratar los sucesos del día, sino para manifestar a Cárdenas el apoyo de los asambleístas a su candidatura presidencial: es un político "honesto, cabal, comprometido, sensible y que le ha cumplido a los capitalinos".

El domingo 4, día de las elecciones en el Estado de México y Nayarit, también se realizaron en el DF los comicios para elegir representantes vecinales. Era su tarea crear las condiciones para que la ciudadanía acudiera a las urnas. ¿Qué pasó? La abstención bordó el 95%.

Los miembros del Instituto Electoral del DF se quejan de que el gobierno de Cárdenas les recortó los recursos hasta prácticamente nulificar cualquier esfuerzo de difusión de los comicios. ¿Qué hizo, en qué apoyó el gobierno local para la realización de las elecciones en el DF?

Ese domingo Cárdenas recorrió la delegación Azcapotzalco, pero no para promover los comicios vecinales, sino para promover su candidatura presidencial. En fin, todo eso más el caos en seguridad pública, en infraestructura urbana, en nombramientos, adquisiciones y demás rubros del gobierno capitalino, pudieron haber jugado un papel en la debacle perredista en el Estado de México.

Los mexiquenses que viajan diariamente al DF no han encontrado en la administración de Cárdenas nada envidiable. Por eso, quizá, tiene razón The Washington Post al afirmar que la caída del PRD en el Estado de México es un rechazo a la gestión de Cárdenas en la capital.

Pero hay algo más grave para ellos: la incapacidad de los perredistas para gobernar. En los municipios donde gobierna el PRD en el Estado de México, el desplome de su votación fue espectacular. Y eso no puede ser culpa de Cárdenas. Un buen desempeño de los ediles perredistas pudo haber amortiguado el "efecto Cárdenas", pero no fue así. Salvo que éste sea demoledor


Pablo Hiriart es director general del periódico Crónica.

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