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el navegante
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El verdadero virus Naief Yehya
Hace menos de una década la red digital era el medio de comunicación menos comercial, menos censurado y más libre del planeta. Inconformes, escépticos y radicales de todas las orientaciones recurrían a las comunicaciones digitales para eludir el control corporativo y estatal. Hoy la red sigue siendo una fuente inagotable de información provocadora pero, paradójicamente, en el área más popular y transitada de Internet, el World Wide Web, contenido y publicidad se encuentran peligrosamente confundidos y en proceso de fusionarse hasta volverse indiferenciables. El ejemplo más obvio son los search engines o servicios de búsqueda en línea, como Yahoo, Excite y Lycos, los cuales invariablemente posicionan de manera privilegiada los sitios de sus anunciantes cada vez que es pertinente en una búsqueda. Asimismo siempre tratan de conducir al navegante hacia los sitios que favorecen, independientemente de que cumplan cabalmente con los criterios de búsqueda. Por supuesto que los buscadores –salvo Goto.com– no reconocen estar influenciados por nadie. Estos sitios, especialmente los más grandes, se han convertido en portales de la red que ofrecen diversos servicios a través de su personal y de numerosas empresas patrocinadoras o con las que tienen acuerdos y vínculos. En general se ha vuelto una norma aceptable que si uno busca cámaras, por ejemplo, aparezcan links de vendedores de artículos fotográficos, así como libros de foto y demás productos e información relacionados con el tema. Otra cosa muy diferente es que el contenido de un artículo sobre fotografía sea en realidad un anuncio disfrazado. Pero los search engines están lejos de ser los únicos sitios que invitan al navegante a visitar páginas específicas o a consumir una diversidad de productos. Uno de los mejores ejemplos es la exitosa librería virtual Amazon.com, la cual ha tenido gran éxito, en parte, debido a una amplia sección de crítica literaria de los lectores, así como de profesionales y del personal de la empresa. No obstante, Amazon promociona sin el menor pudor libros en seudocríticas extremadamente positivas que han sido pagadas por las editoriales. Cada día menos gente hace clic en los omnipresentes anuncios rectangulares o banners (este año el número de visitas se redujo a menos de la mitad del año pasado), por lo que los ingresos sólo son percibidos por la venta de anuncios y de productos. Debido a esto los sitios recurren a métodos de promoción cada día más agresivos y en ocasiones éticamente cuestionables, como es vender sus espacios editoriales. La influencia comercial en el contenido está presente en recomendaciones de restaurantes, hoteles, agencias de viajes, sitios porno, medicamentos, aparatos electrónicos y artículos deportivos. Algunos sitios han establecido extrañas políticas éticas para tratar de mostrarse imparciales y ganar dinero a la vez, algunas, por ejemplo, recomiendan los productos que efectivamente consideran mejores pero sólo con las tiendas que les compran anuncios. La realidad es que hay demasiado dinero invertido en la red y ésta no genera mucho dinero, por lo que en Internet casi nadie piensa a largo plazo, pocos consideran importante la higiene editorial, la independencia periodística y no tratan de establecer una separación clara entre productos de consumo e ideas. Esto dará lugar, posiblemente, a una reacción anticomercial en un futuro cercano que podrá representar una purificación de la red, pero es más probable que se traduzca en censura y restricciones
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