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La tragedia de Serfin Una nueva generación de… rescates Ricardo Becerra
Es el siguiente capítulo de la crisis bancaria mexicana: el jueves 8 de julio, el Estado, a través del Instituto de Protección al Ahorro Bancario (IPAB) realizó una operación doble: se asume que las acciones de Serfin no tienen valor e inyecta 13 mil millones de pesos para que el banco siga operando, se reestructure y quede luego en condiciones de ser vendido. El hecho es emblemático: Banca Serfin es nieto del célebre Banco de Londres, México y Sudamérica, el más antiguo de México y orgullo de Limantur; más recientemente, en los años 60 y 70, fue símbolo de la pujante clase empresarial de Monterrey y competidor desafiante de los gigantes Bancomer y Banamex. Su historia ilustra muy bien una parte nuclear del drama bancario mexicano: nacionalizado, fue entregado a una pésima administración; prestó de modo imprudente; por decisión política compró bonos de escaso valor (los carreteros, por ejemplo) y luego, una vez privatizado, fue puesto en manos de una operadora de bolsa que se había distinguido por su agresividad pero no por su sensatez. El banco entró alegremente al festín crediticio de 1993-1994, siguió prestando sin el debido respaldo, mucho más de los recursos que estaba captando. Luego vino la crisis de 1994 y la situación empeoró: sus tasas de interés subieron de 15.2 a 109.7% en marzo de 1995. En tales condiciones, cientos de miles de deudores ya no pudieron pagar. Así, desde 1993, Serfin duplicó la cantidad de dinero que no pudo cobrar para llegar en 1999 a diez mil millones de pesos: la institución había entrado en bancarrota. Los dueños de ese banco han hecho el peor negocio de sus vidas: desde que fue privatizado esos señores inyectaron mil 621 millones de dólares; el saldo, luego de sus infinitos problemas administrativos, hacen valer sus acciones sólo 220 millones de dólares. Es decir, si se invirtieron diez billetes verdes en Serfin, ahora sólo se tienen 1.3 dólares. Lo peor es que, en esas condiciones, ¿quién querrá comprar al banco? Por eso ha sido intervenido. Se trata de que los que tienen sus ahorros en Serfin estén respaldados y de realizar un ajuste interno para luego poner al banco en venta. A su vez, todos los dueños (son 20 los más importantes) tienen que poner a disposición de la autoridad sus acciones y es ella (el IPAB) la encargada de sumar lo que haga falta para crear la reserva de capital exigida de 13 mil millones de pesos. Todo esto significa que la crisis bancaria no ha terminado. En puerta están los casos de Bancrecer, Promex y Banco del Atlántico. Que México va a seguir pagando el costo de unas instituciones que no han sabido cumplir su papel: captar dinero y canalizarlo a la inversión productiva. Significa que el saneamiento de la banca ya le costó al Estado mexicano 780 mil millones de pesos (6.5 veces más de lo que recibió por venderla). Que estamos ante un nuevo episodio de uno de los problemas más agudos de nuestro país: la fragilidad de su banca. Y significa que sigue latente un riesgo mayor, para la economía y la estabilidad de México en los años por venir
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